El fútbol sala, la pasión y el progreso de Edwin Ávila


24 / 11 / 2015
El fútbol sala, la pasión y el progreso de Edwin Ávila
El fútbol sala, la pasión y el progreso de Edwin Ávila
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Le encanta lo que hace, es apasionado por el fútbol sala e irradia felicidad cuando está con sus compañeros. Cada vez que tiene la posibilidad los aconseja. Su experiencia en este deporte – hace parte del equipo profesional de Deportivo Campaz de la Liga Argos – le dan el rótulo de referente.

Así es Edwin Ávila, quien integra la escuadra vallecaucana que participó en los IV Juegos Paranacionales. Triunfar en cualquier deporte es cuestión de ganas, y a Edwin le sobran. “Hacer las cosas bien y entrenar todos los días es fundamental”, dice Ávila.

Edwin Ávila (izq)

Por eso, no se pone límites en la vida y supera cualquier obstáculo. Comenzó a practicar fútbol sala hace más de nueve años en Cali con el equipo Campaz. Sus condiciones técnicas lo ayudaron a sobresalir rápidamente. Era tan bueno, que el técnico Andrés Campaz se dio cuenta de que poseía las condiciones necesarias para llegar al profesionalismo a pesar de que no pudiera comunicarse fácilmente con sus compañeros. Edwin es sordo profundo bilateral, es decir no escucha el 99 por ciento por sus oídos.  

El entrenador de Indervalle me conoció en la liga hace 7 años. Ahí me escogió para trabajar en el torneo Argos y desde el 2014 estoy conellos. Fue una gran oportunidad y desde el primer momento sabía que no podía dejarla pasar”, recuerda el vallecaucano de 24 años.  

El deporte se convirtió en una opción de progreso en Colombia, y más cuando existe el espíritu de superación. Este es el ejemplo de Edwin Ávila quien es consciente de que es un ejemplo para los demás.

“Para nosotros es muy importante participar en este tipo de eventos y esperamos ser campeones otra vez, aunque no será fácil porque hay rivales muy buenos. Estoy feliz, es un gran logro estar acá. Todos depositan la confianza en mí por la experiencia que tengo”, expresa.

Edwin tiene como costumbre saludar al público al término de cada partido, no importa que no pueda escucharlo. Junto con sus compañeros levantan las manos, recogen tres de sus dedos y solo dejan arriba el meñique y el pulgar, símbolo de felicitación en su lenguaje de manos. Con una sonrisa de oreja a oreja se despiden y saben que lo mejor está por venir.