7 roles de las mujeres en los conflictos armados del mundo


David Jáuregui Sarmiento
19 / 10 / 2018
Yineth, posando como uno de los roles que adoptó.
Imagen del documental La Mujer de los 7 nombres.
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La vía de las armas para conseguir cualquier objetivo no solamente convierte las naciones en campos de guerra; además, deja a su paso millones de víctimas, de las cuáles más de la mitad son las mujeres.

Un ejemplo de los resultados de dichas disputas armadas se puede ver en el documental coproducido por Señal Colombia, La mujer de los 7 nombres, la historia de una excombatiente que desarrolló 7 nombres para 7 mujeres diferentes y su respectivo papel en el conflicto.

No en vano, el exsecretario de las Naciones Unidas (2007-2016), Ban Ki-Moon, afirmó que proteger y empoderar a las mujeres durante y después de los conflictos armados es uno de los retos más importantes de nuestros tiempos.

Para citar un ejemplo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ha declarado que 49% de los desplazados por la violencia en todo el mundo son mujeres y, además, según el reporte de dicha institución, “a menudo atraviesan mayores dificultades por motivos de género en comparación con los hombres en estas situaciones”.

En Colombia estas cifras son casi idénticas. De acuerdo con el reporte Mujeres y conflicto Armado sobre víctimas del conflicto de la Unidad para la atención y reparación integral de víctimas (UARIV) en apoyo de la Organización Internacional para las migraciones y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, de las 7.028.776 víctimas contadas que ha dejado el conflicto armado interno en Colombia, 3.481.244 (49,5% del total) son mujeres, de las cuáles la mayoría de afectadas están entre los 27 y 60 años, sin descontar casi 500.000 víctimas entre los 6 y 12 años.

Proteger y empoderar a las mujeres durante y después de los conflictos armados es uno de los retos más importantes de nuestros tiempos.

Ban Ki-Moon, ex secretario general de las Naciones Unidas

Estas situaciones son agravadas, además, si tenemos en cuenta que muchas de las mujeres al momento de ser víctimas ya estaban en condición de vulnerabilidad por hacer parte de minorías. Por ejemplo, según el mismo informe de la UARIV, del total de las víctimas casi una tercera parte (28%) son mujeres afrocolombianas, raizales o palenqueras.

Por eso, historias como la de Yineth, protagonista de La mujer de los 7 nombres, son importantes, pues ante los desastres de la guerra, la crueldad y el horror propio de los conflictos las mujeres llegan a cumplir roles fundamentales tanto para el recrudecimiento de los conflictos como para su resolución y la defensa de los acuerdos pactados para su final.

Yineth, por ejemplo, forjó varias formas de ser con diferentes nombres que representan en ella desde la combatiente hasta la mujer que ahora se desempeña como agente del Gobierno para fortalecer la paz.

“El conflicto armado ha llevado a las mujeres a asumir nuevos roles, dejando su papel de víctima a un lado y pasando a tener una participación más activa en el conflicto, ya sea como miembro activo de enfrentamiento tanto en las filas de las organizaciones al margen de la ley, como combatiente y en la esfera política, por una parte. Por otra parte, a pesar de que las mujeres han sido integrantes activas de procesos de reclamaciones y luchas sociales, en el curso del conflicto se empiezan a hacer más visibles y se transforman en voceras o promotoras de paz desde sus ámbitos sociales más cercanos, sea su hogar, su barrio o comunidad. A su vez, la mujer se ha empoderado reconociéndose como sujeto de derechos, por lo que empieza a ejercer actividades de cabildeo y a trabajar en espacios antes desconocidos como lo es la política en pro de la justicia social y de la construcción de paz”, explicaron María Adelaida Barros y Natalia Rojas Mateus, maestras en Gobierno y Políticas públicas de la Universidad Externado de Colombia, en su disertación El rol de la mujer en el conflicto armado colombiano.

Para las académicas es importante recordar que las mujeres –una sola a la vez– pueden tener un rol importante en la etapa activa del conflicto y al mismo tiempo en la construcción de paz; es decir, las mujeres pueden asumir diferentes roles en un mismo momento, pueden ser víctimas, actrices importantes del conflicto activo y constructoras de paz al tiempo, como se puede ver en el documental coproducido por Señal Colombia.

 

“Dado que las mujeres representan casi la mitad del total de las víctimas del conflicto armado, y que los patrones de violencia que han vivido pueden ser diferentes a los de los hombres, su participación se hace imprescindible para que se conozcan sus experiencias, sus sugerencias y puedan influir en la implementación de la política pública que les concierne”, afirmó Ana Cristina Portilla, experta en justicia de género de la oficina en Bogotá del Centro Internacional de Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés).

