¿Cómo se desarrolló el cine después de la Segunda Guerra Mundial?


David Jáuregui Sarmiento
12 / 07 / 2018
Personajes de la película italiana "La vida es bella"
Imagen de la película La Vida es bella
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Ningún aspecto de la vida humana escapa a las grandes tragedias de nuestra especie: ni el desarrollo tecnológico y científico, ni la vida en las ciudades o la estabilidad económica y, tampoco, el arte. Por eso, tenemos para ustedes una breve recopilación de lo que sucedió en el cine después de la II Guerra Mundial.

La vida es bella
Domingo 26 de mayo, 10:00 p. m.

En las pantallas de Señal Colombia estará la película La vida es bella (1997), un clásico dirigido y protagonizado por Roberto Benigni, que cuenta las peripecias de un padre en un campo de concentración Nazi para mantener en alto la moral de su hijo, también en el cautiverio. Benigni interpretará a Guido Orefice, quien engañará a su hijo para hacerle creer que el cautiverio es en realidad un juego con diferentes etapas y competencias que al final solamente significan la supervivencia en los campos de concentración.

En esta cinta, Benigni retrata los horrores que sufrió la comunidad judía por cuenta del odio de la Alemania Nazi antes y durante la II Guerra Mundial hacia sus integrantes, y cómo los horrores de la guerra tocaron a sus puertas para marcarlos para siempre. Con el largometraje, indudablemente, el director y protagonista logró conmover a los espectadores de todo el mundo, haciendo una fotografía enmarcada en el amor familiar de los horrores de la guerra.

 

En otras palabras, a través del cine, Benigni presentó su visión del genocidio y recordó a los espectadores lo horrores de la guerra. Sin embargo, como es obvio, el cine siempre ha sido el canal de fuga de los acontecimientos de la guerra y, precisamente, el séptimo arte atravesó una etapa de posguerra que cicatrizó desde el arte muchas de las heridas heredadas del conflicto bélico.

Durante la II Guerra Mundial cada país, del bando de los Aliados (Francia, la Unión Soviética, China, Reino Unido, Estados Unidos, entre otros) y de las Potencias del Eje (Japón, Italia, Alemania, entre otros socios de estas potencias) el cine fue utilizado como herramienta propagandística de cada régimen y los departamentos de censura de cada nación constantemente censuraban los largometrajes de los países enemigos. En medio de ello, y con el desarrollo de la guerra, murieron cerca de 70 millones de personas.

 

Sin embargo, tras la caída del Tercer Reich, como denominó Adolf Hitler a la nación alemana liderada por el partido Nacional Socialista Obrero Alemán de Hitler, el cine volvió a recuperar algo de su independencia creativa y discursiva, y empezaron a aparecer diferentes corrientes del séptimo arte en los países que participaron, y que se llaman a grandes rasgos el “cine de la posguerra”.

 

El neorrealismo italiano

Como era de esperarse, tras la guerra, Italia quedó sumida en una profunda crisis humanitaria y económica, y el cine que surgió tras el triunfo del bloque de los Aliados contó con características propias de lo sucedido en años anteriores.

El Neorrealismo se inició oficialmente en 1945, cuando el cineasta Roberto Rossellini realizó Roma, ciudad abierta (1945), en la que narraba los últimos días de la ocupación alemana en Roma y Camarada (1946), que narra la lucha de la resistencia al fascismo en Italia. El movimiento destaca porque se tuvo por fin, después de varios años, la libertad para retratar la realidad que vivía el país de forma clara y directa.

 

Dentro de sus características estéticas estaban la precariedad técnica, que recurría normalmente a escenarios naturales y escasa iluminación, movilidad de la cámara, el uso del doblaje para evitarse recoger sonido directo de las puestas en escena; el uso de actores “naturales” (no profesionales) escaso diseño de producción y atención prioritaria a los temas de la vida cotidiana que, desde luego, daban cuenta de la reconstrucción de la vida tras la guerra.

Otros ejemplos de este neorrealismo es el resultado de la unión del cineasta Vittorio de Sica y el guionista Cesare Zavattini, quienes dieron a luz la trilogía sobre el drama de la vida en Italia tras el periodo bélico: Limpiabotas (1946), El ladrón de bicicletas (1948) y  Umberto D (1952).

 

El impacto del neorrealismo italiano, además, llegó a todos los rincones del planeta. De acuerdo con el La Historia del Cine recopilada por el Ministerio de Educación Español, la influencia de este movimiento es innegable en la Nouvelle Vague (Nueva Ola) francesa y el Free Cinema inglés y en numerosos movimientos posteriores (el documentalismo americano, el cine polaco, el realismo social británico, el nuevo cine iraní, Dogma-95, entre otros), y los estudios empezarán a abandonar los estudios para instalarse en locaciones naturales.

 

El cine de la posguerra estadounidense

Contrario a lo que vivía Italia y otras potencias europeas, la Segunda Guerra Mundial dejó en buena situación al país norteamericano y tras el fin de conflicto bélico se ubicó como la primera potencia económica mundial. No es de extrañarse, entonces, que el cine producido en Estados Unidos se enfocara, por un lado, en el cine bélico.

