Del montaje hacia el horror: las imágenes oníricas de "Eraserhead"


David Jáuregui Sarmiento
21 / 08 / 2018
El bebé monstruo de la película "Eraserhead" de David Lynch
El bebé monstruo de Spencer en la película "Eraserhead" de David Lynch

Una de las claves principales del cine es el montaje, en el que el director escoge el orden y la forma en la que se pondrán uno detrás de otro los planos de las escenas, dando ritmo y sentido a las imágenes. Te contamos cómo lo hizo David Lynch en Eraserhead (1977).

David Lynch estará en las pantallas de Señal Colombia a lo largo de septiembre, y en su primera película titulada Eraserhead (Cabeza de borrador) el director estadounidense logró un celebrado largometraje de culto comparado con el debut del director Orson Welles, Ciudadano Kane (1941), como dos de las mejores óperas primas del cine según el Online Film Critics Society.

La película, además, fue considerada cultural, histórica y estéticamente significativa por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el Registro Fílmico Nacional de ese país por la importancia que adquirió la cinta entre los conocedores del séptimo arte.

 

 

En esta película, David Lynch cuenta una historia disímil y difícil de seguir, pues lo que ocurre en la película, protagonizada por el actor Jack Nance, se asemeja más a una muy pesada pesadilla que a las historias convencionales a las que estamos acostumbrados en el cine.

Contada en blanco y negro, la cámara sigue algunos acontecimientos en la vida de Henry Spencer (Jack Nance), un hombre casi siempre nervioso y paranoico, quien sin saber cuándo, cómo ni porqué, tiene un monstruoso hijo no esperado con su antigua novia.

El mundo que habita Spencer -o el mundo que plantea la película- da la impresión de ubicarse en una sociedad postindustrializada y neurótica por la escasez y la frialdad, y es el escenario para que toda una serie hechos oníricos ocurran ante los ojos atónitos del espectador, que duda tanto de quedarse a ver la cinta como de pararse del sillón sin saber qué pasa en los repelentes acontecimientos que narra.

 

Uno de los retos de un cineasta cuando se enfrenta a la producción de una película es cómo a través de las imágenes logrará la intención narrativa que conducirá los acontecimientos de la historia y, en el caso de Lynch, cómo lograría que, a partir de las secuencias de planos, al ver la cinta, se diera la impresión onírica que buscaba el director.

Pues bien, uno de los grandes logros de Lynch fue el montaje, pues con el magnífico uso de este principio cinematográfico logró que los espectadores sintieran el desenfreno nervioso del protagonista, así como la inexplicable sensación de estar sumergidos en una pesadilla difícil de digerir y todo ello sin apelar en exceso a los efectos especiales o la exageración en las imágenes.

 

El montaje cinematográfico

Para entender cómo hizo Lynch para recrear una pesadilla sin anunciar la cinta como tal, sino a lo largo de los 89 minutos de narración, debemos primero aclarar algunos puntos clave de lo que se conoce en el mundo del cine como el montaje.

El montaje es el proceso mediante el cual se ordenan los planos y secuencias de una película, de forma que el espectador los vea tal y cómo quiere el director. El poder del montaje es tal que la manera de ubicar los diversos planos puede cambiar completamente el sentido y el mensaje de las imágenes de una película.

 

De acuerdo con algunos teóricos del cine, es en el montaje donde se hace casi toda la película, pues es allí cuando el director y su equipo se sientan a escoger las secuencias que narrarán la película y es allí mismo cuando se suprime lo que no gusta, se añade o se aporta ritmo a lo que sucede en la pantalla de forma tal que no se pierda la atención de quienes disfrutan el largometraje.

En otras palabras, el director y su equipo toman todo lo que se ha grabado para la película y lo juntan para cortar, poner o superponer las imágenes de forma tal que la narración tenga la intención y la forma en la que se van a pasar las imágenes en movimiento. Para ello, se escogen desde la duración de los planos que conformarán las secuencias, el orden en que se presentarán y la forma en la que se pondrán los planos unos detrás de otros con el propósito de que al final la visión del director quede plasmada en la cinta.