Por eso, tenemos para ti siete roles que las mujeres cumplen en los conflictos armados, para así dimensionar la importancia de ellas en todas las etapas del conflicto.

 

Combatientes

Las mujeres también combaten pues no hay ninguna limitación para ellas. Hacen parte de las filas de los actores de un conflicto con cualquier arma de la que dispongan de la misma forma que lo hacen los hombres. Solamente en las desmovilizadas Fuerzas Armadas de Colombia (FARC), cerca del 40% de los combatientes eran mujeres, según afirmó Jorge Torres Victoria (antes conocido como Pablo Catatumbo, uno de los máximos líderes de esa guerrilla) a varios medios de comunicación en 2017.

Según el líder guerrillero, al menos 29 de cada 100 combatientes en las filas de la insurgencia eran mujeres.

Tenemos las mismas armas, cargamos fusiles o incluso ametralladoras, ametralladoras de comando o tipo comando.

Ex combatiente de las Farc Victoria Sandino, en diálogo con la cadena televisiva Telesur

 

Activistas y líderes sociales

Dentro de su labor como activistas y líderes, han demostrado que su capacidad de liderazgo es de suma importancia para las problemáticas de sus comunidades.

Ejemplos como el de Patricia Campos Doménech, la primera mujer piloto de la fuerza aérea española; Asnaini Mirzan, la única mujer en Indonesia en liderar una aldea; o Christiana Thorpe, la primera mujer en desempeñarse como presidenta de la Comisión Nacional Electoral de Sierra Leona son algunos de los casos que destaca la ONU de mujeres que con sus liderazgos han cambiado la concepción de la mujeres en diferentes campos y, además, han ayudado a sus comunidades con su labor.

De la misma forma que las combatientes, las mujeres al asumir el rol de líderes no solamente buscan mejorar las condiciones de su comunidad y apoyar procesos de cambio, sino también sufren la violencia de primera mano.

Solo en los primeros seis meses de 2018 en nuestro país, de los 123 casos de líderes asesinados reportados por Indepaz, 18 fueron mujeres que cayeron por mantener iniciativas y liderazgo en sus comunidades.

En julio, por ejemplo, según reportó el diario de circulación nacional El Tiempo, murieron dos mujeres, una en Tumaco (Nariño) y otra en Cáceres (Antioquia). “Margarita Estupiñán fue víctima en el municipio nariñense. Tenía 54 años y era presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio El Recreo. Fue encontrada con 4 heridas de arma de fuego: 2 en la cabeza y 2 en la espalda”, aseguró el reporte del impreso.

Video de la cadena pública Deutsche Welle sobre la desaparición de líderes sociales en Colombia.

 

Víctimas

En todos los casos, si sufrió algún perjuicio en el desarrollo, por mínimo que sea, una mujer es víctima. Desde sufrir la pérdida de un allegado como un hijo o un esposo, hasta agresiones sexuales o amenazas significa que ella es víctima del problema armado.

No podemos ignorar las cifras en Colombia y, como ya mencionamos, del total de víctimas que ha dejado el conflicto colombiano es un consenso entre las diferentes instituciones que más del 50% de los afectados son mujeres, es decir más de 3 millones de mujeres han sido víctimas de la violencia en Colombia.

El hecho que la mujer haya asumido estos roles, no le quita su estatus de víctima, la mujer sigue siendo víctima en Colombia.

María Adelaida Barros y Natalia Rojas Mateus

“Es importante destacar dos aspectos importantes de estos nuevos roles que el conflicto ha llevado a asumir a la mujer. Por un lado, el hecho que la mujer haya asumido estos roles, no le quita su estatus de víctima, la mujer sigue siendo víctima en Colombia” aseguraron sobre este tema las académicas de la Universidad Externado.

Vale la pena recordar que, según determinó la Unidad de Víctimas en su informe, violencia contra la mujer se considera desde cualquier acción u omisión que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o en el privado.

 

Garantes de la paz conseguida

Una vez se logra llegar a un acuerdo entre los principales actores de un conflicto, como por ejemplo el Acuerdo de Paz firmado por el expresidente y Nobel de paz Juan Manuel Santos y la desmovilizada guerrilla de las FARC, las dificultades que se presentan bien sea por las asperezas que no se resolvieron o por los resentimientos que dejan décadas de violencias son frecuentes.

Según la ONU Mujeres, las probabilidades de que un acuerdo se mantenga como mínimo 15 años aumenta 35% si ellas participan efectivamente en los procesos de paz, tanto en las etapas de pre-negociación, negociación e implementación de los acuerdos.

