El ADN Puerta-Gaviria se acerca a la perfección en el ciclismo

José Hernando Gaviria es el precursor de un linaje que amenaza con seguir expandiéndose en el ciclismo con más perfecciones en el ADN. Sus hijos son campeones sobre la bicicleta y es posible que sus nietos –hijos de Fabián Puerta y Juliana Gaviria– sean mejores. Él será recordado entonces como el patriarca de una gran familia que tiene particularidades en la sangre.

Antes del ciclismo, José Hernando fue poste en baloncesto, receptor en voleibol y defensor central en fútbol. Todo lo practicó a nivel aficionado. La bicicleta llegó sin pretensiones porque en esa época, 1976, la prioridad en casa era trabajar y producir. A su papá lo ayudaba con la finca familiar que quedaba entre El Carmen y La Ceja en Antioquia. Se armaba de azadón y fumigador para recoger maíz, fríjol, arracacha y papa. También bajaba y subía los bultos de los camiones.

Se graduó del colegio, se convirtió en tecnólogo industrial, licenciado y especialista en educación física. Nunca dejó de trabajar. Pero tampoco de montar en bicicleta. “Cuando entré a una empresa, me acostaba a las 7:00am y me levantaba sin despertador a las 3:00am para entrenar. Primero un circuito en la oscuridad y luego la ruta por Llano Grande cuando amanecía”. No pudo competir demasiado por falta de tiempo.

Pero el juicio y la pasión las conservó por 14 años. Terminó de 48 en el único Clásico RCN que disputó y cree que hubiese podido ser mejor con más tiempo libre. “Yo era corajudo. Me iba mejor en terreno llano que escalando. Pero era muy aguerrido”. Eso se lo transmitió en sangre y palabras a sus hijos Juliana y Fernando. La niña mostró su entusiasmo por las bicicletas a los cinco años, cuando José Hernando se metió a una cabina de teléfono y mientras Juliana lo esperaba, pasó un chico en bicicleta que la dejó absorta.

¿Se fue detrás del chico o de la bicicleta? “Detrás de la bicicleta, por supuesto”, recuerda Juliana, nacida el 31 de marzo de 1991. “Yo seguramente pensé que en un aparato así podía hacer travesuras porque de niña fui muy inquieta. Y esa misma semana, mi papá me compró una cicla pequeña que aún conservamos en la casa”. Es azul, con manubrio niquelado, galápago negro y llantas blancas. Jamás la van a regalar porque sobre ella también aprendió a montar Fernando, nacido en agosto del 94.

José Hernando les transmitió a sus hijos una forma de vida. Les enseñó no sólo a montarse, sino a pensar mientras pedaleaban. “Nosotros tenemos el empuje paisa de nuestros antepasados. Y en ese sentido, hemos creído que hay que arriesgar un huevo para sacar un pollo. O es cuando uno ve una niña linda y quiere hablarle. El "no" ya está asegurado. Pero hay que ir por el sí. Siempre. Así somos nosotros los Gaviria en el ciclismo”, asegura José Hernando.

¿Cómo sería entonces un hijo entre Juliana Gaviria y Fabián Puerta? De dos campeones mundiales puede surgir una versión mejorada. “Fabián fue precursor en su familia porque sus papás no montaban. Él desde niño fue pura fortaleza. Y yo soy entregada a esto, apasionada, guerrera. Y ambos tenemos una mentalidad muy positiva”, apunta Juliana, como anunciando lo que heredarían los hijos que no aún han tenido.

Lo más seguro es que ese sea el camino. Y sino es el ejercicio, al menos ese será el hábitat. La casa de José Hernando Gaviria y María del Carmen Rendón está repleta de bicicletas guardadas, al igual que la de Juliana y Fabián. Además, el matrimonio de ambos ratifica esa pasión: el 26 de abril de 2014 llegaron al altar en las bicicletas de pista. Si todo sale bien, esas estarán para siempre junto a ellos. En la salud y en la enfermedad. 

La frase: "El deporte es masoquista: entre más se caiga usted, más le coge amor a lo que hace".

Texto: Juan Diego Ramírez.

Foto: Juan Carlos Quintero.