La historia del tejo crece en Boyacá


Señal Colombia
02 / 11 / 2017
La historia del tejo crece en Boyacá / Nicolás Aristizábal
La historia del tejo crece en Boyacá / Nicolás Aristizábal
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Garagoa es un municipio boyacense que combina elementos de ciudad moderna y costumbres del siglo pasado. Las calles empedradas ya son pocas, las casas han sido rejuvenecidas, la plaza principal fue remodelada en el 2010, la plaza de mercado es tan imponente como una de Bogotá. Pero el tiempo transcurre lento y los hábitos no han cambiado mucho: las personas todavía están pendientes del chance, los estudiantes comen helado después de las clases y todos continúan girando alrededor del tejo.

Los grandes en establecimientos y los pequeños en el colegio técnico del municipio, donde aprenden desde temprano a jugar pony tejo. La práctica en esta institución educativa nació gracias a la influencia del tejo en la región. Se creó como una actividad extracurricular para el uso y el aprovechamiento del tiempo libre, afirma Blanca González, docente del colegio, exjugadora de tejo y ahora entrenadora de pony tejo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Con los representantes de tejo hemos llegado hasta instancias departamentales, hay niños con mucho talento”, asegura la profesora que ha mantenido esta actividad en el colegio. Los alumnos se inscriben y después de una fundamentación teórica empiezan a asistir a los entrenamientos de tres a cinco de la tarde. “No ha sido fácil; muchas veces los padres no los dejan participar porque asocian el pony tejo con el alcohol”, agregó la docente.

No obstante, un promedio de 20 niños se inscribieron en esta actividad para el 2015. Quienes asisten los martes a la práctica deben calentar su brazo para un buen lanzamiento, realizan un trabajo de flexibilidad y aprenden cómo ubicarse en la cancha para que el tejo llegue al bocín. Al principio lo hacen con piedras y con un triángulo pintado con tiza en la cancha. Los niños deben pegarle al centro de la figura con la piedra.

Luego viene un nivel más avanzado. El momento de entrar a la cancha se acerca y mientras muchos de sus compañeros juegan fútbol o baloncesto, ellos entran a la cancha de nueve metros, se ubican de frente al bocín y lanzan buscando explotar la mecha.