Foto: Radio Nacional
Colombia la democracia más antigua de América Latina
14 / 02 / 2022

¿Por qué Colombia es la democracia más antigua de América Latina?


Por David Jáuregui Sarmiento
David Jáuregui Sarmiento
14 / 02 / 2022
Foto: Radio Nacional
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Mucho se escucha decir en medios de comunicación y declaraciones políticas que “Colombia es la democracia más antigua de América Latina”. Pero la frase, aunque popular, es una afirmación que tiene detractores que la califican de “imprecisa”, así como personas que defienden como cierta.

Quienes encuentran verídico que nuestro país es, efectivamente, la democracia más antigua de Latinoamérica se apoyan en la antigüedad de algunos gestos democráticos en nuestro territorio, así como en la larga tradición electoral del país. Colombia ha sido, al menos en la práctica, una tradición casi ininterrumpida por dictaduras militares o rupturas de la elección popular.

Ese factor también habla de la estabilidad institucional del país, en donde parece que las instituciones civiles han mantenido el orden democráticom a pesar de sus debilidades, y de los constantes cuestionamientos a su operatividad frente a la extensa tradición de violencia política que ha caracterizado a Colombia.

“Que Colombia es la democracia más antigua de América Latina es una afirmación imprecisa. Siempre hay que revisar cuándo fue la última interrupción de la democracia en el país y la historia de la democracia en el continente para llegar a esa conclusión”, explicó Yann Basset, director del Observatorio de Procesos Electorales, profesor e Investigador del Centro de Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario.

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No obstante, de acuerdo con expertos como Basset, sí es destacable que Colombia ha conocido tan sólo un período de dictadura militar: la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, que aconteció a mediados del siglo pasado.

Este acontecimiento dictatorial fue relativamente corto en comparación con las dictaduras militares que rompieron la tradición democrática en países como Chile, Argentina, Uruguay o Brasil.

“Esto muestra que en Colombia efectivamente hay una fuerte tradición de gobierno civil que no ha sido interrumpida por largas dictaduras militares. De la misma forma, no ha contado con clanes políticos de apellidos que se adueñan del poder por extensas cantidades de tiempo, a diferencia por ejemplo de como ha ocurrido en Centroamérica con la Nicaragua de los Somosa o de Ortega. Todo esto da la idea de que Colombia tiene una tradición democrática, a pesar de sus problemas”, puntualizó Basset.

Todo esto sin embargo se pone en cuestión cuando se miran las cosas desde el punto de vista menos de lo que sucede en el papel y lo que ocurre fuera de él. Los expertos cuestionan si la tradición en lo formal es lo único que importa o sí la forma en la que se ha desarrollado dicha tradición.

“Es una gran paradoja. Se supone que el régimen democrático es un régimen que pacifica la vida política, pero en Colombia se mantienen las instituciones democráticas relativamente serias a la vez que el país lleva viviendo largas décadas de violencia y de violencia política. Se trata de una democracia con muchos problemas, pero una democracia al fin”, agregó el director del Observatorio de Procesos Electorales de la Universidad del Rosario.

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Datos históricos de nuestra democracia

Según registra el Banco de la República, en Colombia el primer presidente elegido según el sistema democrático moderno fue el conservador José Vicente Concha, en el año de 1914. Con la llegada de la República Liberal en 1930, la democracia planteada en la Constitución de 1886 se reformuló con la intención de expandir la participación de otros sectores de la sociedad colombiana, como era el caso de los campesinos y los obreros.

Hasta 1953, con la llegada del general Gustavo Rojas Pinilla al poder a raíz de la violencia desbordada que vivía el país, se instauró una dictadura militar que duró hasta 1957, es decir un periodo democrático regular. Una vez concluyó, Pinilla entregó el poder pacíficamente a una Junta Militar que tomó las riendas del gobierno para hacer una transición política, para volver nuevamente al sistema democrático.

Curiosamente, aunque se trataba de una dictadura, fue durante el mandato de Pinilla que las mujeres, por primera vez en Colombia, obtuvieron derechos electorales: las mujeres adquirieron el derecho al voto con el Acto Legislativo No. 3 de la Asamblea Nacional Constituyente, el 25 de agosto de 1954.

Sin embargo, en el transcurso del siglo pasado el país vivió un período muy cuestionado en cuanto a lo democrático, por considerarse que no se ejerció el sistema democrático en todo el sentido de la palabra: El Frente Nacional.

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Colombia es la democracia más antigua de América Latina Gustavo Rojas Pinilla durante una alocución de Gobierno

Este periodo genera polémica, porque a pesar de que a nivel institucional existieron los mecanismos para la participación de amplios sectores de la población, se trató de un sistema democrático controlado (desde 1958 hasta 1974) por el pacto del Frente Nacional, efectuado entre los dos partidos mayoritarios (Liberal y Conservador).

En el pacto, representantes de ambos partidos acordaron la alternancia en el poder y la división de los cargos burocráticos, con el objeto de frenar los enfrentamientos violentos en el campo.

Desde antes del polémico pacto, el país ya tenía problemas que sí afectan seriamente la participación política y la consolidación de un sistema democrático fuerte, por ejemplo la burocratización de las instituciones estatales, la férrea oposición de los partidos tradicionales a la organización de nuevos partidos, las formas de política clientelistas y la corrupción de varios sectores de las élites dirigentes.

En 1991, después de agitadas décadas tras el Frente Nacional, surgió una Constituyente que reformuló el sistema político y planteó una democracia representativa con varios mecanismos de participación, una serie de herramientas que permiten e incentivan la participación de los colombianos en las decisiones colectivas de la nación, así no sean parte de la administración pública o de un partido político.

Esta nueva organización aseguró el sostenimiento de un sistema apoyado sobre tres ramas del poder público: la legislativa, la ejecutiva y la judicial, que es como aún opera la institucionalidad en el país.

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