Los páramos colombianos cumplen una función esencial en la regulación del agua y albergan especies únicas como los frailejones. Diversas investigaciones científicas advierten que actividades como el fracking pueden generar riesgos para las fuentes hídricas, los suelos y la biodiversidad de estos ecosistemas estratégicos para el país.
Todos recordamos a Frailejón Ernesto Pérez, el personaje que conquistó a grandes y chicos enseñando que cuidar el agua es cuidar la vida. Desde las pantallas, este habitante de los páramos colombianos explicó por qué los frailejones son fundamentales para almacenar agua y por qué estos ecosistemas son esenciales para millones de personas. Hoy que el debate sobre los efectos del fracking se reaviva nos preguntamos: ¿qué pasaría con los páramos y los frailejones si el fracking llegara a amenazarlos?
La respuesta preocupa a científicos, ambientalistas y autoridades ambientales. Los páramos son ecosistemas únicos en el mundo. Colombia alberga cerca de la mitad de los páramos existentes en el planeta y estos territorios cumplen una función estratégica para la regulación hídrica. Según el Instituto Humboldt, sus suelos y su vegetación actúan como enormes esponjas naturales que capturan el agua de la lluvia, la almacenan y la liberan gradualmente hacia ríos, quebradas y acuíferos que abastecen a millones de colombianos.
Precisamente por esa función, cualquier actividad que altere los ciclos del agua representa un riesgo para estos ecosistemas. El fracking, o fracturación hidráulica, consiste en la inyección de grandes volúmenes de agua, arena y aditivos químicos a alta presión para fracturar rocas profundas y extraer hidrocarburos. Aunque las operaciones se realizan a cientos o miles de metros bajo tierra, múltiples investigaciones internacionales han advertido sobre riesgos asociados a la contaminación de fuentes hídricas, la generación de aguas residuales y la transformación de los territorios donde se desarrolla esta actividad.
Para los páramos, la principal preocupación está relacionada con el agua. Un estudio publicado en la revista Scientific Reports en 2024 encontró que los páramos colombianos de Guerrero y Rabanal ya han perdido entre el 48 % y el 60 % de su vegetación nativa debido a diferentes presiones humanas. Los investigadores concluyeron que esta degradación ha reducido la capacidad de estos ecosistemas para almacenar carbono y regular el recurso hídrico, dos de las funciones ambientales más importantes que prestan al país.
Los efectos no se limitan a la vegetación. Investigaciones sobre la hidrología de los páramos desarrolladas por expertos como Juan David Cárdenas y Carolina Tobón han demostrado que los suelos de estos ecosistemas son extraordinariamente sensibles a las perturbaciones físicas. Cuando son compactados o alterados por infraestructura, pierden parte de su capacidad para infiltrar y almacenar agua. La recuperación de estas funciones puede tardar décadas y, en algunos casos, no volver a alcanzar sus condiciones originales.
Si el fracking llegara a desarrollarse cerca de áreas de páramo, los riesgos no estarían únicamente bajo tierra. La construcción de vías, plataformas, redes de transporte y demás infraestructura asociada a la actividad extractiva podría fragmentar hábitats y afectar especies altamente especializadas que dependen de las condiciones particulares de humedad y temperatura propias de estos ecosistemas.
¿Y los frailejones?
Entre esas especies están los frailejones. Estas plantas, que pueden tardar años en crecer apenas unos centímetros, cumplen un papel fundamental en la captura de humedad y la regulación hídrica. Sus hojas ayudan a condensar el agua presente en la niebla y la conducen hacia el suelo, contribuyendo al funcionamiento de todo el ecosistema. Alterar las condiciones ambientales que permiten su supervivencia implica afectar también la capacidad del páramo para producir y regular agua.
Por esa razón, Colombia ha establecido restricciones legales para las actividades mineras y de hidrocarburos dentro de áreas de páramo delimitadas. La protección de estos ecosistemas responde a criterios de conservación de la biodiversidad y está relacionada con la seguridad hídrica del país y la necesidad de garantizar el acceso al agua para las generaciones presentes y futuras.
Al final, la pregunta sobre qué pasaría con Frailejón Ernesto Pérez si el fracking llegara a los páramos es una forma de preguntarnos qué ocurriría con los ecosistemas que producen buena parte del agua que consumimos todos los días. Y la evidencia científica disponible sugiere que el costo ambiental podría ser demasiado alto para correr el riesgo.


