Pantano, el rutero que también se ha destacado en la pista

Otro casco, otras zapatillas y otra bicicleta por poco lo hacen pasar desapercibido.

- Vamos que eso te sirve.

- Andá que eso te da más técnica.

- Creéme. Te irá mejor en la ruta.

Las palabras de José Gabriel Pantano a su hijo hace 16 años cuando lo llevó por primera vez a la pista para que Carlos Serna, un empírico hecho a punta de caídas, le enseñara cómo sortear los peraltes. Primero le prestó una ‘bici’ roja, bastante delgada y puntera. Después le dijo que se pegara a su rueda para llevarlo de arriba abajo. “Yo vi eso todo inclinado y  claro, qué susto tan berraco”. Como en cámara lenta, Jarlinson aprendió a frenar con sus piernas, a aumentar la velocidad en las rectas y a confiar en la segunda ley de Newton que lo mantenía en pie así su cuerpo estuviera inclinado hasta el punto de rozar la madera.

La habilidad aumentó y por ende la confianza. Un poco de jerarquía y un toque indispensable de anarquía lo llevaron a competir en la categoría prejuvenil cuando era de la infantil. “Claro que me daban permiso de cambiarme”. La sonrisa que acompaña esta declaración genera dudas. Su progreso lo llevó a cruzarse en la selección juvenil de Colombia con otro rutero, antioqueño él, bastante talentoso para la pista e igual de extrovertido. De inmediato, una afinidad casi química con un compañero que en vez de llamarlo por su nombre le decía ‘país’.

En julio de 2005, Pantano y Rigoberto Urán viajaron a Barquisimeto, Venezuela, para participar en el Panamericano juvenil de pista. El entrenador de ese entonces: Luis Fernando Saldarriaga, un hombre temperamental pero con una clarividencia única para descubrir nuevos talentos. “Siempre compartía cuarto con Rigo. Eso era una molestadera a toda hora. No hacíamos sino tirar risa”. Uno era mejor que el otro y juntos eran invensibles. Y así lo entendió Saldarriaga.

-Jarlinson, vas con Rigo en la madison. Yo veré, a meterla toda.

- Listo, profe.

Esa amistad, con toques de hermandad, se vio reflejada en el velódromo Héctor Alvarado. Durante los 32 kilómetros de competencia, Pantano y Urán fueron tan rápidos que alcanzaron un promedio de velocidad de 40.8 km/h. “Tranquilo, ‘país’. Yo te empujo con todas mis fuerzas. Vos hacés lo mismo y verás que ganamos”. Sumaron 16 puntos y lograron la medalla de oro por encima de Josvan Rojas y Tomás Teresen, de Venezuela, y de Carlos Carrasco y José Aguirre de México. Fue la cuarta presea para la delegación nacional y la primera para ellos en un evento que reunía a los mejores pisteros del continente.

Pero ese apoyo de Urán trascendió la competencia. Unos años después, en una Vuelta a la Juventud en Venezuela, ambos tuvieron que dormir en una habitación con un gran ventanal que daba a un cementerio. El ruido de sillas moviéndose y de puertas abriéndose bruscamente despertó a Jarlinson a la una de la mañana.

-Rigo, ¿escuchaste eso?

-Sí, ‘país’. Vamos y miramos.

En la sala contigua todo estaba organizado, todo estaba en su lugar. “Pensé que eran los compañeros jugándonos una broma pero cuando fui a verlos, ‘foqueados’. Yo, cagado del susto. Urán, cagado de la risa. Ese man es bien machito pa’ eso”. Rigoberto lo dejó dormir en su cama y le dijo que cualquier cosa que pasara él sería el primero en poner el pecho. La vida lo había entrenado para soportar lo insoportable y para no temerle a los vivos, mucho menos a los muertos.

***

En el 2015, Jarlinson Pantano representó al Valle en los Juegos Nacionales en donde consiguió un bronce en la persecución masculina por equipos. “Y por el Valle del Cauca estarán Dalivier Ospina, Sebastián Arango, Juan Martín Mesa y Jarlinson Pantano”, sonó por el altoparlante del velódromo Alcides Nieto Patiño. “¿Será el Pantano del IAM Cycling, (su equipo hasta 2016)”, se preguntó un espectador. Y sí, efectivamente era él, el corredor que ganó la etapa 15 del Tour de Francia 2016, un deportista que brilla en la ruta, pero que gracias a la pista obtuvo herramientas para ser uno de los mejores embaladores de nuestro país.  

Foto: Página de Facebook Trek-Segafredo.