De este periodo en el séptimo arte norteamericano, se destaca Los mejores años de nuestra vida (1946), que dirigida por William Wyler y que narra el regreso de veteranos estadounidenses que regresan a su país.

 

No obstante, explica la recopilación histórica española, también surgió una puesta del séptimo arte norteamericano que sí se dedicó a la crítica. “Un grupo de jóvenes realizadores que defendían un cine crítico, tratando temas sociales y polémicos como la corrupción del sistema, la emigración, la falta de igualdad de oportunidades, el antisemitismo o el racismo. Algunos de los nombres más sobresalientes eran Edward DmytrykElia KazanJohn HustonRobert Rossen Fred Zinnemann”, destaca el documento.

Pero la posguerra apenas traería un tiempo de relativa calma en Estados Unidos, y el comienzo de la Guerra Fría lograría una “caza de brujas” por todo aquello que tuviera relación alguna -por escasa o infundada que fuera- al comunismo.

De esta manera, entre 1945 y 1955, sucesivas comisiones intentaron expulsar de todos los estamentos del cine yankee a los sospechosos de simpatizar con el otro bloque. A la vez, pero las propias productoras de cine de Hollywood majors aprovecharon para hacer "limpieza" de sindicalistas y otros elementos molestos en sus estudios que había generado conflicto en la industria del cine y que alegaban monopolio de las grandes compañías, que tenían ligado el sector de la distribución y la producción.

 

En 1947 la Comisión de Actividades Antiamericanas, dirigida por el senador Joseph McCarthy, puso su punto de mira en los profesionales del cine. Diez hombres (entre ellos Dalton TrumboEdward Dmytrik o Ernest Biberman), invocando la primera enmienda de la Constitución que garantiza la libertad de conciencia y de palabra, se negaron a responder y fueron condenados por desacato al Congreso y expulsados de la industria, gestando así un momento de censura al cine después de la guerra, de la que muy pocos como Estados Unidos lograron beneficiarse.

 

El cine de calidad y la nueva ola francesa

Francia también tuvo que sufrir el jolgorio de la guerra, hasta el punto de que tuvo que acoger durante algunos años la ocupación Nazi de su territorio. Sin embargo, tras la guerra, los franceses estaban decididos a competir con la industria fílmica estadounidense, para lo que se reunieron los más prestigiosos cineastas galos y que dejaron un periodo de largometrajes franceses destacados por la producción de calidad, mejor conocida como el “cinema de qualité”.


“Un director que destaca en estos años es René Clément que en 1946 codirigió con Jean Cocteau La Bella y la Bestia (La Belle et la Bête). En esta película, y en otras posteriores como Orfeo (Orphée, 1949), Cocteau, que además de dirigir era poeta, novelista, pintor y ensayista, utilizó técnicas originales para crear imágenes poéticas”, destaca la compilación de la Historia del Cine del ministerio español.


Sin embargo, esta corriente no duraría mucho, y a comienzos de la década del 50 surgiría la Nouvelle Vague (nueva ola), que se destacó, precisamente, por hacer un llamado a la libertad de expresión, así como de ua forma de hacer cine con libertades técnicas nuevas, como el uso de equipos más ligeros y dinámicos para la producción de los filmes, así como el uso de escenarios naturales y cámaras no profesionales (8 y 16 milímetros) que se podían llevar al hombro.

 

Reino Unido

En el Reino Unido, que también sufrió bastante ataques aéreos durante la guerra, las películas que alcanzaron mayor éxito fueron las policíacas. Vale la pena recordar que el gran Alfred Hitchcock dio el salto a Hollywood desde 1940 con Rebecca en este género, y que se había popularizado no solo en las islas británicas sino también en Estados Unidos.

Uno de sus más destacados exponentes en el Reino Unido era el realizador Carol Reed, quien según la historia descrita por el Gobierno Español, alcanzará las cotas más altas del género con El tercer hombre (1949), con guión del novelista Graham Greene y una espléndida interpretación de Orson Welles, al punto de que el largometraje fue elegido como mejor película inglesa del siglo XX.

Entrada la década del 50, sin embargo, se daría el apogeo de la comedia británica, con películas como El quinteto de la muerte (1955) de Alexander Mackendrick.

 

El séptimo arte en Japón

A pesar de que la nación nipona quedó devastada tras la guerra, el cine japonés tuvo un auge importante después del conflicto bélico.

“En los años 50 Occidente conoce el cine japonés, que es galardonado en numerosos festivales. Sin embargo, se hace desde interpretaciones estereotipadas de Japón, a través de las que se pretende explicar el conjunto de la cultura japonesa como una esencia que sirve para diferenciarse del extranjero, así como para borrar las diferencias existentes dentro del propio Japón. Los especialistas, tratan el cine japonés desde una visión humanista o etnográfica. El discurso resultante, es el de un cine exótico y poderoso, esencialmente bello en la forma por la influencia de las tradiciones plásticas autóctonas”, resaltó la recopilación española.

Fue precisamente en esta época que empiezan a aparecer algunos de los directores más significativos de este periodo y de la historia del cine japonés como Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu Mikio Naruse.  Kurosawa, con su Rashomon (1950), innovó con un planteamiento multifocal de un suceso, fue premiada en Venecia y los Oscar.