Cada 25 de mayo se conmemora en el país el Día Nacional de la Dignificación a las Víctimas de Violencia Sexual en el marco del conflicto armado interno, una fecha orientada hacia la memoria, la reparación simbólica y la exigencia de garantías de no repetición.
Porque el conflicto armado colombiano dejó profundas heridas sobre millones de personas en todo el territorio nacional. Entre ellas, la violencia sexual se convirtió en una de las formas más dolorosas y silenciadas de agresión utilizadas dentro de la guerra.
Más allá de recordar los hechos ocurridos, esta conmemoración también busca abrir conversaciones urgentes sobre las estructuras sociales, culturales y patriarcales que históricamente han permitido la persistencia de estas violencias.

La violencia sexual como mecanismo dentro del conflicto armado
Aunque la violencia sexual no nació con la guerra, distintos informes de memoria histórica y derechos humanos han señalado que el conflicto armado colombiano convirtió estas agresiones en una herramienta de control, intimidación y sometimiento sobre comunidades enteras.
Los cuerpos de las mujeres, niñas y personas diversas fueron utilizados como territorios de violencia y dominación por distintos actores armados, reproduciendo desigualdades históricas asociadas al machismo y al orden patriarcal.
En muchos casos, estas violencias buscaron enviar mensajes de terror, desplazar comunidades o fracturar los tejidos sociales en los territorios afectados por el conflicto.
Sin embargo, durante décadas, gran parte de estas historias permanecieron ocultas por el miedo, el estigma y la falta de garantías para las víctimas.
La memoria como un acto de dignificación y resistencia
Hablar sobre violencia sexual en el contexto del conflicto armado también implica reconocer la fuerza de quienes decidieron romper el silencio.
La memoria se ha convertido en un ejercicio profundamente político y humano para dignificar a las víctimas, reconstruir relatos históricos y evitar que estos hechos sean olvidados o minimizados.
Distintas organizaciones sociales, colectivas feministas y entidades de derechos humanos han insistido en que recordar no significa quedarse en el dolor, sino construir caminos de justicia, reconocimiento y transformación social.
La conmemoración del 25 de mayo también interpela a la sociedad colombiana sobre la necesidad de cuestionar las violencias cotidianas y estructurales que siguen afectando a las mujeres y diversidades en distintos espacios de la vida pública y privada.
La importancia de garantizar la no repetición
Uno de los principales llamados alrededor de esta fecha tiene que ver con la urgencia de generar garantías reales de no repetición.
Esto implica fortalecer mecanismos de protección, acceso a la justicia, reparación integral y acompañamiento psicosocial para las víctimas, pero también avanzar hacia transformaciones culturales más profundas relacionadas con la igualdad de género y la eliminación de las violencias basadas en género.
La construcción de paz no puede desligarse de la protección de la vida digna de las mujeres y de todas las personas afectadas por violencias sexuales dentro y fuera del conflicto armado.
Por eso, distintas voces han señalado que hablar de memoria también significa defender el derecho a vivir sin miedo y construir una sociedad más justa, empática y libre de violencias.
Puede interesarte → RECONOSER: el libro de Leonel Riveros que reivindica la memoria cotidiana y el servicio como acto de resistencia
Una fecha para escuchar, reconocer y transformar
El Día Nacional de la Dignificación a las Víctimas de Violencia Sexual no solo busca visibilizar una realidad histórica del conflicto colombiano, sino también reconocer la valentía de quienes han convertido su testimonio en una forma de resistencia.
En medio de un país que continúa reflexionando sobre su memoria y sus heridas, esta fecha recuerda la importancia de escuchar a las víctimas, acompañar sus procesos y seguir construyendo caminos colectivos hacia la verdad, la justicia y la reparación.
Porque la memoria también es una forma de proteger el futuro.


