“Si el micro sigue siendo el deporte del pueblo, seguiremos siendo potencia mundial”, Laura Gómez

“A mí no me gustaba el micro porque me parecía muy popular, lo que es cierto; me parecía brusco, lo que es cierto; pero me cambió la vida y me ofreció una oportunidad para salir adelante”. 

Con estas palabras Laura Gómez cuenta como el fútbol de salón apareció en su camino: pasando del desinterés a la pasión; de llorar por los balonazos cuando era niña y su hermano mayor la ponía a tapar diciéndole que era su “Taffarel”, a ser la portera titular de la Selección Colombia Femenina de Microfútbol y de dedicarse accidentalmente a este deporte, a convertirlo en su estilo de vida.

Con la misma versatilidad que salta de un lado a otro de su arco para evitar que entren goles rivales, Laura ha enfrentado los retos que le ha puesto la vida y tal y como lo ha hecho con la Selección Colombia de Fútbol de Salón, ha salido siempre airosa, orgullosa y con los brazos en alto.

Laura antes del Micro...

Esta bogotana, que además es abogada de profesión, empezó practicando otras disciplinas deportivas y siempre se sintió muy atraída por el voleibol. “El primer deporte que practique fue voleibol, fui selección Bogotá en las categorías infantil, prejuvenil y juvenil, pero no crecí y hasta ahí llegué”, cuenta.

A este deporte llegó, como a la mayoría de cosas que ha practicado, por la influencia de Álex Julián, su hermano mayor: “él y yo éramos muy unidos y como siempre estaba con él, terminé haciendo todo lo que él hacía. Si jugaba fútbol, yo aprendía a jugar fútbol; Si el empezaba a jugar billar con sus amigos, yo aprendía a jugar billar. Yo jugaba todo lo que jugaban los niños”, recuerda Gómez. 

Y era tan grande la ascendencia de Álex Julián sobre Laura que incluso, antes de seguir el camino del derecho, contempló la posibilidad de emularlo estudiando sociología. “Mi hermano estudiaba sociología en la Universidad Nacional y yo quise seguir sus pasos, pero lo que pasó después me forzó a tomar un camino diferente”, explica Laura.

Lo que sucedió para que Laura cambiara la sociología por el derecho fue un golpe de tragedia. “Él se había metido al tema de las barras de fútbol y una vez viajó a Medellín. Regresando a Bogotá fueron detenidos por un grupo paramilitar y en hechos que aún no son claros, mi hermano y otro barrista resultaron muertos”.

La trágica muerte de Álex Julián, hizo que la mamá de Laura no le permitiera seguir el camino de la sociología, ni que ingresara a la Nacional. Pero aún así, su camino hacia el éxito se estaba formando sin que ella lo supiera.

“Por aquella época una amiga me dijo que en Millonarios estaban haciendo pruebas para el equipo femenino, así que me presenté y pasé para jugar de central. Sin embargo, alguien me contó que en la Universidad Católica daban becas, pero por microfútbol y así fue como decidí estudiar derecho, ya que la universidad me becó para jugar fútbol de salón”.

 

Y llegó el micro...

Aunque reconoce que al principio no le gustaba el microfútbol porque tenía unos imaginarios que hoy reconoce equívocos, decidió empezar a practicarlo para asegurarse un futuro. “Mi mamá se quedó sin trabajo y seguí muy afectada por la muerte de mi hermano, casi que se quedó sin ganas de vivir. Fue difícil porque éramos dos mujeres solas, pero la beca me permitió estudiar”, cuenta Gómez con gran tranquilidad y agrega: “No me avergüenza reconocer la situación, porque es lo me trajo a donde estoy”. 

Ya con el chip del fútbol de salón en la cabeza, Laura empezó a practicarlo juiciosamente, pero en aquel entonces la portería no era su reino, pero nuevamente las circunstancias en conjunción con su adaptabilidad la llevarían al lugar donde debía estar: “en el equipo de la universidad me desempeñaba como jugadora de campo, pero un día no llegó la portera y estábamos en una fase final. Yo no le tenía miedo al balón por el voleibol y los juegos con mi hermano, así que me metí a tapar y nunca más me sacaron del arco”.

Mientras forjaba su camino en las canchas, Laura tampoco descuidó si formación y si bien ella reconoce que en el colegio siempre fue “perezosa para estudiar”, en la universidad las cosas fueron a otro precio, destacándose tanto en la cancha como en las aulas donde logró una beca completa por su desempeño académico. “Con el fútbol de salón me daban una beca parcial, pero luego obtuve las mejores calificaciones de mi semestre y me destacaron con una beca que cubría la totalidad de mi matrícula”, cuenta llena de orgullo y con justa razón pues el remate de su etapa universitaria fue un grado con honores en una carrera tan complicada como el derecho.

