Ana Cristina Sanabria es agricultora, vendedora de fruta y campeona de ciclismo


24 / 11 / 2015
Ana Cristina Sanabria, ciclista colombiana / Cortesía Vanguardia Liberal
Ana Cristina Sanabria, ciclista colombiana / Cortesía Vanguardia Liberal
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Cada vez que gana una competencia, con nostalgia y en medio de sonrisas, Ana Cristina Sanabria Sánchez recuerda los fuertes regaños que se ganaba de sus padres, don Orlando y doña María Esther, cuando la pillaban montando a escondidas en la bicicleta de su primo Javier Hernández Sanabria.

 

Su familiar fue compinche y alcahuete en su pasión por el ciclismo. A sus papás no les gustaba que ella montara pues le decían que era peligroso no solo por los carros que transitaban en la vía que iba de su finca hacia Zapatoca, Santander, sino porque era una zona boscosa bastante solitaria.

 

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Y Ana no les hacía caso. Se las ingeniaba para verse con Javier, quien vivía en una finca vecina, y agarraba la bicicleta y se iba a darse sus paseos bastante largos. En más de una ocasión fue reprendida por sus progenitores, en especial cuando llegaba aporreada y lacerada por las caídas que no faltaban.

Y de paso Javier también se ganaba su buen regaño. “Lo ‘vaciaban’ por acolitarme esa irresponsabilidad, como decían ellos (risas). Pobre. Pero es que a mí me encantaba coger esa cicla e irme lejos. Me rendía mucho. Ahí me di cuenta que me gustaba pedalear”.

Sin embargo, cuando empezaron los éxitos, don Orlando la apoyó y hoy, cuando ella va a visitarlo, es su fiel compañero de entrenamiento. Del campo a la ‘cicla’ Ana Cristina nació el 2 de mayo de 1990 en Zapatoca.

Es la mayor de tres hijas. Le siguen Diana Paola, quien reside en Bogotá y estudia gastronomía, y María Liseth, la menor, quien vive con sus papás y está terminando el bachillerato. A ninguna le gustó el deporte.

 

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Desde niña fue muy activa y mostró su afición por las labores del campo. Ayudaba a arriar el ganado y a recoger las cosechas de los cultivos de yuca, café, cebolla, hortalizas y apio (así se la llama a la arracacha en Santander).

Es algo que aún hoy hace con destreza y que le gusta recordar cada vez que va a visitar a su familia. “El clima en mi tierra es cálido, bueno para cultivar. El campo me encanta y soy feliz untándome de tierra, de ganado. Todo es sano y nosotros comemos lo que cultivamos. La tranquilidad es incomparable. Uno se aleja de todo porque no entra la señal del celular (risas)”.

Estudió la primaria en la escuela rural de la vereda Santa Rita, que quedaba a una hora de camino por una trocha en una loma pronunciada. Le gustaba correr mucho y el atletismo empezó a apasionarla. Su cambio al bachillerato en la escuela rural Palo Blanco Bajo, otra vereda de su pueblo natal que quedaba a 15 minutos en bicicleta y a media hora caminando, le permitió confirmar su gusto por la cicla.

En 2006 decidió que quería ser deportista. Un día, Reinaldo Cruz –su  mentor y miembro del Comité de Deportes de Zapatoca-, se dio cuenta de que a la menuda muchacha le rendía bastante en su recorrido. La llevó a practicar ciclomontañismo en 2007 y 2008, llegando a ser campeona departamental juvenil y plata en la Copa Colombia.

En 2009, a los 18 años, tomó dos decisiones trascendentales para su futuro: el paso al ciclismo de pista y ruta, y dejar la casa paterna e irse a hacer su vida en Bucaramanga, donde empezó a estudiar Tecnología Deportiva en las Unidades Tecnológicas de Santander UTS. 

Por cuestiones económicas solo alcanzó a hacer un semestre. En 2010 empezaron los triunfos. Fue subcampeona nacional de ruta en Medellín. En 2011 ganó etapas en las clásicas de Anapoima, Fusagasugá y Girardot. Ya en 2012 obtuvo su primer gran triunfo al vencer en la Vuelta a Cundinamarca, al tiempo que corrió algunos circuitos en Estados Unidos.

Además ganó el bronce en la ruta de los Juegos Nacionales en Popayán y fue sexta en la crono (individual). Se hizo internacional en 2013 corriendo la Vuelta a El Salvador y ganando la montaña en la Vuelta a Costa Rica. 2014 la vio consagrarse como campeona de la Carrera de la Mujer en el Festival de Verano de Bogotá y del Tour Femenino, además de ganar la montaña, la clasificación por puntos y dos etapas.

Además corrió el Giro de Toscana en Italia. En este 2015 fue tercera en la Vuelta al Valle, campeona de la Vuelta a Antioquia y de la montaña, lo mismo que en el Tolima. Igual en la Clásica de Soacha. Y acaba de ganar la medalla de oro en la contrarreloj femenina de los Juegos Nacionales, venciendo a la gran favorita, la boyacense Sérika Gulumá. Hace dos años se fue a vivir a Tunja.

Allí ha hecho cursos de informática y tecnología y ha laborado en varios oficios. “Actualmente trabajo en la frutería de don Alvernio Sarmiento, quien me permite prepararme y estar en buena forma. Me ha hecho mucho bien entrenar en la altura de Boyacá, los resultados están a la vista”.

A sus 25 años y feliz sin novio según dice riéndose, Ana Cristina –como todo atleta de alto rendimiento-,  sueña con las grandes competencias, pero por encima de eso está la alegría de llegar rápido a Colombia e irse para su finca en Zapatoca, a untarse de campo, abrazar a sus viejos y a entrenar con su mejor coequipero: don Orlando.