¿Porque te quiero, te aporrio?

Fotos: Detrás de cámaras de 'Buscando al animal'

Por: Sherly Montaguth

‘Buscando el animal’, el documental detrás del filme de Víctor Gaviria más que un relato de producción, es una colección de testimonios de mujeres víctimas de violencia doméstica. Relatos duros. Duros de escuchar. Duros de imaginar. Relatos duros que dejan ver sólo una parte de todo lo que puede comprender las dinámicas de violencia dentro de un hogar.

Usualmente se asocia a la violencia doméstica solo con el maltrato físico de la pareja o incluso el homicidio, pero antes de llegar a ese punto hay todo un camino que recorre el abusador y su víctima; ambos caminos exponen señales de alarma que deben tomarse en cuenta y que son consideradas como violentas.

 

Entonces, ¿qué es la violencia doméstica?

Básicamente, es un patrón de comportamientos abusivos y amenazantes que se pueden presentar en relaciones de pareja o familiares.

El controlar, ejercer coerción, amenazar, degradar, tener explosiones de violencia y el abuso sexual son algunos de los comportamientos que se pueden dar en un contexto de violencia doméstica. Usualmente se presenta más de uno y en la gran mayoría de los casos es experimentado por mujeres y perpetuado por hombres.

La violencia doméstica, por supuesto, es un ciclo que lidera el abusador: primero comete el abuso, después siente culpa pero no por lo que hizo sino por las consecuencias; después vienen las excusas en las que usualmente no se responsabiliza por lo que hizo. Sigue con un comportamiento normal, como si nada hubiese pasado, para luego dedicarle tiempo a la fantasía de volver a abusar de su víctima, para luego empezar la maquinación del plan que convertirá esa fantasía en realidad.

 

¿Cuáles son las formas de violencia doméstica?

Meter miedo es lo que no falta en la violencia doméstica porque representa la mejor manera de ejercer control sobre la víctima. Infundir miedo se logra con algo tan sencillo como un gesto hasta ser dueño de un arma, así no se use.

Intimidar con una actitud muy hostil. Un abusador puede intimidar de diversas maneras, con una muy mala mirada o con gritos, rompiendo cosas, tirando puertas, acosando con llamadas o a través de medios digitales y también persiguiendo a la víctima de un lado a otro.

Pasarse con las palabras porque las palabras también son armas que hieren. Hacer uso de gritos, malas palabras, humillaciones, apodos y cualquier otro recurso para ridiculizar son maneras de maltratar a una persona.

¿Se le va la mano? ¿Solo puños? Piénsalo dos veces. Si en medio de una discusión el abusador empuja, cachetea, avienta cosas, hala el pelo, arrastra, e incluso hace uso de lo que encuentre para golpear: es abuso físico. Este representa una de las formas de violencia más peligrosas porque puede causar heridas permanentes o, en algunos casos, la propia muerte.

Existe el abuso emocional y aunque aparentemente no es tan peligroso como el abuso físico, es igual o más doloroso. Sus efectos pueden no sanar nunca. Degradar a la víctima para atacar directamente su autoestima y la confianza en sí misma es maltrato emocional. El abusador, incluso, puede usar la manipulación y las amenazas de violencia física para desestabilizar emocionalmente a la víctima.

También hay abuso social, mejor dicho, ¿todos los amigos son malos? ¿La familia también? Aislar a la víctima y cortarle sus vínculos sociales es una de las formas de abuso. También lo es abusar de ella verbal, física o emocionalmente en público, en frente de quienes hacen parte de círculo social o en frente de perfectos extraños. Esta estrategia le sirve al abusador para que la víctima no tenga a quién recurrir para pedir ayuda o apoyo.

Y existe el abuso financiero... Si todo lo que tenga que ver con las finanzas es responsabilidad del abusador es fácil entonces que la víctima dependa totalmente de él, económicamente hablando. Ser el único que gana dinero y el único que toma las decisiones del manejo de la plata en el hogar le facilita al abusador el obligar a la víctima a pedirle cualquier peso y a darle cuentas de en qué se lo gastó.

