Los retos del periodismo colombiano en el siglo XX

El periodismo ha acompañado los grandes cambios del mundo, pero, de la misma manera, el periodismo ha vivido en su esencia grandes cambios que han redefinido el ejercicio de la comunicación y la información: nuevos formatos, nuevos medios, nuevos canales, nuevas formas de consumo y sobre todo, nuevas dinámicas y retos, han marcado el derrotero de esta ciencia humana.

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¿Pero por qué estamos hablando de esto?, resulta que llega a nuestra pantalla el documental “El hombre detrás de la noticia”, una producción que retrata la vida del periodista Enrique Santos Castillo, una persona cuyo nombre está íntimamente ligado al del desarrollo del periodismo colombiano pues fue el responsable de dirigir las riendas del periódico El Tiempo durante casi cinco décadas, enfrentando grandes retos, no solo desde la realidad convulsa del país que debió retratar en las páginas de su diario, sino también desde las exigencias del mismo ejercicio periodístico.

El hombre detrás de la noticia

8 de octubre 9:00 p.m.

Por esta razón, quisimos preguntarnos sobre esas dificultades que representaba hacer periodismo en el siglo XX, como abrebocas a lo que encontrarás cuando veas la producción de la que te hablamos.


Estos eran, entonces, los grandes retos del periodismo:

 

La chiva, antes que nada

En el siglo pasado, la competencia entre los medios estaba dada por quién tuviera más “chivas”. Por si no lo sabes, la chiva es definida en el Diccionario de Colombianismos de Alario di Filippo como “noticia sensacional, primicia informativa”.

Ese afán de la primicia, de tener antes que el medio contendor el suceso del momento, fue el campo de batalla sobre el que los periodistas del siglo pasado construyeron el ejercicio de la comunicación. Sin embargo, no todos, ni siempre, vivieron bajo esa premisa.

Grandes nombres del periodismo como Gabriel García Márquez o Germán Castro Caycedo, criticaron en su momento la búsqueda de la chiva como prioridad del medio. En una charla con El Espectador, Castro Caycedo fue contundente al decir que “la chiva es la prostitución del periodismo” y agregó “no se trata de decirlo primero, se trata de decirlo bien”.

A su turno, Gabo en una charla con el diario argentino Página 12, coincidió con Castro Caycedo diciendo que lo principal es el fondo, más que la inmediatez y sentenció que “la chiva atenta contra la calidad del periodismo”.

En contraparte, otros grandes nombres como el mismísimo Enrique Santos Castillo, no concibían el periodismo desligado de la dichosa primicia: “¿Qué sería de mi vida sin las chivas? No puedo ni imaginarlo”, cuentan que solía decir quien fuera por 50 años director del medio impreso más grande y relevante del país.

Esa misma corriente es apoyada por Alejandro Santos, nieto de Santos Castillo y director de la Revista Semana que, en entrevista con el diario El Espectador, afirmó que “La chiva es el impulso vital de los medios”.
Sin embargo, más que decir si una u otra posición es correcta, lo que sí está claro es que durante el siglo pasado, la dichosa chiva fue un reto, pues para alcanzarla había que tener más conexiones que el medio rival, un equipo de trabajo más rápido y preparado para responder a las contingencias que una novedad pudiera conllevar y sobre todo, la capacidad de responder en caso de una equivocación al salir con un achiva.

La consecución de esas chivas estaba íntimamente ligada al segundo reto que abordaremos: el manejo de fuentes.

 

Manejo de fuentes, la base de todo

Uno de los más grandes retos del periodismo del siglo pasado (y del de hoy también) fue sin lugar a dudas el manejo de las fuentes. Se decía en aquel entonces en las redacciones que un periodista solo podía ser tan bueno como sus fuentes, medidas estas en cantidad y calidad.

Sin embargo, el contar con personas que entreguen información oportuna y confiable resulta un problema de gran profundidad. Una investigación del Proyecto Antonio Nariño, dirigido por la periodista Juanita León en 2004, titulada ‘La relación de los periodistas y sus fuentes”, explica con claridad la real problemática que este recurso contenía en su esencia: “La relación con las fuentes es complicada: los periodistas usan a sus fuentes pero a la vez son manipulados por ellas. Lo clave es darse cuenta a tiempo cuándo está uno al servicio de ellas”.

Pero además, existen otras dificultades relacionadas con el manejo de las fuentes: ¿Cómo acceder a ellas?, ¿cómo definir quién puede servir de fuente?, ¿cuál es el compromiso que adquiere un periodista con sus fuentes? o ¿qué tan independiente puede llegar a ser un periodista de sus fuentes?

