“Para mí la competencia es una fiesta”: Caterine Ibargüen

Si le preguntan a qué se dedica, “atletismo” puede ser una respuesta general, injusta. A Caterine Ibargüen se le van sus días en una batalla épica contra los centímetros. Eso suena más dramático, pero es más apropiado. Para este año, la urabaense tiene como objetivo superar en salto triple los 15.31m que hizo el año pasado y pasar también los 15.50 de la ucraniana Inessa Kravets, que es récord mundial desde el 10 de agosto de 1995. (Lea también '¿Qué le falta a Caterine Ibargüen para el récord mundial de salto triple?') Para lograrlo, su calendario es clave. De eso habló en esta emotiva entrevista con Señal Deportes.

¿Cuánto le gusta representar a Colombia en sus competencias?

Mucho. Eso es algo indescriptible. Me llenan de orgullo los colores de mi bandera, me gusta representar todas las cosas bonitas que tiene mi país a través del deporte. Es que Colombia tiene talento, materia prima, ganas de superación. Nosotros somos unos 'berracos'. A veces los que no son colombianos me han dicho: 'Hey, 'berraca'. Porque saben que ese es nuestro lema.

¿Que la quieran tanto en las calles también la ayuda a ganar centímetros extra?

Claro. Eso es bonito. Pero más porque me ven como un humano, no como una marca. No me ven como un 15.31, sino que me dicen: 'Me encanta tu historia', 'Me encanta lo que hiciste'. Ven al ser por encima de la atleta y eso me encanta. Me hace tenerle más amor a lo que hago.

¿Seguramente los niños la motivan aún más?

¡Amo los niños! Y me encanta que se reflejen en mí, que piensen: 'Mira, ella lo logró. Yo también puedo'. Cuando voy a Urabá, me gusta ver a los niños en una cancha y una pista buscando lo mismo que yo. A veces me han dicho: 'Mira, yo creo que salto mejor que tú'. Eso me llena el corazón. Se me explota el pecho con un niño que me diga que quiere ser como yo.

¿Y usted cómo responde a ese cariño?

Me ha pasado que algunas personas nunca pensaron en verme y cuando me encuentran me dicen que sienten unas ganas de abrazarme. Yo les digo: 'Dale porque no sabemos si nos podemos reencontrar en esta vida. ¡Dale pues!'. Me gusta compartir. Pero no puedo estar mucho en Colombia porque debo estar casi 24 horas concentrada y por eso casi no me ven constantemente en mi país.

¿No cree que sus logros o el deporte en general devuelven la esperanza?

Claro. A través del deporte podemos unir al país, que en un minuto de competencia se baje el índice de robos, de inseguridad, porque la gente está disfrutando de momentos alegres y se salen de estrés. El deporte puedo contribuir a la felicidad, a la unión familiar. A que estés solo viendo una hazaña y te den ganas de abrazar al de al lado que no conoces. Eso es bonito.

¿Luego de superar dificultades del pasado, nunca se llegó a imaginar las consecuencias de los resultados actuales?

No. Es que algún tiempo quise tirar la toalla. Ahora lo veo y simplemente pienso que eso me ayudó a tener una mente más fuerte, a saber que sí puedo, a que hay que buscar cara buena ante las adversidades. Y el tiempo de Dios es perfecto. Este era mi tiempo. Todo se dio así. Por eso agradezco todo lo que me pasó.

¿Por qué le dieron ganas de rendirse?

Por no alcanzar una marca el día que la quería. Eso me llevó a pensar que no valía la pena seguir entrenando, que no valía la pena cada dolor que me a veces me ocasiona saltar y correr. Todo eso me llevó a preguntarme ¿qué hago aquí?, ¿por qué no busco otra cosa? Pero no. Todo me terminó fortaleciendo y ahora solo pienso en ganar. 

Ahora es todo lo contrario: en la competencia con su sonrisa y las palmas pareciera que no quiere dejar nunca de competir...

Claro. En ese momento yo le doy gracias a Dios por poder demostrar lo que hago, de darme la opción de que valgan todos mis sacrificios. Antes de saltar me sonrío por eso. Yo me gozo las competencias. Para mí es una fiesta y trato de que me animen, de que disfruten mi momento.

Foto: COC.