El efecto mariposa: El gran arrepentimiento de Albert Einstein


Paola Arcila Perdomo
06 / 04 / 2018
El efecto mariposa
El efecto mariposa

¿Cómo una carta de Einstein terminó desencadenando la bomba atómica sobre Hiroshima en la Segunda Guerra Mundial? Conoce la historia en El efecto mariposa.

Una serie que te cuenta cómo los pequeños acontecimientos generaron grandes cambios en la memoria de la humanidad, capítulos que son una invitación a revivir una página de la historia a través de eventos que fueron puntos de quiebre que generaron cambios sustanciales en la humanidad narradas en reconstrucciones animadas y en 3D. En esta ocasión hablaremos del episodio en donde Einstein y el proyecto Manhattan cambiaron el curso de la historia humana.

El Efecto Mariposa: Eistein y el Proyecto Manhattan 
Viernes 18 de mayo, 7:30 p. m.

También puedes ver: Pequeños cambios y grandes historias con "El efecto mariposa"

Una mirada general entre la guerra y la ciencia

La ciencia ha servido a través de los años para impulsar a la humanidad con miles de usos en favor de ella, por ejemplo, entender el funcionamiento de las cosas, erradicar enfermedades, generar conocimiento, controlar, avanzar, competir, explicar, desarrollar elementos, encontrar respuestas y, entre muchas otras cosas, evolucionar. ¿Pero, también la ciencia ha servido para destruir al ser humano? 

El desarrollo humano y la innovación militar parecieran ir tomadas de la mano, un avance que se ha gestado en diferentes conflictos bélicos para obtener la ventaja sobre el enemigo de turno. Desde los comienzos de la democracia con Pericles, quien fue uno de los primeros en contratar ingenieros y científicos para el desarrollo de ingenios militares, hasta el día de hoy se han realizado avances considerables en la ciencia para la guerra. 

Si pensáramos, por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial, se llegó a discutir cuál elemento entre la lanza o el sable era más letal para el enemigo. Al término del conflicto habían ganado las ametralladoras, los ataques aéreos y el desarrollo de los vehículos blindados. Fusiles, misiles balísticos, compuestos químicos y hasta drogas, entre otros tantos inventos, fueron creados en pro de la guerra y de la mano de la ciencia. 

 

La Segunda Guerra Mundial no se escapó a esa unión histórica con la ciencia. Una de las grandes armas de Alemania para la guerra fueron los miles de intelectuales con los que contaba. Lo que no esperaban era que centenas de ellos o fueran judíos o no estuvieran de acuerdo con la ideología que tenía el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán -NSDAP-, razones por las cuales hubo una masiva fuga de cerebros. 

Se estima que entre 1930 y 1941 las cifras ascendieron a los 20 mil intelectuales que huyeron del nazismo desde diferentes países, entre los que se contaban también artistas, músicos, escritores y, por supuesto, científicos. Nombres tan distinguidos como los de Thomas Mann quien se exilió en Suiza en el año de 1938, Sigmund Freud quien era judío y abandonó Austria para irse a Gran Bretaña en el mismo año y, por supuesto, un nombre que nunca sería olvidado en la historia de la humanidad, un hombre que llevaba la ciencia en la sangre y sus inventos en la cabeza: Albert Einstein.

 

La carta de Albert Einstein

"Cada avance del conocimiento y la invención se lo debemos

a la libertad individual, una libertad sin la cual no vale la pena vivir"

Discurso de Einstein en 1933

Un hombre de origen judío y nacido en Alemania fue quien cambió el curso de la historia. Albert Einstein fue uno de los físicos europeos más reconocidos del mundo y todo comenzó cuando publicó sus trabajos del movimiento browniano, la teoría de la relatividad y la teoría cuántica de la luz. Posteriormente, "por sus servicios a la Física Teórica y especialmente por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico" le fue otorgado el Premio Nobel en 1922. Una carrera prominente para un pacifista confirmado. 

Sin embargo, Adolf Hitler se convirtió en canciller y para 1933 Einstein fue uno de los tantos cerebros que huía de su país. Ya refugiado en Estados Unidos no solo temía por su vida, también lo hacía porque su investigación cayera en las manos equivocadas. 

 

Sin embargo, lo que ha de pasar, pasa. Así lo demuestran en "El efecto mariposa" porque en 1939, bajo presión de los físicos Leo Szilard y Eugene Wigner, Einstein escribiría una carta al presidente Franklin Delano Roosevelt que incluiría a los Estados Unidos en una carrera por la bomba atómica y que le advertiría el desarrollo por parte de Alemania de las "nuevas bombas de gran alcance".

 

"Cometí un gran error en mi vida cuando firmé esa carta..."

Albert Einstein

Mientras que el objetivo de esta carta era advertir a las autoridades estadounidenses de los peligros de la energía nuclear, ésta tendría el efecto contrario: Roosevelt lanzaría el proyecto Manhattan, uno de los mayores programas de la Segunda Guerra Mundial en el que participarían más de 30 mil personas en secreto y que terminaría detonando una bomba americana sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. 

 

Bastaron 43 segundos para que el artefacto cayera sobre 350 mil habitantes, el impacto que se convierte en un hongo alcanza una altura de 15 mil metros en donde 5 kilómetros cuadrados quedaron desintegrados, 70 mil personas muertas en un segundo y, en los siguientes meses, un ascenso a 140 muertos. Hiroshima fue borrada del mapa y Einstein, según sus declaraciones, nunca se perdonaría haber firmado.