¿Todos los colombianos compartimos la misma colombianidad?


David Jáuregui Sarmiento
20 / 12 / 2018
Imagen del capítulo "Bandera" de Los Puros Criollos.
Imagen del capítulo "Bandera" de Los Puros Criollos.
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Los puros criollos vuelve para su quinta temporada con toda una nueva dosis de capítulos que estudian los elementos del ser colombiano más puro. Sin embargo, cuando pensamos en colombianidad y en ser colombiano a veces creemos que es lo mismo, y la verdad es que son dos cosas independientes: ¿sabes en qué se diferencian?

El éxito que ha tenido Los Puros Criollos en Colombia ha demostrado que si hay algo que disfrutamos los colombianos es conocernos a nosotros mismos.

Los premios India Catalina y Televisión América Latina (TAL), entre otros, son muestra de que no solamente nos encanta reconocernos en las pantallas como una comunidad nacional, sino que sabemos que tenemos algo especial que debe ser contado.

Los Puros Criollos - 5ta temporada

A partir del 16 de enero, 7:00 p. m.

 

Por eso vemos en el programa todo tipo de elementos simbólicos y hasta productos nacionales que se han convertido en emblemas de lo que significa ser colombiano, pues cualquiera de esos elementos está relacionado de alguna manera con un colombiano: bien sea por el gusto por el Chocoramo, por la adoración de una persona o un familiar al Divino Niño, las prendas y la forma de vestir, o simplemente la pasión por nuestra comida típica.

En otras palabras, Los Puros Criollos trae a nuestras pantallas un resumen de todo aquello que compartimos de alguna manera todos los colombianos y, por tanto, todo aquello que nos hace colombianos.

 

Sin embargo, ¿qué pasa si algunas o ninguna de esas características de las que habla la serie no genera algún sentimiento en un colombiano? ¿Estaríamos hablando de un colombiano sin identidad colombiana? ¿Se trataría de un ciudadano que desprecia su país o simplemente vive su colombianidad de forma diferente?

 

¿Qué diferencia ser colombiano de vivir la colombianidad?

En su forma más pura, –que es la consignada en la Constitución Política de Colombia– para ser colombiano no hay más que dos condiciones: por nacimiento de padres colombianos o extranjeros domiciliados en el país, o por adopción.

Esto quiere decir que nacer hijo de padres naturales o ciudadanos colombianos hace a un colombiano inmediatamente colombiano, o también si un extranjero por solicitud o adopción de padres colombianos decide hacerse colombiano.

Una vez esto ocurre, una persona goza de todos los derechos y deberes de alguien que es colombiano, pero esto no lo obliga a vivir la colombianidad o, en otras palabras, a asumir la identidad nacional.

 

La colombianidad está más relacionada con la identidad que genera hacer parte del país que con ser o no ser colombiano, de tal manera que alguien que no esté relacionado con nuestra gente bien puede identificar cuáles son esos elementos que caracterizan a la mayoría de colombianos y que son el alimento de las cinco temporadas que hasta el momento se han producido de Los puros criollos.

Sin embargo, según los estudiosos, la colombianidad no es una identidad que permanezca igual en el tiempo, va más allá de los elementos característicos y tiene horizontes en determinados momentos históricos dentro de los cuáles todas esas cosas que se destacan en Los Puros Criollos se mantienen, pero se interpretan de forma diferente.

 

“Antes que de ‘colombianidad’, se hablará más bien de regímenes de colombianidad, entendiendo con ello los dispositivos históricamente localizados y siempre heterogéneos, que buscan unificar y normalizar a la población como ‘nacional’, al mismo tiempo que producen diferencias dentro de ésta. Tales regímenes generan distintas políticas de la unidad, de las identidades y de las diferencias”, explican los académicos Santiago Castro Gómez y Eduardo Restrepo en el libro Genealogías de la colombianidad.

De esta manera ya podemos afirmar que los elementos que nos hacen colombianos como nuestra música y gastronomía autóctonas, la adoración a símbolos religiosos como el Divino Niño, el amor a los símbolos patrios como el himno o la bandera, el aliento inconmensurable a la selección nacional de fútbol y los deportistas nacionales, nuestros escritores y artistas, solamente son dispositivos con los que nos sentimos identificados, pero no todo lo que constituye la colombianidad.

 

Vivir la colombianidad es un sentimiento en común con todos los demás alrededor de estos símbolos, pero también es cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo nos representamos frente a los demás o, en resumidas cuentas, cómo nos auto representamos.

“Es la manera en que los colombianos se ven a sí mismos: se construye a partir de las actitudes comunes, características comunes, construcciones simbólicas comunes, tradiciones, mitologías comunes, mitos fundacionales históricos comunes y, en fin, todos esos elementos que constituirían la comunidad imaginada para hacer una nación (...) es, además, un sentimiento. Ser colombiano, diría la colombianidad, despierta un sentido de identidad que va más allá de la simple identidad nacional: no solo se exalta pertenecer al país sino, precisamente, todo eso que significa hacer parte del grupo llamado colombianos”, se explica en el texto académico Las películas de la colombianidad durante el momento de la Seguridad Democrática.

