¿Por qué hay tantas películas de Blancanieves?


David Jáuregui Sarmiento
04 / 09 / 2019
Imagen de la película 'Espejito espejito'.
Lily Collins, en una escena de la película Espejito, espejito.
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La película 'Espejito espejito', protagonizada por Lily Collins y Julia Roberts, se estrena en nuestra franja Cine Tamaño Familiar. Esta entrega de la famosa historia de 'Blancanieves y los siete enanitos', dirigida por Tarsem Singh, es una de las adaptaciones más recientes y visualmente estimulantes que el cine ha hecho de este clásico cuento de los hermanos Grimm.

Sin embargo, en la historia del cine, 'Blancanieves' no es una novedad. Hay decenas de versiones de este conocido relato sobre una princesa que cae en un letargo eterno engañada por su perversa madrastra y solo podrá despertar con el beso de un príncipe.


Tráiler oficial de 'Espejito, espejito' (2012).


Su primera adaptación al cine data del año 1916 y es una película muda protagonizada por Marguerite Clark y dirigida por J. Searle Dawley, con guion de Winthrop Ames basado en una obra de teatro estrenada en Broadway en 1912.

Betty Boop, el icónico personaje de animación también protagonizó una versión de 'Blancanieves' en 1933, y le siguió la famosa producción de Walt Disney en 1937 que incluso hoy en día se puede encontrar en versiones digitales. La gigante productora de cine 20th Century Fox sacó otra en 1961, y Metro-Goldwyn-Mayer lo hizo en 1987.

Más recientemente, en el año 2012, se estrenaron 3 versiones de esta historia en el cine. Por un lado está la mencionada 'Espejito, espejito', colorida y con un tono apto para toda la familia. Tambíen salió 'Blancanieves y la leyenda del cazador', protagonizada por Kristen Stewart, Charlize Theron y Chris Hemsworth, una versión algo más adulta y gótica.

Pero, además, el director español Pablo Berger sorprendió con una película muda y en blanco y negro inspirada en el mismo cuento de hadas ambientada en la España de los años veinte.


Maribel Verdú encarna a la madrastra en la adaptación del director Pablo Berger.


¿Pero a qué se debe que tantas casa productoras y directores echen mano de esta historia con tanta frecuencia?

'Blancanieves' hace parte de un conjunto de historias que fueron publicadas hace más de 200 años y ya hacen parte del dominio público. Esto quiere decir que los derechos de autor ya no le pertenecen a nadie y cualquiera las puede utilizar el material sin necesidad de pagarle un solo centavo a quienes se las imaginaron y las escribieron.

El uso -y abuso- del dominio público

"De todos los derechos de propiedad intelectual, el principal en la realización de películas es el derecho de autor. Entre otras cosas, protege a los creadores o a los titulares del derechos, al impedir que terceros utilicen sus obras sin su permiso", explica Cathy Jewell, miembro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

Esto significa que mientras una obra esté protegida por derechos de propiedad intelectual, los productores que no sean creadores de la obra no pueden utilizarla para hacer productos como películas o seriados. Sin embargo, este no es el caso de las historias de los hermanos Grimm.


Jacob y Wilhelm, los hermanos Grimm.

Jacob y Wilhelm, los hermanos Grimm.


Esto se debe a que las historias de estos dos hermanos, Jakob Ludwig Karl Grimm y Wilhelm Karl Grimm, que fueron publicadas por primera vez el 20 de diciembre de 1812, son demasiado antiguas y sus autores ya no están vivos, por lo que toda su obra pasa a estar libre de derechos de autor. Incluso, debido a la importancia que han tenido sus historias, en 2005 fueron nombradas Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Disney, una de las compañías más poderosas del planeta en cuanto a producción audiovisual, no sólo se hizo mundialmente famosa -y millonaria- con su versión de ‘Blanca Nieves y los siete enanitos’ de 1937, sino que ha seguido utilizando estas historias -libres de derechos de autor- en sus producciones. Basta recordar historias como ‘La cenicienta’ o ‘La bella durmiente’ que originalmente fueron compiladas por los hermanos Grimm.

Pero Disney no solamente ha aplicado esta fórmula con los Grimm. También ha sacado historias libres de derechos como ‘Nuestra señora de París’ (1831) del escritor francés Víctor Hugo, y que llevó el nombre del ‘Jorobado de Notredame’ (1996); o ‘Las aventuras de pinocho’ (1940), que fue publicada por el italiano Carlo Collodi en 1883.


imagen del jorobado de notredame de disney

Imagen de la película de disney 'El jorobado de Notre Dame' (1996).


Hasta ahí, digamos, cada quién tiene derecho a usar estas historias a su antojo, pues hacen parte del acervo de historias universales de la humanidad. Sin embargo, y como anotó el diario El País, en su separata cultural Verne, lo trágico del asunto es que las historias se alteran en puntos cruciales y que le restan valía y drama a las tramas originales, reduciéndolas a historias simples y felices resueltas con relativa facilidad, mientras que los textos originales tenían mucha más tela para cortar.

Ahora bien, no será ni la primera vez que Disney u otro productor del mundo use historias libres de derechos de autor para sus producciones y, de hecho, cada año el listado de obras disponibles para ese fin incrementan. Podemos recordar para ello la historia del famoso detective Sherlock Holmes, escrita por Sir Arthur Conan Doyle en 1887 que hoy en día, como los cuentos de los hermanos Grimm, son de dominio público.


Los actores Martin Freeman y Benedict Cumberbatch en la serie Sherlock.

Imagen de la serie 'Sherlock' de la BBC.


En 2019, por ejemplo, varias obras de autores mundialmente famosos tienen el mismo destino, pues por citar algunas historias famosas, ‘Asesinato en el campo de golf’ (1923) de la escritora Agatha Christie pasó a ser de dominio público, así como 'El cuarto de Jacob' de Virginia Woolf o ‘El profeta’ de Jalil Gibrán.

Este destino, sin embargo, no es exclusivo de las obras escritas, y en 2019, de acuerdo con la revista especializada española GQ también pasó a estar libre de derechos de autor obras cinematográficas como 'Los diez mandamientos' de Cecil B. DeMille, 'El hombre mosca' de Harold Lloyd o 'El peregrino' de Charles Chaplin.