¿Por qué la boxeadora Ingrit Valencia dice que tiene doble personalidad?

Vestida de azul, se movía por todo el cuadrilátero con una velocidad que parecía desconcertar a su rival. Esquivando los golpes de la misma mujer que menos de un año atrás la había derrotado en el Mundial, aprovechaba y contraatacaba con golpes cortos, rápidos y certeros que iban abriendo la brecha en las tarjetas de los jueces. El sonido de la campana anunciaba el final de la pelea y la agresividad que había exhibido durante todo el combate se había ido para dar paso a una serenidad total. Luego vino la decisión y el momento histórico: Ingrit Valencia era la vencedora y lucharía en la semifinal contra la francesa Sarah Ourahmoune.

Con la victoria sobre la tailandesa Peamwilai Laopeam, Ingrit se aseguraba un lugar en las páginas doradas del boxeo colombiano: ser la primera mujer en ganar una presea olímpica en boxeo para el país. La suerte luego depararía una derrota contra la francesa en las semifinales de los Juegos de Río, pero ya el nombre de Valencia era sinónimo de buen box para los colombianos.

¿Qué es lo que hace tan buena en este deporte a la caucana nacida en Morales en 1988? Ella misma lo define como “una doble personalidad”. Ingrit se define como una persona con doble personalidad porque en el ring es una y fuera de él, es otra: “En la competencia soy ruda, manejo otro carácter, tengo mal genio y afronto las peleas como son, trato de encararlas bien. Fuera soy más dócil, amorosa y cariñosa. No hay que mezclar". Te invitamos a conocer su historia.

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Primer round: el origen

La vida de Ingrit inició en la finca de sus abuelos en Cauca, lejos del ring y los guantes de boxeo. La caucana nació en Morales, un pueblo a más de una hora de distancia de Popayán, capital del departamento, donde vivió sus primeros años junto a sus abuelos y dos de sus hermanos: Jaír y Andrés. Entretanto su madre vivía en Cali con sus otros dos hermanos: Yurlei y Jerson.

“Cuando era niña no tenía ni idea de boxeo, no sabía si lo iba a practicar o no. Vivía en la finca con mis abuelos y nunca me pasó por la mente ser boxeadora”, cuenta la hoy medallista olímpica.

Ingrit tuvo su primer acercamiento al boxeo con los 14 años luego de dejar Morales y emprender rumbo a Cali. Según relata: "todo inicia porque estudiaba en un colegio de Cali y había un profesor que entrenaba y me quedaba cerca. Otra cosa era que no cobraban el boxeo, es decir que no tenía que pagar una mensualidad o algo así". Pero eso no fue lo único que la motivo, ya que para la caucana, estar en el cuadrilátero “era bacano porque era una experiencia nueva en mi vida, nunca lo había hecho. No había innovado esa parte y lo tomaba como un juego y no una carrera”.

 Tal y como sucede en las películas de box, antes de encontrar el camino, los protagonistas deben enfrentar retos y obstáculos. Ingrit no sería la excepción. Cuando empezaba a encaminarse en el deporte de las narices chatas y en terminar el colegio, recibió una noticia inesperada: iba a ser madre. Eso lo cambió todo. Luego de tener a Johan Estiven, su hijo, volvió al estudio, pero no al cuadrilátero, al menos no de inmediato. Fue después, cuando quiso retomar su figura, que regresó al boxeo.

Una vez regresó al cuadrilátero supo que ahí, entre las 16 cuerdas, estaba su lugar en el mundo, pero solo lo confirmó hasta 2010. “Dejó de ser juego (el boxeo) cuando fui a los Juegos Sudamericanos, que se realizaron en Medellín. Ahí empecé a tomarlo como un estilo de vida para sacar adelante a mi hijo y a mí”, comenta.

Precisamente Johan Estiven es el tema más sensible para la púgil: “Debo estar en concentraciones y preparándome para las competencias, entonces veo poco a mi hijo. Él está donde está estudiando y yo debo concentrarme en otra ciudad. Es difícil mezclar el rol de madre y de deportista. A veces no puedo, se me complica ir a verlo o verlo seguido”.

