La rebeldía con causa del pesista Óscar Figueroa


Señal Colombia
31 / 03 / 2017
Óscar Figueroa, pesista colombiano / EFE
Óscar Figueroa, pesista colombiano / EFE

Óscar Figueroa dice ser vallecaucano, pero en realidad se crió en Zaragoza, en el Bajo Cauca de Antioquia. Nació en esta ciudad minera el 27 de abril de 1983 y en la notaría única todavía se puede preguntar por su registro civil, de número 6038147. Allí aún están frescas sus historias infantiles: que le decían 'Mundo Malo' por irreverente, que mucho antes de ser pesista jugaba a ser futbolista, que estudiaba en la escuela Francisco de Paula Santander y que viajaba hasta cuatro horas hasta el Río Pocuné para ayudarle a su padre a buscar oro.

 

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Su padre Jorge Isaac nació en Tadó, Chocó, pero viajó en los años 60 al Bajo Cauca para convertirse en minero artesanal en los municipios de Zaragoza, El Bagre, Segovia y Remedios. Óscar vivía en el barrio Buenos Aires en una casa color ladrillo y con una placa en la entrada en la que se podía leer 42-38. Su papá adquirió ese lote un año después del nacimiento de Óscar y allí convivió con su madre Hermelinda, sus hermanos, sus hermanastros y su madrastra. Durante los nueve años que vivió en esta ciudad de 32 mil habitantes, lo conocieron por jugador de canicas, lanzador de piedra, pendenciero, futbolista e irreverente, pues no le causaba pudor andar sin ropa por las calles.

En 1992, su madre Hermelinda se cansó del barequeo y emprendió viaje hacia Cartago, Valle, donde vivía una prima suya y donde podía empezar de nuevo. Óscar cursaba entonces quinto de primaria y ya había practicado fútbol, baloncesto, natación y hasta karate, pero en esa población norteña del Valle, que es más cercana a Pereira que a Cali, conoció el levantamiento de pesas. Un profesor de educación física del colegio Ciudad de Cartago le recomendó que explotara su biotipo, pues su caminar revelaba movimientos robotizados.  

Ese deporte resultó siendo la mejor catarsis para su temperamento y lo siguió practicando, incluso, cuando prestó servicio militar en Palmira. Después vinieron el cuarto lugar en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el oro en el Mundial juvenil del 2001 y la plata en el Mundial de pesas de Santo Domingo 2006. Pero en los Olímpicos de Beijing, a pesar de un cierto favoritismo, falló los tres intentos del arranque, pues cada vez que trató de alzar la palanqueta, lo aquejó un fuerte dolor en uno de sus tendones.

 

La operación que le salvó la vida

Además, en estas justas contrajo una hernia discal que a su regreso ningún especialista de Cali se arriesgó a operar. Hubiese significado el retiro prematuro a los 25 años, pues los ortopedistas le ofrecían sacarle el disco y colocarle una caja y una platina. Eso lo sentenciaría definitivamente a un cambio de oficio. El dolor en su columna agravaba la tristeza de esos días y sólo apareció una pequeña esperanza: un doctor bogotano llamado Jorge Ramírez que hacía 16 años era pionero en Latinoamérica de la cirugía de mínima invasión de columna. La había aprendido en San Diego, Estados Unidos, practicándola con cadáveres de ovejas, cerdos y humanos.

El 16 de enero del 2009 se presentó en el consultorio al norte de Bogotá con unos documentos, una resonancia y un discurso corto, casi melancólico: “Doctor, yo quiero ser campeón olímpico”. No deseaba renunciar al deporte y escuchó sin entender a lo que se sometería si aceptaba. Se convenció al oír que el extenista Mauricio Hadad se había mejorado con esta operación y al final no puso problema por los cinco millones que le costaba. Jorge Ramírez y dos ayudantes lo intervinieron el 17 de febrero siguiente, le aplicaron anestesia local durante 20 minutos y le sacaron dos centímetros de disco. Óscar no volvió a ver nunca al doctor que le salvó su carrera deportiva, mientras que Jorge lo volvió a ver varias veces: en televisión y besando la plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

 

Lo que le dejó su casi-retiro en el 2008

Después de Beijing y antes de la operación, durante ese lapso de dolor y amargura, Figueroa temió por su futuro. ¿Sin las pesas de qué viviría? Varios le recomendaron estudiar y decidió inscribirse en el horario nocturno del programa de administración de empresas de la Universidad Santiago de Cali. “Más adelante me quiero dedicar a los bienes raíces”, confesaría el pesista en el transcurso de la carrera. Durante las competencias, le pedía a un amigo suyo que le inscribiera materias y que le recordara los trabajos pendientes.

Además, la universidad le brindó una beca del 100% luego de que obtuviera medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Sólo debía pagar 30 mil pesos por impuestos, aunque su interés era netamente académico. Luego de ganar la plata en Londres, llamó preocupado a la facultad para avisar que no podría llegar el día que acordaron y que se presentaría una semana después por los recibimientos y las entrevistas que le programaron por su nueva condición de héroe nacional. Después de ese triunfo vendría un nuevo deseo que espera cristalizar una vez se retire de las pesas: “Un día voy a ser el presidente de la Federación Colombiana de Pesas”.