¿Por qué EE. UU. investigaba ovnis en la Guerra Fría?


David Jáuregui Sarmiento
21 / 12 / 2020
Serie

Proyecto libro azul

Próxima emisión

Sábado, 13 Marzo 9:00 pm

Ovnis
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La serie Proyecto Libro Azul cuenta la historia de un científico cuya misión es determinar si los onvis son una amenaza para la seguridad de Estados Unidos a mediados del siglo XX.

La trama de la serie, sin embargo, no es solamente un cuento sacado de la imaginación de un escritor, sino una recreación ficcionada de un proyecto militar estadounidense real.

Según BBC Mundo, el proyecto Libro Azul fue creado 1947 y duró hasta 1969. En ese tiempo un grupo de personas investigó más de 12 mil supuestos avistamientos de ovnis.

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial los ovnis eran un tema de discusión en los niveles superiores del gobierno estadounidense. La pregunta que surge es ¿por qué un Gobierno de una potencia se prestaría para investigar teorías conspirativas?

La respuesta está en la historia.

El origen del Proyecto Libro Azul

No se trata de que un alto funcionario creyera en la vida extraterrestre. Por la época en que surgió el proyecto el mundo vivía fuertes tensiones geopolíticas en las que el espionaje, la tecnología y la capacidad armamentística eran factores de primera importancia para las potencias.

Es así que, para algunos, desde la carrera espacial por llegar a la luna y posicionarse fuera de la órbita terrestre, hasta invenciones como internet, respondieron más a desarrollos que buscaban demostrar superioridad de unos sobre otros más que a intereses por el avance de la humanidad.

La cortina de hierro

El fantasma del comunismo acechaba Europa, y de acuerdo con los Estados Unidos, a todo el mundo occidental. Desde 1949, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, el mundo vio con sorpresa que una cortina de hierro dividía el mundo.

Para derrotar al nazismo se necesitaron las fuerzas de la Unión Soviética, Inglaterra, Estados Unidos y las resistencias europeas de los países invadidos. Sin embargo, a las potencias involucradas les tomó menos tiempo retomar el control de Europa que volverse a ver con desconfianza.

Así, Wiston Churchill, el máximo líder inglés por aquella época determinó que sobre el continente europeo se había abatido una cortina de hierro, para señalar lo que él consideraba la nueva gran amenaza bélica: el expansionismo comunista.

Esta "cortina" entre la Europa comunista (oriental) y la occidental fue aparentemente concebida por los dirigentes soviéticos para frenar la ideología occidental (capitalista). Con el tiempo se materializó progresivamente para frenar las fugas de ciudadanos hacia Occidente.

Dicha cortina constaba de alambradas, fosas, muros de cemento, alarmas eléctricas, instalaciones de disparos automáticos y minas, que se extendía a lo largo de miles de kilómetros por Europa, lo que empezó a convertir el mundo en un planeta paranoico a punto de estallar en guerra nuevamente.

Nuevo orden mundial

El mundo, entonces, quedó dividido en dos bloques: el comunista de la Unión soviética de buena parte del mundo oriental, y el capitalista que dominaba el mundo occidental.

La política no se hizo esperar y de cada lado los líderes políticos sumergieron a sus poblaciones en el miedo de unos por los otros, y a cada parte le tocó elegir bando: serías comunista o serías capitalista... aún si no supieras bien de qué iba cada cosa.

Esto empezó a alborotar los ánimos y pronto las grandes naciones se vieron sumergidas en una guerra silenciosa y llena de misterios.

La Guerra Fría

Aquí es donde proyectos como el del Libro Azul, que hoy en día podrían sonar ridículos, se hicieron realidad. La bomba atómica demostró que el avance tecnológico y bélico se medía en la capacidad de utilizar la ciencia para destruir al enemigo, y aunque la Segunda Guerra Mundial había terminado, el mundo pronto se sumergió en otra igual de peligrosa.

Si bien las grandes potencias, ni el mundo, estarían dispuestos a poner otra vez varias generaciones de sus países al servicio de la muerte, empezaron campañas de todo tipo para demostrar su superioridad sobre el otro bando, así como para desestabilizar a sus enemigos. A esta tensión, movidas de cada bloque y casi todo lo que sucedía se le conoció como la Guerra Fría.

Los juegos políticos, el espionaje, las conspiraciones, los desarrollos científicos y sobre todo la investigación bélica fueron convirtiéndose en el principal interés de cada bloque (el comunista y el capitalista), por lo que cualquier cosa que pareciese extraña era motivo de investigación.

Desde luego, el fenómeno ovni no fue la excepción, como pasó con el Proyecto Libro Azul. El mundo temía una debacle nuclear antes que una guerra y la paranoia iba desde las conspiraciones para desestabilizar a cada potencia como el temor por el desarrollo de nuevas armas que pudieran, por ejemplo, invadir el espacio aéreo sin ser autorizadas o descubiertas.

De ahí que el gobierno de la potencia norteamericana hubiese decidido investigar con mucha seriedad cualquier aeronave desconocida en su espacio aéreo. Sin embargo, el misterio nunca acabó, pues varias de las investigaciones no llegaron a buenas conclusiones y las especulaciones no se han hecho esperar.

Si bien este programa de la Fuerza Aérea estadounidense terminó en 1969, la fascinación que producen los ovnis sigue viva. Durante más de 5 décadas, decenas de curiosos, escritores y teóricos conspiranoicos han estudiado los documentos desclasificados del Proyecto Libro Azul.

En 2015 el historiador aficionado John Greenwald publicó en internet más de 100 mil páginas de documentos oficiales, que dejó ver la gran dimensión que tuvieron esas investigaciones en una época de tensión política.

Guerra fría