Magali Vergara, la mujer que detuvo el tiempo con las manos

Cinco segundos en el reloj, marcador 3-2 a favor de Colombia y el balón llega a las manos de Magali Vergara, la arquera de la selección nacional femenina de micro. En ese momento el tiempo se detuvo en el Coliseo Luis Fernando Castellanos de Barrancabermeja.

“No voy a olvidar los últimos cinco segundos. Tenía la pelota, el saque demoraba cinco segundos y eso era lo que faltaba para ser campeonas”, dice con entusiasmo la arquera vallecaucana mientras recuerda el hito deportivo conseguido hace cuatro años.

Magali recordó todos los esfuerzos hechos: alejarse de su familia para jugar partidos, los viajes, no poder compartir con sus amigos, las tardes de salir corriendo de estudiar para no llegar tarde a los entrenamientos, las finales jugadas en la Copa Profesional de Microfútbol y las pocas veces que se fue caminando. “Había ganado cosas, pero ganar un mundial es algo que siempre quedara”, señala la portera del club Caciques de Quindío.

Pitazo inicial

La portera vallecaucana comenzó en el deporte en unos Juegos Municipales en Cali: “Participé con un equipo de la Comuna 13 del barrio El Diamante. Llegamos a la final, nos vieron jugar y fuimos a probarnos en el Club Cali Juniors. Ahí se empezaron a abrir las puertas en el fútbol de salón. Le cogí demasiado amor al deporte y poco a poco conseguí estar en donde estoy”.

Magali recuerda que llegó al arco porque “era la más ‘altota’ del grupo que jugábamos” y sus compañeras “escogieron que fuera la portera”.

“Me gustó y me quedé ahí. Me siento cómoda y me divierto. Lo mejor es cuando se hacen las cosas bien, cuando tus compañeras te hacen saber que confían en ti. Lo malo es ‘cagarla’ porque la responsabilidad va solo en vos”, dice la campeona del mundo.

Entretiempo

La guardameta vallecaucana cuenta que el día de la final en Barrancabermeja “fue el partido más importante de toda mi carrera deportiva” y se acuerda que cuando llegaron al Coliseo, “estaba lleno, no cabía nadie más”.

“Ver cómo nos apoyaban nos llenó de alegría y al rival eso lo asustó un poco. Ese fue el día que más miedo he sentido. Fue superespecial. Pasé del nerviosismo a la celebración del título, y a compartir con todo el pueblo”.

El partido no fue fácil y más cuando Venezuela se fue arriba en el marcador: “Fue emocionante, lleno de tristezas y alegrías porque empezamos perdiendo. Se iba apagando la ilusión, pero después conseguimos remontar. Nunca lo voy a olvidar, nunca”.

La gesta se consiguió con los goles de Andrea Garzón, Shandira Wright y Paula Botero. Los segundos en el reloj se iban agotando y cuando la pelota cayó en las manos de la arquera con la valla menos vencida del torneo, Magali Vergara, “la cara de todas era de felicidad, ya las del banco estaban celebrando. Empecé a contar hasta cinco y cuando acabé, lancé el balón hacia arriba”.

¡Campeonas, campeonas!

Ahí todo fue júbilo. El Coliseo estalló en emoción y las jugadoras gritaron de alegría: “Lo primero que hicimos fue darle gracias a Dios porque sin él no podríamos haberle dado una alegría a todo el país. Muchos piensan que este deporte no es importante, pero la gente nos ha hecho saber que este deporte es súper importante para Colombia. El Micro le ha dado muchos títulos a nuestro país”.

Después llegó el momento del carro de bomberos y el recorrido por Barrancabermeja, que como recuerda Magali “fue algo de locos, que ninguna había vivido”. La portera afirma que “no se alcanzaba a ver los carros, la gente nos lanzaba banderas para que las firmáramos. Se paralizó Barrancabermeja por unos minutos”. Todo esto a cuenta de un grupo de mujeres que habían conseguido llevar a Colombia a lo más alto del microfútbol femenino a nivel orbital.

“Nos hicieron sentir como las mejores, fue algo único. Lo que sentí ese día, nunca lo había sentido. Fue algo mágico, que cada una tendrá en su memoria por siempre. No creíamos lo que habíamos logrado, lo que estaba pasando en ese momento”, añade la vallecaucana.

Una amistad dentro y fuera de la cancha

La portera de la selección Colombia no solo le da pases a Shandira Wright, sino que comparten una amistad. Ambas jugadoras comparten habitación en las concentraciones de la selección Colombia y como dice Magali son “las más cansonas del grupo” y siempre se ríen y demuestran “la felicidad de estar en la selección y jugar este deporte”.

A Shandira la conocí porque jugamos en contra la final del profesional de 2012. Ahí la vi jugar. Para ese año hicieron una convocatoria para un torneo en Venezuela. Nos convocaron, empezamos a hablar y me habló de Heroínas de Tunja. Me interesó, me fui a vivir a Tunja y duré tres años allá. Nos hicimos muy buenas compañeros, ahí nació la amistad. A pesar de que duramos mucho tiempo sin vernos, nos hablamos, nos vemos, a veces viajamos. Desde que estamos en la selección hemos compartido la misma habitación”, explica la arquera de 24 años.

La caleña define a Shandira como “una jugadora diferente en este deporte en Colombia y está llena de talento” y afirma sin titubear que “en los partidos más difíciles siempre está ahí, se echa el equipo al hombro y es una de las más responsables y con más ganas”.

 

Magali y Shandira seguirán defendiendo los colores de la selección Colombia y buscando deleitar las miradas de los amantes del deporte, en especial del micro, en los coliseos del país. No olvides que #EllasJueganXSeñal.