Diseño: Señal Colombia
Andrés Caicedo
29 / 09 / 2026

Andrés Caicedo, el cinéfilo que hizo de Cali una sala de cine


Por Señal Colombia
Señal Colombia
29 / 09 / 2026
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Andrés Caicedo nació en Cali el 29 de septiembre de 1951 y en sus 25 años de vida logró ser escritor, dramaturgo, guionista y crítico de cine en una época en la que la capital del Valle del Cauca atravesaba una intensa transformación cultural. Su novela ¡Que viva la música!, publicada en 1977, terminó convertida en su obra más conocida, pero para entender su legado hay que mirar también hacia las salas de cine, las revistas y los proyectos culturales que impulsó junto a otros jóvenes de su generación.

Andrés Caicedo y una vida atravesada por el cine

Para Caicedo, ver una película no era suficiente. Había que hablar de ella, escribir sobre ella y conseguir que otros también pudieran verla.

Esa pasión tomó forma en 1971 con el Cineclub de Cali, proyecto que impulsó junto a Ramiro Arbeláez, Hernando Guerrero y Luis Ospina. Las funciones se realizaron primero en el Teatro Experimental de Cali, luego en el Teatro Alameda y finalmente en el Teatro San Fernando.

El cine también ocupó buena parte de su escritura. Caicedo publicó críticas en periódicos caleños y en 1974 comenzó a editar Ojo al Cine, revista especializada que llegó a publicar cinco números y se convirtió en un referente de la crítica cinematográfica colombiana.

Incluso intentó pasar de espectador y crítico a realizador. En 1972 trabajó con Carlos Mayolo en Angelita y Miguel Ángel, un proyecto basado en uno de sus guiones.

Esta faceta permite entender a Caicedo desde otro lugar. No era solamente un escritor fascinado por las películas. También ayudaba a crear espacios para verlas y discutirlas. Literatura y cine formaban parte de una misma inquietud por contar lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

Cine, música y literatura en el universo de Andrés Caicedo

Las fronteras entre esas expresiones tampoco eran demasiado importantes en su obra. Las películas que veía, las canciones que escuchaba y las calles que recorría terminaban alimentando su escritura.

Ahí aparece ¡Que viva la música!, pero como una pieza de un universo creativo mucho más grande. En la novela, el rock y la salsa acompañan el recorrido de María del Carmen Huerta por una Cali nocturna y juvenil. La música no funciona simplemente como ambientación, marca los espacios, las relaciones y las transformaciones de su protagonista.

Señal Memoria conserva un registro que permite acercarse a esa relación. En un capítulo de Culturama de 2006, el investigador y crítico Ramiro Arbeláez analiza la obra de Caicedo y recuerda al escritor y su lugar dentro de aquella generación cultural caleña.

A años de su nacimiento, estos registros permiten regresar a Andrés Caicedo sin reducirlo a una sola novela ni a la historia alrededor de su temprana muerte. Queda el escritor, por supuesto, pero también el joven que programaba películas, escribía sobre cine, editaba una revista y encontraba en la música otra manera de narrar.

Mirarlo desde esas facetas ayuda a entender por qué su nombre sigue apareciendo cuando se habla de literatura y cine en Colombia. Antes de convertirse en una figura de culto, Andrés Caicedo ya estaba haciendo algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, decisivo, buscar historias, compartirlas y conseguir que otros también quisieran verlas.