Esto es materia de preocupación para Ingrit, a quien le preocupa que su hijo está creciendo, que ya se perdió “las mejores etapas de su niñez” y solo le pide a Dios fortaleza y a su hijo: “que me perdone por todos los momentos que no estuve con él, pero todo lo hago para él y no soy boxeadora porque me guste dejarlo a su suerte. Todo es por él, porque no tuve una carrera para darle lo mejor y esta es la forma más correcta que tengo para que darle una buena vida. Sé que mi niño lo va a entender”.

Segundo round: la formación

Si empezar es difícil, soportar el camino puede llegar a ser lo más complicado y eso lo sabe Ingrit, que pasó de boxear por diversión a pelear contra "unos niños pequeñitos" para llegar después a combatir con campeones. “Los combates internacionales son los que lo marcan a uno, esos en lo que uno está luchando por obtener una medalla para ser apoyado o ser un ícono en Colombia”, dice.

Su debut internacional fue contra una boxeadora argentina que le pasó por encima, pero la caucana lejos de amilanarse, aguantó y se confirmó en su camino boxístico: “Recuerdo que calificaban por puntos y ella me hizo 19 puntos y yo apenas hice seis. Me pegó una ‘pela’, pero no pudo noquearme a pesar de que era novata. Le aguanté los cuatro asaltos. Desde ahí supe que era buena para el boxeo y que solo debía meterle dedicación y disciplina para llegar a ser grande”.

Valencia es conciente que cada pelea, sin importar el resultado, le aportó a su construcción como boxeadora porque “de cada derrota que tenía, aprendía más y me hacía más madura”. Paso a paso, golpe a golpe, ring a ring, cada enfrentamiento, recuerda la medallista olímpica, “hacía que tuviera conciencia de que debía prepararme más para seguir avanzando en el boxeo. Desde allí hasta Río fue una Ingrit muy diferente, muy distinta, más madura, más llena de sabiduría”.

La boxeadora caucana tiene fortaleza mental y confía siempre en sus capacidades, en su entrenamiento y en lo que tiene. No en vano cuenta con un título nacional, una medalla plata en los Juegos Bolivarianos 2013, una presea de oro en los Juegos Sudamericanos 2014 de Santiago de Chile y un metal dorado en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2014, en Veracruz.

Siempre me subo al ring con la seguridad de que puedo ganar y me preparo para mis competencias”, contó sin titubear Ingrit.

Tercer round: Río 2016

Ingrit consiguió llegar al punto más alto de su carrera en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. La colombiana logró una medalla de bronce para el país y se aseguró un puesto en los libros de historia como la primera boxeadora nacional en conseguir una presea en unas justas olímpicas.

Fue algo muy espectacular, algo maravilloso. Todos los deportistas sueñan con ir a una olimpiada, porque es el certamen más grande a nivel mundial. Los nervios los sienten todos, hasta el deportista más grande los ha sentido. Es difícil dominarlos porque somos humanos y vamos a pensar en la competencia y los rivales siempre”, relata la caucana.

Una vez dominados los nervios y ante la cercanía del sueño olímpico, la colombiana necesitaba aliados para hacerse más fuerte y eso lo encontró en su entrenador y pareja Raúl Ortiz: “Me ayudó a obviar los nervios, a creer en lo que tenía y en mi preparación para esos combates. Eso me tranquilizó mucho, pensaba en ganar, en estar en el pódium de los olímpicos. Era un sueño que tenía y se logró”.

"Él (Raúl Ortiz) siempre me apoya en mis momentos de cansancio y estrés”, concluye.

Cuarto round: rumbo a Tokio 2020

Ingrit inicia un nuevo camino a unos Juegos Olímpicos y en 2017 sabe que su objetivo son los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017. En estas justas, la meta es mejorar la medalla de plata conseguida hace cuatro años en Trujillo (Perú).

“El objetivo es la medalla de oro, hacer mi mejor presentación y ganar la presea que Colombia y mi familia esperan. Siempre hay presión, siempre uno está a la expectativa de lo que pueda pasar. Siempre he dicho tres cosas. Primero: no hay nada escrito en el boxeo; segundo, todas las rivales vienen bien preparadas; y tercero, uno no sabe lo que pueda pasar. Tengo fe en Dios de que todo saldrá bien. Espero hacer los combates lo mejor posible, dar todo de mí y hacer lo mejor en el ring, qué gane la mejor”, concluyó la caucana que combina los roles de ser boxeadora, pareja y madre.