Ser o no ser vegano


David Jáuregui Sarmiento
02 / 10 / 2018
Ganado en el corral. Foto tomada de internet.
Ganado en el corral
0

Tomar decisiones en torno a la alimentación se ha hecho importante hoy en día, por ejemplo, preguntándose si reducir parcial o totalmente el consumo de productos de origen animal pero, ¿qué otras implicaciones trae el veganismo?

Esta discusión es un tema recurrente entre quienes han tomado -de manera informada- la decisión de hacerse vegetarianos o veganos o de, por lo menos, adentrarse en el mundo del consumo responsable, que contempla que efectivamente el estilo de vida en la actualidad compromete mucho más que el simple consumo, pero que es una tarea en común que puede resolverse también moderándose sin necesidad de abandonar productos como las carnes o los lácteos, por ejemplo.

Un caso frecuente de discusión entre quienes toman una u otra posición frente a la costumbre del veganismo o el vegetarianismo está relacionado con la salud de cada quién, el compromiso ético con otras vidas o incluso sobre la responsabilidad del estilo de vida excesivamente consumista -y a veces innecesario- con miras a la sostenibilidad del planeta que habitamos.

 

Ser o no ser, esa es la cuestión

Los argumentos de quienes han decidido abandonar las carnes y convertirse en vegetarianos, según exponen varias páginas especializadas como Blogsostenible, el diario deportivo As, o incluso la página especializada en el mundo de los corredores Runners World aluden a varios factores de salud, un motivo que es difícil de rebatir pues, aunque no es obligación de nadie, cuidar el cuerpo para evitar enfermedades complicadas nunca está demás:

  • Reducción de la presión arterial
  • Menores posibilidades de desarrollar cáncer colonorectal
  • Reducción de patologías relacionadas con el corazón
  • Disminución de riesgo de diabetes,

 

De la misma forma, otro argumento ampliamente discutido y difundido se relaciona con la responsabilidad y la ética que corresponde al consumidor, especialmente en lo que refiere al daño ambiental que genera el estilo de vida no vegano o vegetariano, así como el compromiso ético con no afectar la vida de los animales ya que, como es bien sabido, durante los procesos industriales de producción de cárnicos por su naturaleza industrial somete a los animales a vidas de sufrimiento en condiciones de hacinamiento, encierro y al terrible destino de ver su muerte venir sin posibilidad de hacer algo al respecto.

“Aproximadamente el 20% de la humanidad accede diariamente a un 40% más de los alimentos necesarios, mientras que un 40% de la humanidad tampoco está muy sano porque ingiere un 10% diario menos de lo imprescindible. Otros casi 500 millones pasan hambre crónica. Los científicos Nebel y Wrigth resaltan que el mundo produce alimentos de sobra, pero que los alimentos 'fluyen en la dirección de la demanda (económica), no de las necesidades nutricionales'. Y mientras en los países ricos se tira comida, los países pobres venden a los ricos sus materias primas: café, caucho, carne, algodón, té, frutos… o cacao, a veces explotando a niños” explica el autor del artículo Razones para ser veganos, vegetarianos o flexitarianos en Blogsostenible.

 

En todo caso, como en cualquier tema que ocupa las redes sociales y las coyunturas de discusión social, quienes no se adhieren a dicho estilo de vida -salvo quienes no les interesa ni un poco la discusión- tienen sus propios puntos de vista ante este estilo de vida y también presentan argumentos en contra.

Por un lado, el primer contraargumento que se presenta, de acuerdo a publicaciones como Por qué dejé de ser vegano en la cadena inglesa BBC, explica que aunque es un consenso sobre las bondades para la salud del veganismo, no todos los cuerpos funcionan igual y, mientras unos logran mantenerse a flote nutricionalmente sin las carnes (bien sea de res, pollo, pescado, etc), otros les cuesta más trabajo y la conversión radical puede resultar en otras condiciones médicas como fatiga o menor tolerancia al estrés.

El artículo de la BBC encontró varios casos en los que personas que habían sido veganas durante años dejaron el hábito -al menos parcialmente- por diferentes motivos, incluso problemas de salud.

De acuerdo con el artículo, en Inglaterra entre 2006 y 2016 la población vegana o vegetariana aumentó 350%, entre ellas Estelle Silver. La investigación relata, entre varios casos, cómo inicialmente Estelle estaba contenta con el cambio porque le mejoró la piel, pero con el tiempo se notó más cansada y más incapaz de lidiar con el estrés.

