Amaneció de golpe

Madrugada del cuatro de febrero de 1992. El más estable de los sistemas democráticos de Latinoamérica se resquebrajó bajo el fuego y el combate. Una noche difícil de olvidar que dejó profundas huellas y marcó el camino que Venezuela vive hoy en día. Una parte del ejército, al mando de un militar golpista, asedió la residencia presidencial con la intención de tomar el poder por la fuerza. La insurrección fue sofocada a tiempo y la intentona golpista fracasó. Pero aquella noche “amaneció de golpe” y para nuestros personajes marcó un antes y un después en sus vidas.

Presagio

En una árida aldea a la partera Mamá Santos se le rompe la botella con la que aleja el dolor. Lo considera presagio y vaticina que algo terrible va a pasar. La superstición hace que todos dejen de trabajar y que afloren sus rencores, ocasionando que la vida de verdad empeore hasta hacerse imposible. Finalmente todos abandonan la aldea. Mamá Santos concluye que era cierto que algo terrible iba a pasar.

Puerto padre

Daniel es un joven huérfano de una pequeña isla en el golfo de Nicoya, quien emprende un viaje en busca de su padrino y de oportunidades. Llega a un hotel en el puerto de Puntarenas, donde alguna vez trabajó su madre. En el trayecto, Daniel descubre elementos de su pasado que lo ligan profundamente al destino del hotel.