5 razones por las cuales Caliwood es Caliwood (y lo demás no es Caliwood)


Santiago Rivas
09 / 04 / 2018
Imagen de la película 'Agarrando pueblo'.
Agarrando pueblo
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Es mucho lo que se ha escrito, dicho y contado sobre "el grupo de Cali", ese grupo de jóvenes que en los años setenta se dedicaron a filmar esa ciudad que los rodeaba, que los llenaba de ideas, pero se los tragaba vivos, como imagen del mundo inclemente al que Andrés Caicedo no supo sobrevivir. Ese fenómeno, denominado "Caliwood", ha sido objeto de una cantidad enorme de artículos, documentales, notas periodísticas y todo tipo de documentaciones.

Son tantas, de hecho, que he decidido desistir de mi empeño por escribir un artículo aparentemente "neutro", en el que cuente, por enésima vez, las circunstancias que envolvieron a esta generación, emblema del cine colombiano que aún son objeto de estudio y modelo a seguir para todos los realizadores del país. Más bien, he decidido enumerar las cinco razones por las cuales este fenómeno tiene el tamaño que tiene, más allá del simple hecho de que así sea. No creo que esto que escribo sea un secreto para nadie, pero sí creo en cambio que vale la pena enunciarlo, porque más a menudo de lo que deberíamos, olvidamos las características que han hecho grandes a quienes participaron de la avanzada que buscó desentrañar los secretos de una sola ciudad: esa Cali arrebatada, incansable y caníbal.

1- Trabajo incansable

Obsesivo, incluso, y versátil. Desde la filmación de 'Oiga, vea!', ninguno de los pertenecientes al <"grupo de Cali", sin importar en qué momento haya entrado a la ecuación, dejó de trabajar en aquello que amaba. Andrés Caicedo, Luis Ospina, Carlos Mayolo, Sandro Romero (inventor del nombre Caliwood) y Carlos Palau (y muchos otros cuyos nombres ni recuerdo ni conozco), se dejaron arrebatar por el cine e hicieron del cine su obsesión. No fueron solo largometrajes y cortometrajes: documentales, cineclubes, revistas de cine, guiones, televisión, trabajo como asistentes de cámara, haciendo el sonido, lo que fuera necesario para seguir ese sueño. De hecho, siguen trabajando, cada uno en lo suyo. El trabajo incansable no se pensiona, ni se empereza.

2- Contar lo local

En estos días en que se habla tanto de "pensar local, actuar global", es necesario recordar a quienes, sin que nadie se los dijera, ni buscando fórmulas para ser "más posmodernos" o "resistir la globalización", se dedicaron a contar la historia de su ciudad: aquello que conocían, aparentemente, se convirtió en su materia de exploración y a través de Cali, nos mostraron al mundo.

3- Creatividad sin miedo

Ahora que todo parece dominarlo la publicidad, cuando no el afán por quedar bien con la mayoría, es fácil sentirse en buena compañía, al lado de quienes nunca temieron crear, simplemente. Luis Ospina hablaba de todas las posibilidades que el video le brindaba hace años, mientras ahora hay quien aún añore el filme, sea con fundamento o guiado por un simple fetiche. El problema no es quién tiene la razón, porque posiblemente todos la tengan; no hay respuestas correctas y por eso vale tomar todos los caminos. El asunto no para en el soporte: películas de género, cine de nicho, falso documental, pensar en el documental como materia creativa. Ellos se dedicaron a explorar todas las posibilidades a la mano y eso hace que su trabajo no pierda relevancia. Esa fuerza creativa hizo (hace) parte de su forma de ver la vida.

4- Contundencia

El discurso de cada una de sus películas es simple, pero directo. La elocuencia de sus mensajes está dada por el mucho fundamento con el que hablan. No cedieron sus convicciones, pero no las convirtieron en una perorata insoportable, al contrario: han sido inteligentes para convertir aquello que querían decir en piezas interesantes, que permanecen vigentes en el tiempo.

5- Humor

No importa si se trata de temas serios, o dramas; una mirada descarnada y a la vez desenfadada de la vida abarca todas las posibilidades y en esa medida, las creaciones de Caliwood están bendecidas con la creatividad de quien no se toma demasiado en serio a sí mismo y en cambio sí se toma en serio su trabajo.

Parece increíble, pero estas cualidades, que deberían ser fundamentales para cualquiera que esté pensando en dedicarse al cine o la televisión, a menudo son olvidadas por quienes se dedican a formar esta industria, en un tiempo en el que ya existen la técnica, los presupuestos (al menos un poco más) y algo de apoyo, incluso a ratos una industria, lejos del contexto en el que Caliwood supo nacer.