En el imaginario colectivo, la figura del monstruo ensamblado con partes humanas y traído a la vida por un rayo pertenece al cine clásico de terror. Sin embargo, detrás de una de las criaturas más emblemáticas de la cultura popular se encuentra la mente brillante y visionaria de una joven británica: Mary Shelley.
A comienzos del siglo XIX, en una época dominada por voces masculinas, Mary Wollstonecraft Shelley no solo concibió una de las historias más influyentes del romanticismo gótico, sino que fundó un género entero: la ciencia ficción moderna.

La chispa creativa de Mary Shelley: una pesadilla que cambió la literatura
La génesis de su obra cumbre, Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), es tan célebre como el relato mismo. Durante el lluvioso "año sin verano" de 1816, en una villa junto al lago Ginebra, Mary Shelley, su esposo Percy Bysshe Shelley y el poeta Lord Byron compartieron lecturas de historias de fantasmas y se desafiaron a escribir el relato más aterrador.
Inspirada por una vívida pesadilla a sus 18 años y por los avances científicos de la época, como los experimentos de galvanismo y estimulación eléctrica en la materia orgánica, Shelley ideó la historia de Víctor Frankenstein y su creación. A diferencia de los relatos de terror de la época, la magia o las fuerzas demoníacas no tenían espacio en su propuesta: la ciencia y la ambición humana eran los verdaderas detonantes del horror.
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Las 3 grandes claves del legado de Mary Shelley
Cuestionamiento a la ética científica: En pleno auge de la Revolución Industrial, Shelley planteó dilemas morales sobre la manipulación de la vida y las consecuencias de jugar a ser Dios que siguen vigentes en la era de la inteligencia artificial y la genética.
La verdadera monstruosidad y el rechazo social: Frankenstein no es solo una historia de miedo, sino un tratado sobre el aislamiento y el abandono. El "monstruo" no nace malvado; es el rechazo cruento de la sociedad y de su propio creador lo que lo empuja hacia la tragedia.
Visión apocalíptica y distópica: Más allá del titán gótico, en su novela El último hombre (1826), Shelley fue pionera en explorar temas de pandemias globales y la eventual extinción humana, sentando las bases de la narrativa postapocalíptica contemporánea.


