Las mujeres rurales mantienen viva la práctica de Siembra de Agua.
Mujeres rurales de Boyacá siembran el agua para cuidar la vida
15 / 10 / 2026

Mujeres rurales de Boyacá siembran el agua para cuidar la vida


Por Señal Colombia
Señal Colombia
15 / 10 / 2026
Las mujeres rurales mantienen viva la práctica de Siembra de Agua.
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Para las comunidades de Boyacá y especialmente para las mujeres rurales, el agua es fuente de vida, memoria y tradición, que representa un vínculo profundo con su territorio. 

Por eso, en municipios como Mongua y Gámeza, las mujeres campesinas se reúnen para mantener viva una tradición que han aprendido de sus antepasados, la siembra del agua, una práctica ancestral que combina la espiritualidad, los conocimientos transmitidos entre generaciones y el compromiso de proteger las fuentes hídricas. 

En la vereda Guantó, en el municipio de Gámeza, esta experiencia convoca a mujeres, lideresas y habitantes del territorio que comparten sus historias, dialogan sobre el cuidado del agua y reconocen la importancia de proteger los ecosistemas que hacen posible su disponibilidad. 

Más que una ceremonia, la siembra del agua es una oportunidad para encontrarse, escuchar a las abuelas y fortalecer el compromiso colectivo con la naturaleza. 

¿Qué es la siembra del agua y cómo surgió? 

Siembra de Agua

La siembra del agua es una práctica tradicional que busca honrar y cuidar las fuentes hídricas a través de rituales, elementos simbólicos y acciones comunitarias relacionadas con la protección del territorio y entorno a la fe. 

Sus antecedentes se remontan a prácticas de pueblos indígenas del altiplano cundiboyacense, documentadas desde la época colonial. Estas tradiciones se relacionan con las formas en que las comunidades comprendían y honraban el agua como parte esencial de la vida. 


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Con el paso del tiempo, algunas comunidades campesinas incorporaron elementos de la tradición católica, como las oraciones, el agua bendita y las peregrinaciones a santuarios religiosos. Así, la práctica reúne diferentes expresiones de espiritualidad, memoria y relación con la tierra. 

En Mongua y Gámeza, las mujeres han impulsado la recuperación de esta tradición como una manera de fortalecer el vínculo con sus ancestros y promover el cuidado del agua en sus territorios. 

Su participación también permite reconocer el papel que desempeñan las mujeres rurales en la vida cotidiana, muchas de ellas gestionan el agua para el hogar, preparan los alimentos, cuidan a sus familias y transmiten conocimientos sobre las plantas y los usos tradicionales de los recursos naturales. 

¿Cómo se realiza la siembra del agua? 

 

La práctica puede variar según las costumbres de cada comunidad. En la experiencia de estas poblaciones boyacenses, el proceso se desarrolla en tres momentos: preparación, ejecución y reflexión. 

  1. Preparación: escuchar a los mayores y reconocer el territorio

Antes de realizar la siembra, las personas se reúnen para conversar sobre la historia de sus antepasados, compartir experiencias y conocer los saberes que se han transmitido. 

En estos encuentros se reflexiona sobre la importancia del agua y se identifica un lugar apropiado para realizar la práctica. La elección del sitio tiene un valor especial, pues busca reconocer espacios relacionados con la presencia del agua y la necesidad de protegerlos. 

La preparación también es un momento para fortalecer la organización comunitaria y recordar que el cuidado de las fuentes hídricas es una responsabilidad compartida. 

  1. Ejecución: un ritual que conecta la fe y la naturaleza

Una vez elegido el lugar, comienza la ceremonia. Entre los elementos utilizados tradicionalmente se encuentran una vasija nueva de barro o un calabazo, arena de río, agua bendita, pan bendecido, sal vigua y palos de macanal. 

En el procedimiento descrito por la comunidad, se abre un hueco en la tierra, se deposita la arena del río y se ubica la vasija con agua bendita. Después, se cubre con el pan bendecido y se disponen los palos de macanal alrededor, de acuerdo con la tradición local. 

Finalmente, se cubre el lugar con tierra y se siembran plantas a su alrededor. 

Durante la ceremonia, las oraciones y los cantos expresan agradecimiento a la tierra y la esperanza de recuperar el agua. Para quienes participan, cada elemento tiene un significado espiritual y representa una forma de honrar la naturaleza. 

  1. Reflexión: mantener viva la memoria y cuidar la siembra

La siembra no termina cuando se cubre el hueco. También implica regresar al territorio, conversar sobre lo aprendido y mantener el compromiso con el lugar. 

La comunidad puede realizar visitas periódicas para observar el entorno y cuidar la vegetación que crece alrededor. Estos encuentros permiten compartir experiencias, transmitir los conocimientos y reforzar la importancia de proteger las fuentes de agua. 

Para las mujeres rurales, este momento también es una oportunidad para reconocerse como lideresas ambientales y fortalecer su participación en las decisiones relacionadas con el territorio. 

¿Cuánto tiempo tarda en aparecer el agua? 

Esta es una de las preguntas más frecuentes alrededor de la siembra del agua. 

De acuerdo con las creencias compartidas por algunas comunidades, la aparición de agua puede variar según las condiciones del terreno y la cercanía de fuentes hídricas. En sus relatos tradicionales, los resultados pueden observarse después de varios meses o incluso de un año. 

Sin embargo, no existe un tiempo garantizado para que brote agua ni evidencia suficiente para afirmar que el ritual, por sí solo, reactive un nacimiento hídrico. La disponibilidad del agua depende de factores como las lluvias, las características del suelo, la vegetación y las condiciones hidrogeológicas del lugar. 

Por eso, la siembra del agua también invita a reflexionar sobre la necesidad de acompañar estas prácticas con acciones de restauración ecológica, protección de los nacimientos y conservación de los ecosistemas. 

De esta manera, las mujeres rurales se convierten en guardianas de la memoria y del agua. Desde sus hogares, organizaciones y encuentros comunitarios, son protagonistas en la transmisión de saberes ancestrales y en la construcción de una relación que une la espiritualidad con el compromiso de proteger el entorno.