 

"Cada vez que salía era un manojo de nervios. Casi no era capaz de hablarle a la gente y me quedaba pegada a mi novio de entonces (…) nunca hice la conexión con la dieta y la seguí estrictamente porque éticamente me sentía mucho mejor no dándole mi apoyo a la industria de la alimentación animal, además de que estaba convencida de que llevaba una dieta saludable", dijo a la BBC la mujer.

El panorama cambió cuando le diagnosticaron síndrome de fatiga crónica, una condición también conocida como encefalomielitis miálgica; en un grupo de apoyo le dijeron que comer carne y pescado podría aliviar sus síntomas. Y dio resultado.

En contraste, revistas especializadas como Desde la raíz, explican que está demostrado que no dependemos de la carne para vivir, aunque sí es importante asesorarse muy bien de nutricionistas y llevar un estricto control de lo que necesitamos consumir para mantenernos saludables, pues los cambios drásticos pueden resultar peor que la cura.

En algunos portales guías se habla, en cambio, de “flexitarianismo”, una forma responsable de evitar el consumo de carnes sin eliminarlas del todo, reduciendo al mínimo su consumo para responder a las complicaciones éticas que plantea el consumo de carne.

 

La doctora Montserrat Rodríguez, médico nutricionista, se define a sí misma como flexitariana y recomienda este tipo de régimen a sus pacientes. ‘Estaba en la búsqueda de un estilo de alimentación que me ayudara a perder peso y a mejorar mi calidad de vida: a estar menos cansada, a solucionar los problemas hormonales que tenía, etcétera (…) las carnes rojas, los derivados lácteos, los alimentos procesados (harinas, grasas, enlatados) le hacen daño al cuerpo humano. Cuando comemos más vegetales y frutas, inmediatamente se ven los resultados: uno se empieza a desintoxicar, a sentirse mucho mejor. Bajo esa premisa, parecía que el vegetarianismo era la clave, pero a mí me seguía haciendo falta la proteína animal. Por eso entiendo a quienes acuden a mi consulta’”, destacó Eulimar Núñez en el artículo El flexitarianismo, la forma más verde de comer carne para la BBC mundo.

Por otro lado, publicaciones en diarios como El confidencial de Madrid (España) o el ABC, del mismo país, han destacado opiniones de contradictores que destacan que existe la posibilidad de que ser vegano o vegetariano no sea posible. Algunos de los argumentos esgrimidos están relacionados con que si bien las plantas son una fuente de alimento vegetal, estas sí se alimentan de nutrientes de la tierra que provienen tanto de plantas como de animales en descomposición.

 

 

Ahora bien, sin importar quién tiene la razón, es importante destacar que el veganismo no está relacionado solamente con los hábitos alimenticios y algunas personas adheridas a este movimiento no sólo piensan el veganismo como una forma de comer, sino toda una responsabilidad con otras vidas, incluyendo las vidas humanas.

“Por un lado, tomé la decisión de hacerme vegana porque me empezó a parecer mal consumir otros cuerpos sin que mi cuerpo lo necesitara en realidad. La idea del veganismo es reducir al máximo el consumo animal dentro de lo posible, porque por ejemplo qué se puede hacer con medicamentos que hayan sido probados con animales, no se trata de dejar de vivir dignamente, sino reducir el daño al máximo. La forma en la que está organizada nuestra economía, por ejemplo, no justifica que yo consuma carne, porque digamos, no hago parte de una comunidad que vive exclusivamente de la caza, sino que bien puedo acercarme a un mercado a comprar lo que necesito para vivir sin hacer ningún daño a otra vida”, afirmó Daniela Marín a Señal Colombia, quien lleva cerca de cinco años siendo vegana.

Marín agregó: “Siempre me pregunto cuál es el límite que existe sobre los demás cuerpos y yo sé que muchas veces no tengo que transgredir ese límite para asegurarme mi supervivencia, por tanto, no hay razón ética para tener potestad sobre otras vidas. Y, además, esto aplica en general para todo el consumo, en el veganismo no sólo evitamos también lácteos y huevos, sino hay una preocupación por el consumo en general: por ejemplo, se evita también comprar productos de lana u otro tipo de bienes que no sólo no es necesario, sino que daña a otros seres vivos, incluyendo gente trabajando en maquilas, por ejemplo. El vegetarianismo piensa más que todo en el sufrimiento animal y en asuntos de salud”.