Como puedes ver, tener acceso a la información resultaba todo un reto (y aún hoy sigue siendo realmente retador), porque muchos redactores basaban entonces su labor diaria en la información que obtenían a través de sus fuentes pero, ¿qué pasaba cuando ninguna de las fuentes tenía información valiosa o verificable?

Al respecto, la periodista María Teresa Ronderos, en el manual ‘Cómo hacer periodismo’, dice que “es necesario diseñar una estrategia que le permita al redactor realizar su trabajo sin depender exclusivamente de las fuentes o de la eventualidad de una tragedia natural”.

Pero los retos no se acababan cuando se contaba con una base de fuentes confiables, de hecho era ahí donde aparecía una nueva dificultad: ¿Cómo definir qué es realmente noticioso?

 

El olfato periodístico, la herramienta primigenia

Mario Maraboto, periodista de Forbes México, dice que “un buen periodista desarrolla habilidades para saber qué es y qué no es noticia o para “hacer la noticia” a partir de un evento. Sabe cómo conseguir información, cómo estructurar todos los datos que va obteniendo, cómo entrevistar a los actores involucrados y, finalmente, cómo ordenar todos estos elementos para lograr una redacción que “atrape” al lector o al radio o televidente. Dicen que para trabajar una nota bien, hay que empezar pensando bien”.

Ese inicio acertado del que habla Marabota no es otra cosa que el famoso “olfato periodístico”, algo que Enrique Santos Castillo tenía como firma de su ejercicio. Quienes lo conocieron o trabajaron con él decían que podía saber por dónde, cómo y cuándo llegaría una noticia. “Era un periodista con una enorme capacidad para encontrar noticias (...) era un verdadero maestro” decía sobre el afamado director de El Tiempo el columnista, autor y periodista Daniel Samper Pizano.

Pero ¿cuál es el reto con el tal olfato periodístico?, en un país convulso como la Colombia del siglo XX, donde las noticias brotaban profusamente día tras día, tener periodistas que distinguieran dentro del “matorral” de sucesos, aquellos a los que además de informar había que dedicar especial atención, resultaba una necesidad prioritaria para cualquier medio.

En aquella época, los diarios y demás medios desarrollaron una estrategia para hacer frente a esta dificultad. Según recuerda Maraboto: “Se hacían pasando por todos los niveles de la profesión empezando como ayudantes o “hueso” de la redacción, lo que les permitía conocer todas las áreas, desde la Dirección hasta los talleres de impresión, llenándose materialmente de tinta las manos y de ahí empezaban sus pininos hasta convertirse en reporteros”.

De esta manera, cuando un reportero llegaba al ejercicio del periodismo en el día a día, ya sabía dónde buscar y cómo abordar las noticias.

Después de esto, venía el último gran reto del periodismo del siglo pasado: la muy nombrada imparcialidad.

 

Imparcialidad, un asunto de todos

“El comentario es libre, pero los hechos son sagrados”. Esta frase la dijo en 1921, el entonces editor general del diario inglés ‘The Manchester Guardian’, Charles Prestwich Scott.

Esa frase apoyaba el paradigma de la mentada ‘imparcialidad’ que desde finales del siglo XIX promovió la prensa liberal burguesa como principio indeleble del periodismo. Pero, ¿podía un medio ser imparcial en una realidad social y política como la colombiana del siglo pasado?

¿El reto de la imparcialidad podía creerse en una realidad donde algunos medios tenían filiaciones políticas ex profeso?, para Javier Dario Restrepo, “en la doctrina de la objetividad hay más teoría que realidad”.

Asimismo, el periodista también señala que “esa ilusión de objetividad desaparece cuando intervienen las inevitables tomas de posición, implicadas en la decisión entre varios hechos que pueden ser convertidos en noticia: ¿Cubren y cuáles se silencian?”.

Esa búsqueda de la imparcialidad, más allá de su validez o no, fue un reto que los medios se impusieron a sí mismos, buscando documentar de la manera más acertada y veraz las realidades del país. Si lo lograron o no, ya es arena de otro costal.

Como puedes ver, el ejercicio del periodismo en el siglo pasado, lejos estuvo de poder ser siquiera fácil. Retos y problemas no faltaron y a estos se sumaron las realidades y sucesos que afrontó el país en el mismo tiempo.

Si quieres ver más sobre la forma en que los medios vivieron toda esta época a través de un testigo privilegiado, no puedes perderte ‘El hombre detrás de la noticia’, este domingo 8 de octubre a las 9:00 p.m.