Por eso, muchas mujeres asumen el rol de facilitadoras del diálogo a través de organizaciones gubernamentales o sin ánimo de lucro –como las ONG– para mantener la calma mientras se cumplen los diferentes puntos acordados.

De acuerdo con la organización internacional Mujeres y Conflicto Armado en su experiencia con varios conflictos alrededor del mundo, la sostenibilidad de la paz siempre ha tenido como protagonista y como necesidad la participación de las mujeres, desde en el trabajo de campo hasta los más altos niveles de representación y toma de decisiones.

 

Apoyo en entidades del Gobierno

Los gobiernos de los países en conflicto–como el colombiano– dedican millones en recursos del Estado para financiar entidades encargadas de la reparación de las víctimas, la reconstrucción de la paz, entre otras labores, y la presencia de las mujeres es tan constante como necesaria.

Los ejemplos son fáciles de encontrar pues solamente en la Unidad de Víctimas, de los más de 40 miembros del equipo directivo de la entidad, 25 son mujeres.

Estos cargos son de la importancia de la subdirección general (Claudia Ferrero Buitrago), la secretaria general (Carolina Moncada Zapata) o la directora de asuntos étnicos (Dora María Yagarí González).

Video de la Unidad de Víctimas en el que se muestra el rol activo de la mujer en las mesas del posconflicto.

 

Parteras y miembros de equipos médicos

No hace falta recordar que en los conflictos las ciencias médicas o las tradicionales de la medicina son claves, y más teniendo en cuenta que se hace difícil el acceso a la salud.

No obstante, la mujer siempre está, en mayor número que los hombres, prestas a hacer la valiente labor de prestar atención médica en medio del conflicto con todo y el riesgo que eso representa.

De acuerdo con el libro La mujer en la medicina colombiana, de Luis Hernán Eraso Rojas, ya desde 2006 según cifras del Ministerio de Protección Social y la Universidad Javeriana se veía el protagonismo de la mujer en este campo, pues 53% de los egresados de medicina fueron mujeres, así como en la química farmacéutica (60%), bacteriología y laboratorio clínico (86%) y enfermería (90%).

Gráfico graduaciones en 2016.

Pero además, los conocimientos no formales, como el de las parteras, toma aún más importancia pues la maternidad es una de las principales causas de muerte para las mujeres durante los conflictos.

De acuerdo con el informe citado anteriormente de la Organización Mujer y Conflicto Armado, en contextos de conflictos y posconflictos se presentan en promedio 531 muertes de mujeres por cada 100.000 nacimientos.

Esto sin embargo, es solamente una cifra de las muertes de mujeres en estos contextos, pues también se pueden destacar que durante sus labores de cuidado mueren como parte del conflicto.

El pasado 18 de octubre de 2018 el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) denunció en la red social Twitter que dos de sus parteras en el norte de Nigeria fueron asesinadas. Para la organización la muerte de aquellas mujeres no solo fue un impacto doloroso por sus pérdidas, sino porque su labor es fundamental en el conflicto.

De acuerdo a cifras arrojadas por la CICR, 250.000 mujeres desplazadas por los combates dan a luz cada año y, en el caso particular de Nigeria, la falta de clínicas como daño del conflicto obliga a muchas mujeres a dar a luz en casa o sin atención médica.

 

Según la misma organización, en la actualidad de las 700 clínicas que había en el norte de Nigeria, más de la mitad han sido cerradas y en tan sólo 300 centros de salud se atienden más de cuatro millones de personas. En ese escenario, asegura la CICR, uno de cada cinco nacimientos tendrá complicaciones y sin la ayuda de una partera, estos nacimientos pueden ser mortales.

 

Sostenedoras del núcleo familiar

Cuando hijos e hijas parten para hacer parte directa del conflicto, quienes tienen que vérselas con el mantenimiento del hogar son, en la mayoría de los casos, las mujeres. Son ellas quienes tienen que ver por la alimentación y la supervivencia de los más pequeños mientras, además, lidian con el entorno violento del conflicto.

Este peso que recae solamente en una persona no es poca cosa y es un rol sin el que muchas familias quedarían aún más afectadas por el conflicto; peor aún, totalmente desintegradas.

Sin embargo, las combatientes también llegan a tomar ese rol durante el desarrollo de la violencia y, de acuerdo con una investigación de la cadena Telesur sobre el rol de la mujer en los conflictos armados, tres de cada cinco mujeres (75,2%) combatientes tienen hijos o hijas, así como 31,9% se encuentran en unión libre, 17,6% son casadas, 10,07% son separadas y 16,9% son viudas, lo que incrementa las posibilidades de que su deceso tengan implicaciones directas en el peligro que corren sus familias. Solamente 22,9% de las combatientes son solteras.