“Mi mamá era modista y me hacía la ropa de gimnasia”: Jossimar Calvo

La casa donde Jossimar Calvo creció en el barrio Belisario de Cúcuta, nunca dejó de estar en obra negra. En 2011, cuando se mudó junto con su mamá Nohora, ese hogar siguió teniendo una habitación, una cocina, tejas de lata y piso de cemento y tierra. Pero allí mismo fue donde nacieron sus sueños: donde llegó a poner sillas en cada extremo y comenzó a abrirse de piernas sobre ellas, mientras trataba de imitar a Jean-Claude Van Damme en sus películas de acción. Jossimar nació con tanta flexibilidad para la gimnasia que una profesora no lo dejó ser futbolista como lo fue su padre. Acá un pedazo de su historia.

¿Verdad que su primer ídolo en el deporte fue Ronaldo?

Cierto. Me gustaba mucho. No conocí mucho a mi padre, pero lo que sé es que quería que yo me convirtiera en futbolista, por eso me encantaba este deporte. No se pudo, pero actualmente juego de vez en cuando con mis compañeros, para salir de la rutina y divertirnos.

¿De qué juega?

Volante por izquierda.

¿Cómo fue el cambio de deporte?

Yo tenía cinco años, entré a fútbol en la escuela de formación de Indenorte, pero a la profesora Pilar le empezó a llamar la atención mi flexibilidad. Y en esos días habló con mi mamá y se lo comentó. También conversó con Jairo Ruiz Casas, entrenador de gimnasia, entonces me hicieron unas pruebas y me citaron al día siguiente en el coliseo. Y allí estaban grandes glorias como Alexánder Rangel, Jesús Romero, Fabián Meza, y empecé a motivarme.

¿Usted qué era lo que hacía en las clases de fútbol acaso?

Al inicio, había que trotar y estirar. Entonces en esos calentamientos, yo hacía esas rutinas de gimnasio. Me abría de piernas, me paraba de manos, hacía medias lunas y cosas así por el estilo. Todos se quedaban viéndome.

¿En qué se inspiraba para hacer eso?

Yo desde muy niño veía películas de Jackie Chan, pero en especial de Jean-Claude Van Damme. Me gustaba imitar sus movimientos, quería ser como él.

¿Y su mamá no le angustiaba que fuera tan inquieto?

Más le llamaba la atención que a mí me gustara pararme de manos, abrirme de piernas, ser hiperactivo, elástico. Ella simplemente fue de las primeras que me apoyó para que empezara en la gimnasia.

¿Pero además de elástico era cansón?

Sí, molestaba mucho, era muy inquieto. Por hacer locuras, me fracturé, tuve raspones, me caí de árboles, pero eso también lo disfruté mucho. Hizo parte de mi infancia. Me acuerdo una vez que me puse a jugar carreritas con un amigo. El que llegara más rápido al coliseo, ganaba. Sin embargo, me distraje, miré para atrás, volví a ver, me tropecé con un andén y terminé partiéndome una clavícula. Ahí tenía siete años.

¿Qué otras travesuras hacía?

Jugábamos en los entrenamientos, sacábamos una patineta y nos poníamos a montar. Por estar en esas me tronché los pies y me raspé mucho el cuerpo.

Uno supone entonces que a usted nada le daba miedo…

Me gustaba arriesgarme, desafiarme a mí mismo. Así incluso fui en la vida. A pesar de algunas circunstancias adversas he sabido salir adelante.

Pero cuentan que al principio usted no era muy disciplinado con la gimnasia…

Yo tenía cinco años cuando empecé. El deporte era difícil y yo quería jugar con mis amigos y mis juguetes. Quería tener una infancia, prácticamente, pero caía en el estrés de la rutina. Entonces la gente me empezó a apoyar para que fuera constante: mi entrenador, mi mamá, mis compañeros.

¿El entrenador lo apoyaba o lo regañaba? Porque Jairo Ruiz Casas es conocido por su carácter…

Él ha sido siempre muy estricto, es cierto. Le gusta que hagan las cosas como él las planifica. Y muchas veces me regañó, claro. Por cosas que no hacía bien o que simplemente no hacía, pero todo hace parte del proceso. Recuerdo una vez que llevó una delegación de Cundinamarca y estábamos entrenando en suelo. Yo tenía ocho años. Me puso a hacer una demostración, caí mal y no le gustó. ¡Me pegó un regaño fuerte!

¿Cuáles eran los juguetes que se interponían entre usted y la gimnasia?

Me gustaban los robots, como los transformers. En navidad siempre pedía uno de esos. Me acuerdo también de una granja y un carro a control remoto. Videojuegos no pude tener, pero ahora es que puedo jugarlos: de carros, aventuras y fútbol.

¿Se demoró mucho tiempo para empezar a coger a la gimnasia como su vida?

En 2002 competí en Medellín, gané dos bronces y ahí sí dejé de quejarme tanto. Pero antes yo iba al gimnasio por diversión, a jugar con mis compañeritos de entrenamiento. Después fui madurando y me propuse ser un deportista de alto rendimiento. Y creo que ha sido bonito porque mi generación ha dejado huella.

¿Cuántas medallas tiene guardadas en su casa?

Llevé la cuenta hasta el 2012. Tenía 97. Ahora debo estar por los 200.

¿Su novia le pone problema por la tosquedad de sus manos?

No. Pero sí me cuido mucho. Tres veces al día las humecto. Y cuando tengo callos, los limo.

¿Cómo describe al barrio Belisario, donde se crió?

Muy tranquilo a pesar de ser tan popular y fiestero los fines de semana. Siempre ha tenido muchas casas en obra negra, como en la que viví. Yo me amañaba mucho allá.

¿A cuánto quedaba su casa del coliseo?

A 40 minutos, siempre me iba en buseta. Aunque a veces debí pedir plata prestada para devolverme.

¿Cuántos tatuajes tiene?

Tres. El rostro de mi mamá en el omoplato derecho y el de Jesucristo en el izquierdo. En el antebrazo izquierdo tengo el logo de los Juegos Panamericanos 2011.

¿Qué hizo su mamá para sacarlo adelante?

De todo. Ella era modista. De hecho, me hacía las mudas para el colegio, para la navidad y para los entrenamientos.

Jossimar llega como una de las figuras colombianas a los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017. El escenario donde mostratá por qué es el mejor del país en su disciplina es el Gimnasio Menor de la capital del Magdalena ente el 11 y 13 de noviembre, donde se cumplirán las pruebas individuales y equipos. 

#DatoDeportivo

La gimnasia artística tiene seis modalidades: anillas, barra fija, caballo con arcos, barras paralelas, salto y suelo. En cada una hay dos grupos de jueces que evalúan por ejecución y dificultad, y la suma de ambas da la clasificación final de cada ejercicio.

Foto: EFE.