Sexo a la mala implica que cualquier avance sexual no deseado es abuso. Desde el contacto hasta la violación. También es abuso sexual el someter a actos sexuales que puedan ser humillantes o dolorosos, violar con otros objetos, obligar a tener sexo con terceros, y causar heridas en los órganos sexuales.

Apretar la correa con comportamientos controladores son claves en la violencia doméstica. Tener la última palabra en cómo se viste la víctima, cómo se expresa, a quién le habla y a quién no, cuánta plata puede portar, si puede trabajar o no y en dónde, e incluso controlar si come o no.

Quitar el credo de la boca se incluye porque el abuso puede llegar al ámbito espiritual. Atacar a la víctima por sus creencias y prohibirle practicar libremente su religión en casa o en su grupo también es abuso.

Ser el ex loco porque la violencia obviamente no respeta la ruptura. Un abusador en aparente “tusa” puede continuar con sus patrones violentos después de la separación y puede ser incluso más peligroso, porque en ese punto siente la pérdida de control sobre su víctima.

¿Stalker? El “stalkeo”, como se le conoce en el mundo digital, también es muy real en la vida 1.0 y se llama acoso. Perseguir a la víctima durante la relación o después de la separación se puede convertir en todo un pasatiempo para el abusador. El acoso puede incluir llamadas insistentes, ataques cibernéticos, decenas de mensajes, cartas, regalos, perseguidas por la calle, apariciones espontáneas en el trabajo o en sitios que visita la víctima usualmente.

Pasar a “mejor vida” puede ser el remate, la culminación de la serie de abusos. Es importante no ignorar ninguna de las señales de abuso, por pequeñas que sean. Desafortunadamente existen los llamados “crímenes pasionales”, en los que el abusador acaba con la vida de su víctima en uno de sus arranques violentos.

 

¿Cómo está el panorama en Colombia?

Cada vez más mujeres se presentan a denunciar a sus abusadores, pero falta mucho camino por recorrer y los números siguen siendo altos: 120.154 denuncias en 2016. Según datos de la Fiscalía, es el tercer delito de mayor ocurrencia el año pasado cerró con un incremento del 16% en Colombia.

La Fiscalía también da una mirada discreta hacia los motivos detrás de más de la mitad de las agresiones intrafamiliares; la mayoría se dan por infidelidades, celos y el consumo de alcohol.

Las cifras también confirman lo que el sentido común dicta: quien maltrata una vez, seguramente lo volverá a hacer. Más de la mitad de órdenes de captura son contra personas que ya tenían denuncias previas por maltrato.

Otro estudio hecho por la Universidad de La Sabana en el año 2015 da un panorama de la mentalidad machista que aún están fuertemente arraigada en la cultura colombiana. Aunque se consultaron 237 mujeres campesinas, según la líder del estudio la realidad no es muy diferente en la ciudad.

El 50% de las personas entrevistadas justifican el maltrato cuando la víctima “se lo merece” y de ahí en adelante la cosa no mejora y sigue el círculo de doble victimización.

De los encuestados:

  • El 70% cree que una persona maltratada es culpable de permanecer junto a quien la maltrata.
  • El 81% considera que la familia debe permanecer unida a cualquier costo.
  • El 55% afirma que las personas que agreden a sus familiares es porque son violentas por naturaleza.
  • El 18% piensa que es correcto acudir a los golpes para solucionar conflictos.
  • El 90% está de acuerdo con que “la ropa sucia se lava en casa”, evitando las denuncias públicas.

 

En Colombia, ¿dónde se puede denunciar la violencia intrafamiliar?

La Fiscalía pone varias opciones para la ardua tarea de romper el miedo y denunciar: la Comisaría de Familia más cercana, salas de recepción de denuncias de la Fiscalía, Centro de Atención Penal Integral CAPIV, el Juzgado Civil Municipal o Juzgado Promiscuo Municipal.

También tienen habilitada la línea 155 que brinda orientación para llevar adelante el proceso; la línea sirve en todo el país y allí mismo se puede pedir información sobre la ubicación de cualquiera de los lugares que reciben este tipo de denuncias.