Esteban Soto, la marcha de un opita destinado a ser atleta

Esteban Soto brilló y se robó las miradas en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. El colombiano finalizó en el noveno lugar de la prueba de marcha de 20 kilómetros con tan solo 22 años, peropara entender sus logros hay que conocer su historia, que empezó en Pitalito, Huila.

También puedes leer: Los Juegos Bolivarianos en 10 datos

El comienzo del camino

Soto inició su camino hacia la élite del atletismo cuando tenía nueve años. El huilense llegó al mundo de la marcha por su padre, Carlos Soto, quien fue atleta del departamento, pero por falta de apoyo no pudo continuar, según recuerda el atleta opita.

“Él (Carlos) fue la persona que me inició, que me incentivó. Después me tomó a cargo Eduar Chilito, que fue mi formador. Él me vio las condiciones para ser marchista”, cuenta Soto.

Esteban empezó a competir en las categorías infantiles en donde fue campeón nacional varias veces. Luego ascendió a la categoría juvenil y menores, en donde Fernando Rozo, en esa época entrenador de la selección Colombia de marcha, lo vio junto a su compañero y amigo, Éider Arévalo.

Nos vio la capacidad y quería que estuviéramos en Bogotá entrenando porque podíamos ser unos buenos marchistas. Nos vinimos a Bogotá a entrenar, terminar los estudios y a empezar un nuevo proceso en la Liga de Bogotá”, relata el marchista colombiano.

De Rozo, Esteban lo recuerda como su segundo padre. El entrenador, que murió en 2012, lo acogió y lo entrenó con disciplina y tenacidad. “Se convierte en mi papá adoptivo en Bogotá. Es esa persona que me forjó y moldeó, me creó el carácter como deportista. Todos los días me decía: ‘no hay nadie mejor que nosotros, no existe un chino o un ruso que sea mejor que nosotros. Usted va a ser campeón olímpico y métase eso en la cabeza, porque va a llegar y lo va a ser, punto’”, cuenta el opita.

 

Más que un amigo, un hermano

Éider Arévalo no es solo el compañero de Esteban Soto, para él es como un hermano, que la marcha le dio. Desde que estaban en Pitalito, Huila, entrenaban juntos. Un pueblo al sur del departamento con tan solo 118.677 habitantes vio crecer a dos de los mejores marchistas del país, en la actualidad.

“Sueño con un uno-dos en los Juegos Olímpicos o en un Mundial de Atletismo. Lo venimos trabajando desde Río 2016, pero no se nos dieron las cosas. Seguimos con la ilusión de hacer oro y plata”, revela Soto.

Esteban también añade que “en estos momentos somos los dos mejores de Colombia y de los mejores del mundo. Lo que alguna vez hablamos con Chilito y con Rozo, pensábamos en hacer un buen papel en Mundiales y Juegos Olímpicos. Trabajamos para eso, se están viendo los resultados”.

 

De Río 2016 a Santa Marta 2017

Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 marcaron la primera experiencia en mayores de Esteban. El balance fue bueno tras ser noveno en la prueba de los 20 kilómetros de marcha.

“Me metí primero en mi ranking y conseguí cupo para los Juegos Olímpicos. La meta era clara: una medalla”, afirma el atleta opita, que se prepara para los Juegos Bolivarianos.

 Esteban está encaminado a representar de buena forma al país y sabe que este reto es el inicio de la ruta, que lo llevará a los Juegos Olímpicos 2020. “Aquí inicio mi ciclo olímpico. Quiero estar en el pódium, ser figura y más que estamos de local en el país”, afirma.