 

Una vez graduada, Laura empezó a trabajar y allí también cosechó éxitos: empezó trabajando en la Alcaldía como asesora de contratación para una dependencia de víctimas y después le ofrecieron la jefatura jurídica del Instituto Distrital de Recreación y Deporte. Pero aún, mientras tenía cargos de tanta responsabilidad, Laura nunca más se desligó del micro: “Seguí alternando el trabajo con la parte deportiva. Sin embargo, cuidarse en este deporte es complejo. Imagínate trabajar 8 horas diarías, salir a entrenar dos o 3 horas y llegar a tu casa casi a la media noche. Si no tienes la disciplina, te cansas rápido”, comenta.

 

La profesionalización en el micro

Por aquel entonces, Laura continúo practicando el Fútbol Sala, donde también hizo parte de la Selección Nacional y fue campeona de los Juegos Bolivarianos y Subcampeona del Suramericano donde le anotó un gol a la mismísima selección de Brasil. “Creo que soy la única portera que le ha hecho un gol a Brasil en ese deporte y es algo de lo que vale la pena estar orgullosa”, dice.

Pero fue entonces que apareció la Copa de Fútbol de Salón y Laura no quiso dejar ir el tren. Sin embargo, no encontraba un equipo en el cual sentirse cómoda y poder explotar su potencial a nivel profesional. “No sentía afinidad con los equipos de micro de Bogotá, porque conocía los procesos y no me sentía identificada. Entonces creí que era posible crear un nuevo proceso de formación”, relata Laura que desde entonces se animó a empezar su propio equipo, uno que rompiera los falsos imaginarios que se han tejido alrededor de este deporte.

Se cree que el micro es un deporte de gaminas, de ñeras, y yo conocía gente del equipo de la universidad que no era así, y creí en empezar un proceso para demostrar que la gente se equivocaba en ese pensamiento. Cree el equipo Sala Pluss y empezamos a participar en torneos de barrio. Al principio perdíamos, pero seguimos practicando y fuimos mejorando hasta que al cabo de dos años ganamos todo. Fue entonces que se abrió la puerta del microfútbol profesional”.

Sin embargo, encontrar el espacio en profesionalismo para un equipo no es tan fácil como puede llegar a creerse. Además del pago por el cupo, una exigencia es la de contar con un patrocinio. “Yo busque el patrocinio de P&Z y el dueño que ya conocía el proyecto y que creía en lo que podíamos hacer nos apoyó” cuenta Laura que además no puede evitar emocionarse al contar su primera participación en la Copa Profesional de Microfútbol Femenino: “Jugamos en 2014 por primera vez y la Copa había empezado en 2009. Todos nos veían como el equipo que iban a llenar, como las cenicientas, pero no fue así y salimos campeones ese año. De hecho, repetimos en 2015 y creo que somos las únicas que hemos sido bicampeonas en la historia del torneo”. 

 

El futuro según Laura

Ahora Laura se enfoca en su trabajo dentro del Ministerio de Salud, donde es asesora de contratación y en su desarrollo como portera tanto del equipo P&Z, como de la Selección Colombia de Fútbol de Salón, pues sus metas siguen siendo grandes en ambos.

Mi sueño es llegar a ser la directora del IDRD y trabajar por los deportistas, para que tengan todos los beneficios que se merecen y las mejores condiciones para desarrollar sus carreras deportivas y de ahí ver qué más puede lograrse, un Comité Olímpico o algo así no estaría nada mal”, cuenta Laura sobre sobre sus aspiraciones.

Al preguntársele por sus motivos para querer llegar a ese cargo que sueña, explica que, por lo menos en el caso de Bogotá “los deportistas de Futsalón no tenemos ningún tipo de beneficio en Bogotá, ni acceso a instalaciones, ni prestaciones, ni nada por el estilo” y que por eso sueña con ofrecerles eso a sus colegas.

Por lo pronto Laura se concentra en su participación con la Selección Colombia en el Suramericano de Microfútbol femenino, donde las aspiraciones son grandes: “El compromiso de Colombia, con el mismo equipo, con nosotras, con la Federación y con todas las personas que hacen parte de la familia del micro es salir campeonas. No lo vemos como preparación para el Mundial, sino que es un deber ganar. Si lo logramos no va a ser por goleadas porque no hay grandes diferencias con equipos como Brasil o Venezuela, pero si no lo logramos, será un descalabro para nosotras porque es la meta que nos trazamos”.

Al preguntarle la razón que hace a Colombia una potencia en este deporte, Laura no duda en responder que la fortaleza del país en esta práctica obedece a que el micro tiene su base en los sectores populares donde lo practican con pasión y desarrollan la técnica que diferencia al jugador colombiano de Fútbol de salón.

“De entrada hay una riqueza técnica. En los estratos populares el micro sigue siendo lo que se juega al llegar del colegio, lo que se juega el fin de semana. Hay torneos relámpago, de barrio, interbarriales, en cancha de grama, de cemento, de madera y es allí donde surgen los grandes talentos. Si el micro sigue siendo el deporte del pueblo, seguiremos siendo potencia mundial”, concluye.