Cabañuelas: origen, funcionamiento y qué tan fiables son estas predicciones del clima
Cabañuelas: origen, funcionamiento y qué tan fiables son estas predicciones del clima
02 / 01 / 2026

Cabañuelas: la sabiduría campesina que intenta leer el clima antes de que llegue


Por Tomás Pianeta
Tomás Pianeta
02 / 01 / 2026
Cabañuelas: origen, funcionamiento y qué tan fiables son estas predicciones del clima
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Las cabañuelas son una de las tradiciones más antiguas de predicción del clima en el mundo rural colombiano. Transmitidas de generación en generación, estas prácticas buscan anticipar lluvias, sequías y cambios climáticos a lo largo del año, basándose en la observación minuciosa de los primeros días de enero y de los ciclos de la naturaleza, mucho antes de la existencia de pronósticos meteorológicos modernos.

Cabañuelas

Cabañuelas: una tradición que llegó con la colonización y echó raíces en el campo colombiano

El origen de las cabañuelas se remonta a prácticas ancestrales del Mediterráneo y del mundo árabe, adoptadas luego en el centro y sur de España durante la Edad Media. Su nombre proviene del latín capannula, asociado a refugios o ciclos agrícolas, y estaba ligado a la necesidad de prever el comportamiento del clima para la siembra y la cosecha.

Con la llegada de los españoles a América, esta tradición fue trasladada al continente y encontró un terreno fértil en las comunidades campesinas. En Colombia, las cabañuelas comenzaron a consolidarse desde la época colonial, especialmente en regiones agrícolas donde el conocimiento del clima era vital para la supervivencia. Allí se mezclaron con saberes indígenas sobre los ciclos lunares, las lluvias y el comportamiento de plantas y animales, dando lugar a una práctica híbrida profundamente arraigada en la cultura rural.

Cómo funcionan las cabañuelas: leer enero para entender todo el año

El método de las cabañuelas se basa principalmente en la observación detallada de los primeros días del año, aunque existen varias versiones según la región. La más extendida en Colombia es la llamada cabañuela clásica.

  • Del 1 al 12 de enero: cada día representa un mes del año.
    -1 de enero → enero
    -2 de enero → febrero
    y así sucesivamente hasta diciembre.

Durante esos días, el campesino observa fenómenos como lluvias, nubosidad, vientos, calor, frío o tormentas.

  • Del 13 al 24 de enero: el proceso se invierte. El 13 representa diciembre, el 14 noviembre, y así hasta volver a enero el día 24. Esto permite “confirmar” o matizar lo observado en la primera fase.

  • Cabañuelas horarias: en algunas zonas, el 25 de enero se divide en 24 horas, y cada hora simboliza un mes del año, afinando la predicción.

Además, las cabañuelas pueden complementarse con señales naturales: comportamiento de aves, floración de plantas, fases de la luna, vientos inusuales o cambios en la temperatura del suelo.

¿Qué tan exactas son las cabañuelas?

Desde el punto de vista científico, las cabañuelas no cuentan con sustento meteorológico comprobable. Los expertos coinciden en que no existe una relación causal entre el clima de enero y el comportamiento atmosférico de los meses siguientes, especialmente en un contexto de cambio climático global.

Sin embargo, su aparente “acierto” en algunos años se explica por la experiencia acumulada de quienes las practican. Muchos campesinos no solo observan enero, sino décadas de patrones climáticos locales, lo que les permite identificar tendencias propias de su territorio. En ese sentido, más que una predicción exacta, las cabañuelas funcionan como una herramienta empírica de planificación agrícola.

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Más que predicción: un patrimonio cultural vivo

Hoy, las cabañuelas siguen siendo consultadas en el campo colombiano, no solo por tradición, sino como una forma de preservar el conocimiento ancestral y la relación respetuosa con la naturaleza. En un mundo dominado por la tecnología y los satélites, esta práctica recuerda que durante siglos la humanidad aprendió a leer el entorno para sobrevivir.

Aunque no sustituyen a la ciencia, las cabañuelas continúan siendo un símbolo de identidad campesina, una memoria viva del saber rural y una expresión de cómo las comunidades han buscado, históricamente, entender el tiempo y anticiparse a él.