El 29 de septiembre de 1964, Mafalda apareció por primera vez en las páginas del semanario argentino Primera Plana. Quino había creado al personaje un año antes para una campaña publicitaria que nunca llegó a realizarse, pero aquella niña curiosa terminó encontrando otro destino. La tira se publicó hasta 1973 y cruzó rápidamente las fronteras argentinas. Su permanencia no se explica solo por la nostalgia, Mafalda convirtió las preocupaciones del mundo adulto en preguntas sencillas que podían aparecer durante el desayuno, frente al televisor o en una conversación familiar.
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Mafalda, la que preguntaba lo que los adultos no podían resolver
Tenía seis años, odiaba la sopa y se preocupaba por asuntos enormes como la guerra, el hambre, el racismo y la injusticia social. Esa combinación fue una de las claves de Quino. En lugar de construir largos discursos políticos, llevó los grandes conflictos de su tiempo a escenas cotidianas protagonizadas por niños.

Por eso, la política en Mafalda no necesitaba ocurrir en un parlamento. Estaba en la casa, en la escuela, en los roles asignados a hombres y mujeres, en las diferencias económicas entre familias y hasta en la manera de consumir información. La propia obra oficial de Quino destaca que el personaje cuestionó las desigualdades que afectaban a las mujeres tanto en el espacio público como en la vida cotidiana.
Los demás personajes ampliaron esa mirada. Susanita soñaba con casarse y tener hijos, Manolito estaba fascinado con el dinero y el negocio familiar, Felipe vivía entre sus obligaciones y su imaginación, mientras Libertad llevaba las discusiones políticas hasta su nombre. Más que acompañantes, funcionaban como pequeñas representaciones de formas distintas de entender la sociedad.
Mafalda cambió de época, pero sus preguntas siguen aquí
Quino dejó de publicar nuevas tiras de Mafalda en 1973. Eso significa que buena parte de las viñetas que todavía circulan fueron dibujadas hace más de medio siglo; sin embargo, las temáticas que aborda siguen haciendo que sus preguntas encuentren nuevos lectores. La historieta llegó a decenas de países y fue traducida a 26 idiomas.
Ahí está buena parte de su fuerza como ícono de la cultura popular latinoamericana. Mafalda habla desde Argentina, pero sus preocupaciones nunca quedaron encerradas allí. Quino encontró en una familia de clase media, un grupo de amigos y unas pocas viñetas la manera de hablar de problemas compartidos por distintas generaciones.
Tal vez por eso Mafalda sigue apareciendo en libros, exposiciones, redes sociales y conversaciones cotidianas. No porque tenga respuestas para el presente, sino porque conserva algo más difícil de envejecer, la costumbre de mirar un mundo lleno de contradicciones y preguntar por qué las cosas tienen que seguir siendo así.



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