Cuenta una antigua leyenda que el diablo también terminó jugando tejo. La historia dice que intentó cerrar el paso del Boquerón de Tausa para impedir que los peregrinos de la sabana llegaran hasta la Virgen de Chiquinquirá. Sin embargo, mientras avanzaba por la cordillera, se distrajo con el juego y olvidó su propósito.
Al amanecer, se dio cuenta de que había llegado hasta Facatativá y tuvo que abandonar allí sus enormes tejos. Según la tradición, aquellas piedras dieron origen a las famosas Piedras de Tunja.
Más allá de la leyenda, el relato refleja algo que ha acompañado al tejo durante siglos, su capacidad para reunir familias, historias y territorios alrededor de un mismo juego.
El Tejo nació en Colombia
El tejo, también conocido como Turmequé, tiene sus raíces en el altiplano cundiboyacense y es considerado el único deporte autóctono colombiano. Sus orígenes se remontan al pueblo Muisca, hace más de 500 años, cuando hacía parte de celebraciones y encuentros comunitarios.
El nombre Turmequé está relacionado con el municipio de Turmequé, en Boyacá, un territorio que tuvo gran importancia como lugar de intercambio, comercio, trueque y encuentros deportivos entre comunidades indígenas.
En sus comienzos, el juego tenía un carácter ceremonial y estaba relacionado con las creencias y la organización social de los Muiscas. El disco utilizado entonces era elaborado en oro y recibía el nombre de “zepguagoscua”. Con el paso del tiempo, el juego dejó de estar reservado para determinados sectores y se convirtió en una práctica cada vez más popular.
Ese recorrido también explica por qué el tejo tiene un significado especial para Colombia, es una tradición que conecta el presente con una historia indígena que sobrevivió a los siglos y se transformó sin desaparecer.
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El Tejo, un juego que nos reúne
Quizás una de las razones por las que el tejo permanece vigente es que no exige una ocasión especial para jugarlo. Se puede practicar individualmente o en equipo, entre principiantes o jugadores experimentados, en una competencia o simplemente para pasar un buen rato. La cancha se convierte en un punto de encuentro donde desaparecen, por un momento, las diferencias entre edades, profesiones y generaciones.
Allí pueden encontrarse una familia que juega un domingo, un grupo de amigos que se reúne después del trabajo o jóvenes que descubren por primera vez un juego que sus padres y abuelos ya conocían.
El sonido del Tejo y su tradición
Hay algo particular en entrar a una cancha de tejo, el sonido de la mecha al explotar, la música de una rockola, el ambiente de competencia y las conversaciones que se cruzan entre una jugada y otra.
A esto se suman sabores profundamente ligados a la cocina popular colombiana, como la picada de gallina, el chunchullo o la pelanga. Todo hace parte de una experiencia que va mucho más allá del marcador.
Un deporte popular que se convirtió en juego
El tejo fue reconocido oficialmente como deporte nacional por el Congreso de la República en el año 2000. Desde entonces, cuenta con reglamentación, competencias y espacios destinados a su práctica.
Pero su importancia no está únicamente en los títulos o en las reglas. Está en que logró pasar de las antiguas comunidades Muiscas a las canchas contemporáneas; de un disco de oro a uno de metal; de las celebraciones indígenas a los encuentros familiares y de amigos.
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¿Cómo se juega al Tejo?
El tejo puede parecer sencillo a primera vista, tomar el disco, apuntar y lanzarlo hacia el otro extremo de la cancha. Pero detrás de cada lanzamiento hay precisión, estrategia y, sobre todo, mucha emoción.
La partida comienza definiendo quién será el primero en lanzar. Si se juega por equipos, los participantes se van turnando para que cada jugador tenga su turno. Después, uno a uno, los tejos vuelan hacia el tablero de arcilla, buscando acercarse al bocín, el pequeño aro metálico que se encuentra en el centro.
Y ahí empieza la emoción. Un buen lanzamiento puede quedar cerca del bocín y sumar puntos, pero si además logra hacer estallar una de las mechas, la celebración cambia por completo.
Conoce las reglas del Tejo
Aunque el tejo tiene un espíritu espontáneo y comunitario, también cuenta con unas reglas que organizan cada partida. La emoción comienza desde el momento en que se define el orden de lanzamiento y cada jugador se prepara para intentar llevar su tejo lo más cerca posible del bocín.
En los juegos por equipos, los lanzamientos se realizan de manera alternada. Cada participante tiene su turno y, después de que todos han lanzado, se determina quién consiguió la mejor jugada.
La puntuación se define principalmente por tres resultados:
- Mecha: 3 puntos. Se obtiene cuando el lanzamiento hace explotar una de las mechas ubicadas alrededor del bocín.
- Bocín: 6 puntos. Se consigue cuando el tejo logra entrar en el aro metálico central.
- Moñona: 9 puntos. Es una de las jugadas más celebradas: combina el acierto en el bocín con la explosión de una mecha.
También está la llamada mano, que ocurre cuando ningún jugador consigue mecha, bocín o moñona. En ese caso, el punto se lo lleva el tejo que haya quedado más cerca del bocín.
La precisión es parte del juego
Una partida puede jugarse de manera individual o por equipos y suele organizarse en chicos, generalmente a 9 puntos. Esto hace que cada lanzamiento tenga importancia y que los jugadores tengan que combinar puntería y estrategia.
La cancha tradicional tiene dos tableros enfrentados, separados por aproximadamente 18 metros. Cada tablero está construido con arcilla y tiene en el centro el bocín, alrededor del cual se ubican las mechas.
El objetivo parece sencillo: lanzar el tejo y acercarlo al bocín. Pero conseguirlo requiere práctica, calcular la fuerza y encontrar el ángulo adecuado. Cuando además se produce una explosión, la jugada se convierte en uno de los momentos más emocionantes de la partida.
Es así como en un país diverso, donde cada región tiene sus propias formas de celebrar y encontrarse, el tejo permanece como uno de esos lugares donde la historia, la amistad, la familia y la cultura popular todavía se dan cita alrededor de una cancha de arcilla.



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