Jafar Panahi es un cineasta iraní que se ha convertido en una de las voces culturales más influyentes y perseguidas de Irán. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para que, de forma constante, alce la voz contra las injusticias. En ese contexto, pidió recientemente el respaldo de la comunidad internacional a los manifestantes iraníes, quienes enfrentan una represión “brutal” por parte del Estado.
En medio de una ola de protestas que, a la fecha, ha dejado al menos 600 muertos, según una organización no gubernamental, Panahi aseguró que la población civil se encuentra indefensa.
“El pueblo iraní está indefenso hoy y, a pesar de todo, está en las calles”, declaró Jafar Panahi en entrevista con la emisora France Inter, donde denunció el uso de “armas de guerra” contra civiles y advirtió que el silencio internacional frente a la violencia estatal tendrá consecuencias históricas. “Cualquier silencio hoy, en cualquier parte del mundo, algún día tendrá que responder ante la historia”, afirmó.
“Cuando un régimen usa armas de guerra contra su propio pueblo, es decir, para causar derramamiento de sangre, no es solo para hacer que la gente se vaya a casa; por eso el pueblo necesita que la comunidad internacional les ayude y apoye”, añadió.
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De la crisis económica al desafío político
Las protestas en Irán comenzaron hace dos semanas como una reacción al aumento del costo de vida, en un país golpeado por la inflación, la devaluación de su moneda y el deterioro de las condiciones económicas. Sin embargo, con el paso de los días, las manifestaciones se transformaron en un movimiento más amplio contra el Estado teocrático que gobierna Irán desde la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al sha y consolidó el poder clerical.
Las marchas representan uno de los mayores desafíos para el liderazgo del ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, y reactivan un malestar acumulado que conecta distintos momentos de protesta en las últimas décadas: las movilizaciones contra el alza del precio de la gasolina en 2019, las manifestaciones tras la cuestionada reelección de Mahmud Ahmadineyad en 2009 y, más recientemente, las protestas masivas de 2022 tras la muerte de una joven detenida por presuntamente violar el código de vestimenta.
“Todos estos movimientos y revueltas nos han llevado a este punto. Y creo que es hora de ponerle fin”, sostuvo Jafar Panahi.

Represión, víctimas y control del poder
La respuesta del Estado ha sido una represión severa, que incluye el uso de munición real, detenciones masivas y restricciones al flujo de información. Aunque las cifras varían según las fuentes, organizaciones de derechos humanos y reportes periodísticos coinciden en que el saldo de víctimas es elevado y sigue en aumento.
Pese a la magnitud del movimiento, el futuro de Irán dependerá menos del número de manifestantes y más de posibles fracturas internas. “El abandono del aparato de seguridad y la confraternización con los manifestantes” serían factores decisivos para un eventual colapso del poder, explica el investigador Clément Therme. Por ahora, no se observan señales claras de divisiones en las fuerzas del orden ni en los Guardianes de la Revolución, el brazo ideológico y militar del Estado.
Desde el exterior, la situación también ha generado tensiones. Estados Unidos ha advertido sobre posibles medidas contundentes si continúa la represión, mientras algunos analistas no descartan que la presión combinada, interna y externa, pueda provocar cambios abruptos dentro del sistema político iraní.
Panahi: cine, censura y resistencia
Nacido en 1960 en Mianeh, Irán, Jafar Panahi es una de las figuras centrales de la nueva ola del cine iraní. A lo largo de su carrera ha retratado con crudeza y humanidad las contradicciones sociales de su país, lo que le ha valido reconocimiento internacional y, al mismo tiempo, persecución interna.
Panahi es el cuarto director en la historia en ganar los máximos galardones de los tres festivales de cine más prestigiosos del mundo: la Palma de Oro de Cannes, el León de Oro de Venecia y el Oso de Oro de Berlín. En 2025 obtuvo el principal premio de Cannes por Un simple accidente, un drama que volvió a situarlo como símbolo de resistencia cultural.
Su trayectoria ha estado marcada por arrestos, condenas judiciales y prohibiciones para filmar y salir del país, medidas que no han logrado silenciarlo. Por el contrario, su voz se ha convertido en un termómetro del clima político y social iraní.
Un llamado que trasciende el cine
Al denunciar la represión y pedir apoyo internacional, Panahi no solo habla como artista, sino como ciudadano. Su mensaje apunta a una dimensión más amplia: la responsabilidad global frente a un conflicto que ya no es únicamente económico, sino profundamente político y humano.
Mientras las protestas continúan y el desenlace sigue siendo incierto, las palabras del cineasta resumen el momento que vive Irán: un punto de inflexión marcado por el hartazgo social, la violencia estatal y la pregunta abierta sobre si esta vez la historia tomará un rumbo distinto.