Para entenderlo mejor, podemos ver la siguiente entrevista al gran director Alfred Hitchcock, quien lo explica desde su experiencia haciendo cine:

 

Pero para entender el montaje es igual de importante entender el principio básico del cine, que no es otra cosa que la capacidad de engañar al espectador a través de la forma en la que se ubican los planos, algo que hoy en día parece obvio pero que hace un poco menos de un siglos no estaba tan claro hasta que el cineasta y teórico del cine, el soviético Lev Kuleshov, descubrió el efecto Kuleshov.

 

El Efecto Kuleshov

Kuleshov descubrió en 1920 que el orden en la yuxtaposición de planos de actores con otros objetos podría modificar sustancialmente el significado del mensaje.

Con este principio es que los cineastas estadounidenses empezaron a reavivar el movimiento, el dinamismo y el ritmo de las narraciones. Este cineasta fue quien llegó a la conclusión de que el plano es la unidad básica del montaje y lo explicó mediante un experimento que dio origen al efecto Kuleshov.

El soviético puso a algunos sus alumnos frente al rostro de Iván Mosjovkin, famoso actor de cine ruso del momento, seguida de tres imágenes distintas: un plato de sopa, una niña muerta y una bella mujer. Al hacerlo, a unos les mostró combinaciones diferentes, y cuando preguntó a sus estudiantes que sensación les transmitía el rostro del personaje, ellos respondieron que habían presenciado hambre, pena y deseo respectivamente, a pesar de que la expresión de Mosjovkin era exactamente la misma (ver video a continuación).

 

Con ello, el teórico del plano concluyó que lo importante es tanto el contenido de esos planos como la manera de combinarlos y que el espectador se puede engañar con dos planos haciéndole creer que han sido grabados en el mismo lugar si previamente no se ha puesto otra imagen de la situación.

De ahí sacó Kuleschov su idea de la magia del cine y de la capacidad del público de ser engañado: "Cualquier serie de planos que en ausencia de un plano de situación puede llevar al espectador a deducir todo el espacio a partir de la visión solamente de porciones de ese espacio, y cada plano debe entenderse como signo, como una letra que va a conformar palabras, frases, párrafos y narraciones completas".

 

La magia de Lynch en Eraserhead

Es así, -junto con otros elementos como la dirección de arte, la banda sonora, la composición de los encuadres y el uso de la cámara- que Lynch logra convencer al espectador de que todo lo que sucede en la pantalla; aunque no lo parezca, tiene sentido y en realidad estamos sumergidos en una horrenda pesadilla en la que las cosas que suceden no tienen aparente conexión entre sí, pero que con el uso del principio de Kuleshov pasamos del sinsentido a l verosimilitud.

El espectador, engañado por la magia del cine, pasa de una serie de imágenes en movimiento una detrás de otra a ubicarse en el mundo sombrío y aterrorizante de Henry Spencer.

Por ejemplo, en una de las escenas más escalofriantes de la película, en la que el protagonista fantasea con una chica deforme que habita en su calefacción, podemos ver cómo el director engaña al espectador haciéndole ver que, efectivamente, la chica y lo que acontece en el escenario en el que ella canta están dentro del aparato, un hecho que es imposible, pero que con el montaje se convierte en una pesadilla hecha realidad.

De la misma forma, cuando Spencer decide por fin poner fin al misterio que rodea a su horrendo hijo, todo se transforma en un momento cumbre de horror, se da la impresión al espectador de que la luz eléctrica está fallando y, mientras falla, la cabeza del bebé monstruo se hace tremendamente grande y asecha en el cuarto del personaje, aún sin que el personaje aparezca en muchos de los planos de la escena, e incluso sin la necesidad de que al momento de la grabación el actor estuviera allí presente.

Es decir que, cuando el director escogió hacer un primer plano de la lámpara fallando para luego hacer un corte a un plano más general en el que el personaje ya no está pero se alterna con oscuridad y breves momentos de luz, quienes vemos la cinta vivimos el horror del personaje y lo imaginamos ahí adentro de ese cuarto presenciando la cabeza gigante y recogido en una esquina, pero en realidad eso nunca se ve en la película y es más bien una conclusión obligada que sacamos quienes la vemos por obra del montaje que hizo el director de las imágenes.