 

¿Cómo se vive la colombianidad en la actualidad?

Quienes más han estudiado la colombianidad piensan que, aunque cada quien la vive como mejor le parezca, depende mucho de la época que vive el país. Un ejemplo que han identificado los estudios culturales colombianos es a través de la música.

En la música colombiana podemos identificar cómo se vivía la colombianidad en algún momento particular y, para este ejemplo, vamos a tomar el momento que por consenso en la academia fue el más importante para la colombianidad en los últimos años: la colombianidad nacionalista y amante de las diferencias regionales pero a la vez de las características comunes aceptadas como algo irrefutablemente bello y único en el mundo.

Hace menos de dos décadas era común que se reprochara a las nuevas generaciones de músicos su fijación con las modas globales y su desconocimiento o desinterés por las tradiciones locales. Con la Nueva Música Colombiana este fenómeno pareció invertirse.

David García González, autor del texto Bandas sonoras de la colombianidad.

De acuerdo con el académico David Fernando García González, autor del texto Bandas sonoras de la colombianidad, una característica que adquirió la música en Colombia a mediados de la primera década del 2000 fue una nueva visión de la música estrechamente relacionada con la riqueza musical del pasado pero renovándola y potenciándola a partir del nuevo momento nacionalista.

“Hace menos de dos décadas era común que se reprochara a las nuevas generaciones de músicos su fijación con las modas globales y su desconocimiento o desinterés por las tradiciones locales (J. C. Garay, 2001). Con la Nueva Música Colombiana este fenómeno pareció invertirse, o al menos matizarse. ¿Cómo se dio este giro radical? (...) Poco a poco ese “traer la tradición al presente” se convirtió en una de las pautas dominantes de la producción musical en Colombia, especialmente entre jóvenes músicos urbanos. Tal vez el caso de Ondatrópica ayude a entender mejor este fenómeno”, afirmó García González en su estudio.

 

Con este ejemplo, González identificó que el guiño a la tradición en su música no consistió simplemente en poner a tocar juntos a músicos de diferentes generaciones, sino que compusieron los temas colectivamente y grabaron el disco en los míticos estudios del sello Discos Fuentes en Medellín, con técnicas y equipos característicos del sonido análogo, el mismo que marcó la edad dorada de la música tropical colombiana.

Precisamente, como señalan los colombianistas previamente mencionados en sus investigaciones, en los primeros años del nuevo milenio el país viró su colombianidad hacia el reconocimiento de todo lo bueno que habíamos reunido en años atrás, para dejar en el pasado la imagen de país consumido por la cultura narcotraficante y más como un sitio casi del realismo mágico de García Márquez que fue además promocionado así por todo el mundo por la marca país Colombia es pasión.

Antes de esta época la colombianidad estaba sumida en una suerte de pesimismo sobre lo que significaba ser colombianos, más allá de todos los símbolos culturales que nos unen como nación y que son de los que Santiago Rivas habla en Los puros criollos.

 

Antes del último gran vuelco de la colombianidad que vivimos hoy en día, en la que destacamos nuestra diferencia frente al mundo como lo mejor y lo más bello que tenemos, la autorepresentación era de pesimismo, de una cotidianidad violenta, corrupta, y en la que ni siquiera habían suficientes triunfos del pasado para generar sentimiento positivo de colectividad.

Ese tipo de temáticas las podemos ver reflejadas en manifestaciones culturales como el cine, que se conocía despectivamente antes de la nueva colombianidad como pornomiseria, pero que a pesar de su incomodidad también era el reflejo de las preocupaciones de los artistas nacionales sobre la realidad país.

En la actualidad, en cambio, a pesar de las decepciones que trae constantemente la política nacional, el país ha llegado a vivir su colombianidad de una manera menos pesimista y más consciente de los valores y aquellos elementos positivos que nos unen; por ejemplo, hoy en día se habla más de la amabilidad y la generosidad del colombiano que de la "malicia indígena" que ayudó a los narcotraficantes como Pablo Escobar a ser reconocidos en todo el mundo y, con ellos, a Colombia.

 

De esta manera, una forma de vivir la colombianidad es sentirse orgullosos de todos nuestros símbolos culturales, pero también comportándonos con la decencia y la moral que caracteriza nuestras costumbres en el exterior para que el reflejo de nosotros sea nuestro país, apoyando los artistas nacionales y los medios públicos, o simplemente llevando a cualquier lugar del mundo la alegría que nos caracteriza y no nuestras malas costumbres.

Se vive la colombianidad cuando alguien habla de los malos momentos de la década del 80 y se acepta como algo del pasado, pero que también exalta lo bueno del presente, de la búsqueda de un país en paz y con más prosperidad que dolores patrios.

 

Ahora que lo sabes, cuéntanos en nuestras redes ¿cómo vives tu la colombianidad?