Dago García y la colombianidad en el cine


David Jáuregui Sarmiento
22 / 07 / 2020
Dago García en la serie documental 'Estudio 5'.
Dago García
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Dentro del amplio y cada vez más diverso abanico que ofrece el género de comedia en el cine colombiano hay un nombre que aparece con frecuencia en los créditos, ya sea como director, guionista, productor e incluso editor. Se trata Diego Amando García, mejor conocido como Dago García, uno de los cineastas más prolíferos y exitosos de la industria nacional.

Su aporte al cine colombiano ha tenido un especial énfasis en reflejar la identidad colombiana. Por ejemplo, en 'La pena máxima', película de la que Dago es guionista, un hincha dispuesto a arriesgar todo en su vida por apoyar a la selección nacional de fútbol.

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'La pena máxima' (2001)

Otras películas escritas por Dago como 'Te busco' (2002), 'Mi abuelo, mi papá y yo' (2005) y 'Las cartas del Gordo' (2006), que han pasado por la pantalla de Señal Colombia en la franja #EnCineNosVemos, incorporan en su historia rasgos que identifican a la cultura popular colombiana.

Se trata de un ejemplo de cine hecho en Colombia enmarcado en el humor que hace representaciones cinematográficas de la colombianidad. Por eso hablamos con Dago sobre su forma de hacer cine colombiano y las historias que caracterizan muchas de las producciones en las que se ve involucrado.

¿Hay un cine de la colombianidad, un cine con el que se identifican los colombianos?

Si una película está concebida por un colombiano pues algo debe tener de colombianidad. No creo que el carácter de un cine se define por la temática o el tipo de historias que se cuentan, sino por el punto de vista desde el cual se cuentan esas historias y se reflejan esos mundos. No se puede sustraer una película solamente a cuál es su origen cultural. Toda película que haga un colombiano, entonces, tendrá colombianidad desde su propio punto de vista así sea adaptando una obra de Shakespeare.

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'Las cartas del gordo' (2006)

¿Cuál es la colombianidad que se representa en sus películas?

Yo hago películas sobre la clase media del interior del país. El cine colombiano es muy rico en hablar sobre temas marginales, lo que está bien porque si no lo habla el cine nadie más lo va a hacer, pero en mi caso yo creo que quizás es en la clase media donde se refleja la identidad de una cultura. La clase media se diferencia entre los extremos de las marginalidades (estratos muy bajos o muy altos), y hacer historias sobre la clase media se hace un reflejo cercano a lo que podría ser una pretendida colombianidad. Tampoco creo que haya una sola colombianidad porque finalmente tenemos muchas colombianidades, como por ejemplo la del sector Caribe o la del sur del país. Afortunadamente tenemos muchas identidades y rasgos.

No es frecuente que los cineastas colombianos tengan tantas películas en su haber, ¿a qué se debe su extensa producción filmográfica?

Es una actitud frente al cine, yo hago películas de entretenimiento, tengo un estilo, una intención con las películas. Me propuse hacer cine de entretenimiento, lo que significa que está asociado a la producción continua. Al dirigirse al público masivo debería ser rentable y autosuficiente, porque funciona en taquilla y permite que no esté supeditado a trabajar con problemas en la financiación de las películas, no están amarradas a los estímulos del Estado. Da la posibilidad de que cada película financia la siguiente y así. Eso da continuidad.

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'Te busco' (2002)

¿El país debería apostarle más al cine de entretenimiento?

Se debería producir más cine al de comedia popular y realidad marginal. Nuestro cine sufre de polarización. O se hacen películas muy referidas a temáticas de realidades marginales y el de la comedia costumbrista y popular. Entre estos dos extremos hay una cantidad de grises un poco abandonados, curiosamente, porque creo que casi siempre que se hacen películas sobre estos grises funcionan. Casos como el de 'Los colores de la montaña', 'La cara oculta', 'Al final el espectro' o 'El páramo' son ejemplos que funcionan, y que están inscritas en el horror, thrillers de suspenso o dramas como el de Armero.

Creo que ya hacemos suficiente cine contemplativo o de marginalidad y comedias ligeras y hay muchos temas abandonados que le vendrían bien a la cinematografía colombiana.

¿Cómo beneficia el cine a la cultura identitaria de un país?

El cine no apela a una sola función. Reflejarse en la pantalla puede servir para reafirmarse en ciertos valores o iconografías de un país, pero también puede servir para cuestionar y criticar esa iconografía y esos valores, o para simplemente entretener y distensionar la sociedad.

Puede también servir para despertar inquietudes intelectuales. El hecho del cine es de múltiples posibilidades y lo mejor sería que muchas de esas posibilidades se explotaran en simultáneo. Toda esa sumatoria de funciones de cine aportan a la sociedad: reafirmarse, cuestionarse, reírse de la sociedad y uno mismo tiene utilidad. Una sociedad entre más cine haga más tiene esa oportunidad de hacer este tipo de ejercicios.

ArtículoEntrevista con el director Harold Trompetero

'Mi abuelo, mi papá y yo' (2005)