Una enfermedad ayudó a Daniel Martínez a ser ciclista

Una leyenda judía dice que antes del nacimiento cada uno elige la familia a la que quiere pertenecer. Daniel escogió nacer en el hogar de Guillermo Martínez y Blanca Poveda el 25 de abril de 1996

Una enfermedad lo guiaría a dedicarse al ciclismo. En un viaje familiar a Vergara, Cundinamarca, el pedalista bogotano terminó lleno de ‘nacidos’, o abscesos en la piel que se producen por una bacteria, luego de jugar con arena caliente. Las piernas, los brazos y su cara resultaron afectados. Así que la familia se desplazó a Bogotá para que un médico les ayudara con el tratamiento.

Martínez, quien por esa época estaba por encima del peso promedio, adelgazó tan rápido, debido a los antibióticos que le dieron en el hospital, que mamá le preguntaba: “¿Papito, y sus cachetes?”.

La recuperación fue rápida y el exceso de grasa desapareció, pero no fue lo único que cambió en la infancia de Daniel, quien empezó a practicar deporte con más frecuencia. Al principio quería ser futbolista y le decía a su mamá: “Mami, si me va a regalar algo, regáleme un balón”. Blanca le compraba balones y afiches de Atlético Nacional. Pero así lo complaciera con los regalos, ella no quería que practicara fútbol, deseaba que se convirtiera en ciclista.

La primera bicicleta de su hijo fue una ‘monareta’, la cual consiguió gracias a un amigo. Con el marco listo empezó a armar su ‘caballito de acero’, y poco a poco dejó de lado los balones que le había regalado su madre. Junto a los amigos del barrio y gracias a Jeison, su hermano, empezó a entrenar en forma.

Con la plata que le daban sus padres, para las onces del colegio, ahorró para una licra del Astana, equipo en el que corría Alberto Contador, su ídolo. En uno de sus entrenamientos la prenda se le rompió y con la entereza que un deportista adquiere a lo largo del tiempo, le aseguró a su madre que volvería a comprar otra. No solo consiguió una licra nueva, también cambió de bicicleta y con ayuda de sus padres obtuvo una de ruta.

Los entrenamientos empezaron a ser cada vez más frecuentes, su mamá lo alentaba a correr junto a su hermano y empezó a competir a los 14 años. Ya no había rastros de los cachetes que tenía cuando era un niño, el trabajo y la disciplina se fueron fortaleciendo. No dejó de ser buen estudiante, ocupó los primeros lugares del salón y disputó las becas que le otorgaban en el colegio.

La constancia lo llevó a destacarse en el ciclismo. El paso por el Team Colombia en el 2015, escuadra con la que obtuvo el título de la montaña en la Ruta del Sur y el reconocimiento como el mejor de los jóvenes en el Tour de Utah, le abrió el camino para ser tenido en cuenta por el Wilier Trestina- Selle Italia en 2016. Fue el ciclista más joven que tomó la partida en la edición 99 del Giro de Italia y ahora participará por tercera ocasión en el Tour de L'Avenir, competencia que podrás ver por Señal Colombia.