Petro y Trump protagonizaron un encuentro diplomático marcado por un gesto simbólico de alto valor cultural: la entrega de un jaguar tallado por un artesano amazónico, una obra que llevó a la Casa Blanca la memoria, la espiritualidad y la soberanía de los pueblos indígenas de Colombia.
Petro y Trump: un encuentro diplomático atravesado por la cultura
Durante la visita oficial del presidente Gustavo Petro a Washington, realizada el 3 de febrero de 2026, y en el marco de su reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un objeto concentró la atención más allá de los discursos y las agendas políticas. Se trató de un jaguar tallado en madera, obra del maestro artesano amazónico Marcelino Chasoy, entregado como regalo oficial del Estado colombiano.
En el contexto del primer encuentro oficial entre Petro y Trump, esta pieza trascendió el protocolo diplomático para convertirse en un mensaje cultural que puso en diálogo la política internacional con los saberes ancestrales de los pueblos indígenas de la Amazonia colombiana.
El jaguar: símbolo ancestral que viajó con Petro y Trump
Para las comunidades indígenas amazónicas, el jaguar es una figura central de su cosmovisión. Representa fuerza, poder y valentía, pero también conocimiento espiritual y conexión con el territorio. Según explica Marcelino Chasoy, esta figura no es decorativa:
Es un pensamiento que viene de la tradición.
Desde tiempos ancestrales, el jaguar ha sido tallado en madera como una expresión espiritual. En la cosmovisión indígena, incluso, se cree que un taita chamán con amplio conocimiento puede transformarse en jaguar durante las ceremonias sagradas del yagé, lo que refuerza su carácter sagrado y su vínculo con el equilibrio entre el mundo material y el espiritual.
Que este símbolo haya sido el elegido para representar a Colombia en el encuentro entre Petro y Trump da cuenta de una diplomacia que reconoce el valor de la cultura como lenguaje político y como expresión de identidad nacional.
Arte, naturaleza y territorio: el proceso detrás del jaguar
La obra entregada en Washington no solo encarna un simbolismo ancestral, sino también una relación ética con la naturaleza. Desde hace seis años, el taller de Marcelino Chasoy trabaja exclusivamente con madera proveniente de árboles que han cumplido su ciclo de vida o que han caído por causas naturales, reafirmando un compromiso con la protección del territorio.
El jaguar fue tallado en madera de sauce en un proceso colectivo junto a su hermano Juan Carlos Chasoy. Tras el tallado inicial, la pieza pasó por un secado natural de tres meses, la aplicación de inmunizantes artesanales y, finalmente, la colocación manual de chaquiras, una a una, siguiendo los colores y símbolos propios de su comunidad. En total, la obra requirió 63 días de trabajo cuidadoso y colectivo.
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Petro y Trump: diplomacia, soberanía y resistencia cultural
Que el presidente Gustavo Petro haya elegido esta pieza para entregarla a Donald Trump no fue una decisión fortuita. En el contexto del encuentro entre Petro y Trump, el jaguar funcionó como una declaración política y cultural: una defensa de la soberanía entendida no solo desde el Estado, sino desde los pueblos que habitan y protegen el territorio.
Para Marcelino Chasoy, el gesto representa un honor y una responsabilidad:
No solo represento a mi comunidad, sino a los artesanos de toda Colombia.
La visibilidad internacional de esta obra impulsa el reconocimiento de los procesos culturales que sostienen la identidad, la economía y la vida en los territorios indígenas.
Un mensaje que trasciende fronteras
Más allá del protocolo diplomático, el jaguar que acompañó el encuentro entre Petro y Trump llevó consigo un mensaje claro al mundo: la defensa de la vida pasa por la protección de la naturaleza y el reconocimiento de los saberes ancestrales. Chasoy señaló:
Somos guardianes de la Amazonía; proteger la naturaleza es una forma de vivir en equilibrio y en paz.
Tallado en madera y adornado con chaquiras, el jaguar se convirtió así en un símbolo de resistencia, memoria y futuro. Un recordatorio de que el arte indígena no solo preserva la historia, sino que también tiene la capacidad de dialogar con el poder global y de colocar la cultura en el centro de las relaciones internacionales.