 

Desde el inicio Lynch utilizó el montaje como poderosa herramienta narrativa y, como otro ejemplo, podemos ver que desde el inicio de la película, en la que el director nos sumerge en el mundo apocalíptico post industrial que habita el protagonista, se ambienta en una caminata de Spencer por la ciudad. Para ello, el director no dudó en grabar desde planos generales y aparentemente subjetivos en los que, a partir del montaje, deja la impresión que quiere dejar sobre la ansiedad y los miedos que genera el dicha ciudad y que junto con la banda sonora serán claves en el horror que vive el hombre con cabeza de borrador, y del ambiente de pesadilla que se generará a lo largo de la cinta:

 

Otra de las escenas clave de la película, en la que el protagonista se sienta a cenar con la familia de su exnovia -y madre de su hijo monstruoso-, se ve cómo con el montaje Lynch nos sumerge en su pesadilla audiovisual, y en donde además el espectador es engañado haciéndole creer que lo que pasa en la pantalla aunque poco verosímil en realidad está sucediendo en la pantalla. En un momento realmente difícil de digerir, Lynch pone sobre la mesa del escenario unos pollos de mucho menor tamaño que serán la proteína de la comida pero, cuando los comensales se prestan a cortar las presas la madre de la novia tiene o bien un sufrimiento directamente relacionado con el corte de los pollos, o una suerte de orgasmos producto del momento del corte.

 

Para recrear ese momento, Lynch pone varios planos en secuencia (hace un montaje) para sumergirnos en ese momento de confusión y horror: el plano general de la mesa y los personajes, el plano detalle del pollo de tamaño reducido, el primer plano del corte y el derrame de una sustancia asquerosa similar a la materia fecal y el regreso al plano general pero enfocado a la madre, quien no duda en hacer saber a todos los demás que algo muy raro sucede a la vez que cortan la comida.

Tipos de montaje

Aunque hay muchas discusiones alrededor de cuáles y cuántos son los tipos de montaje, se habla de cinco básicos: narrativo, expresivo, ideológico, creativo y poético.

En el narrativo o lineal los cineastas se limitan a narrar los hechos que acontecen en la historia de la película logrando incluso que cosas imposibles se vean reales, mientras que en el expresivo se adapta la imagen para dar sensación de mayor o menor ritmo al transcurrir de las imágenes. Tradicionalmente se usa ritmo acelerado en las aventuras y la acción, y más lento en el drama o en el suspenso; es decir, los cortes son más o menos lentos, así como la duración de las acciones antes de hacer cambio de plano.

 

El montaje creativo, por otro lado, utiliza la magia para dar cuenta de emociones a partir de símbolos, gestos, y otros elementos que, junto con la banda sonora y la fotografía, completan la intención de un director en la narración.

Un ejemplo recurrente es el suspenso logrado y el énfasis en la tensión cuando se hacen escenas wéstern y está a punto de librarse un duelo a muerte de uno contra uno por el disparo más rápido.

 

El montaje creativo, además del uso de los demás tipos de montaje, se aplica cuando el director hace alteraciones cronológicas a la narración tal como lo hace Quentin Tarantino en sus películas, algo que comúnmente se planea incluso desde el guion y la propuesta audiovisual de la película. Este aspecto ya se ha explorado cuando analizamos los saltos narrativos del director estadounidense y cómo lo ha logrado en películas como Kill Bill 1 y 2.

Ahora bien, los límites se pueden empujar aún más cuando hablamos del montaje poético, que busca además de narrar, estimular determinadas sensaciones al espectador, como el que explicamos de la escena final de Eraserhead con el bebé monstruo de Spencer.

Vale la pena aclarar que estos tipos conviven con otros más técnicos, como el montaje lineal contínuo o condensado, paralelo, rítmico y otros que se usan para dar cuenta de técnicas en montaje que se han ido desarrollando y mejorando con el paso de los años.

Entonces, ¿listo para una tanda de David Lynch en Señal Colombia? Además de Eraserhead podrás ver Mulholland Drive y Lost Highway, así que te invitamos a estar atento a nuestras redes sociales para que te programes.