El protagonista de 'El abrazo de la serpiente' cuenta cómo fue trabajar con Ciro Guerra


Paola Arcila Perdomo
23 / 02 / 2016

Por: Paola Arcila - @paolaarcila

Antonio Bolívar, el actor que interpreta al guía indígena Karamakate en su edad madura, conversó con Señal Colombia sobre el proceso de filmación de 'El abrazo de la serpiente' y su trabajo con el director Ciro Guerra, quien se toma la pantalla de Señal Colombia este fin de semana con sus dos primeros largometrajes: 'La sombra del caminante' el viernes 10:30 p.m. y 'Los viajes del viento' el sábado a la misma hora.

Considerado un visionario, Guerra ha recibido decenas de reconocimientos en su impresionante carrera que incluye solamente tres largometrajes que dan cuenta de su evolución artística y rápido ascenso como cineasta. Este año, hizo historia al recibir la primera nominación al Óscar para una cinta colombiana en la categoría de mejor película extranjera.

Para acercarnos a su manera de trabajar y dimensionar qué tan soñador e idealista ha sido el director, que hoy en día puede ser uno de los más importantes de la escena nacional, conversamos con el actor Antonio Bolívar, protagonista de 'El abrazo de la serpiente', quien interpretó a Karamakate, el último sobreviviente de su etnia.

Antonio tiene más de 70 años y pertenece a la etnia indígena ocaina (que está a punto de desaparecer). Habla, además de la lengua nativa de su etnia, español, portugués, uitoto y "algunas cositas" de los tikunas. Nació en La chorrera, Amazonas, pero vive en Leticia. Cuenta que todos los días se levanta a las 4 de la mañana, prepara su café (que le encanta), se baña y se dedica a sembrar la tierra antes de que caliente el sol. Cultiva plátano, yuca, piña, ají, lulo, caña, guayaba y chontaduro, y le alcanza para comer y también para vender.

Antonio asegura que la tierra le da todo lo que necesita, su patrón es él mismo, busca la moneda conforme le alcance y asegura que cada año llegan los frutos de su trabajo. Últimamente, su labor es menos ardua porque sus hijos no quieren que esté tanto tiempo al sol y porque ahora es actor.

Tuvo una esposa y quedó viudo, después tuvo otra y lleva con ella más de 20 años. Su primer hijo aparece con él en una escena de la película. se llama Pedro Antonio y tiene 45 años. Al segundo lo mataron en Bogotá y se llamaba Carlos, el tercero se llama Luis Antonio y está en el Perú, el cuarto vive en Puerto Nariño y se llama Juan Antonio, y el menor es Cristian de 27 años.

Entre su familia y su tierra, lleva una vida casi que desconocida para nuestro mundo actual. Asegura que la selva tiene 7 capas, poderes o reinos, donde se encuentra la tierra, el agua, el aire, la selva, la luz, los animales y los peces, y que es esa misma naturaleza la que les da la vida siendo necesario protegerla y cuidarla. Al dios de la selva hay que pedirle permiso espiritual para sacar una corteza, una raíz o una flor, y hay que hablar con los árboles diciéndoles que son poderosos y misteriosos, acariciarlos y consentirlos, y cuando no pueden ver claramente lo que necesitan se le pide a la selva que les muestre en sueños su sabiduría.

Allá mismo fue donde Ciro Guerra pidió permiso para comenzar su película a los paisanos de la raza cubeos del Vaupés, donde se encuentran lugares que son sagrados para quienes crecen en la región. Bolívar dice que Ciro Guerra había hablado con los indígenas de Mitú y que al inicio no querían aceptar que la cinta fuera realizada. Después de que un payé lo mirara a los ojos y lo analizara espiritualmente, le dijo que tenía "un espíritu sencillo, noble, dulce, humilde y sin antecedentes penales", allí fue cuando comenzaron a grabar la película", relató Bolívar.

Convencer a Antonio Bolívar no fue tarea fácil para Ciro Guerra. Anteriormente, unos profesores convencieron a Bolívar y a otras 11 personas de Leticia de grabar un documental de 15 minutos. Bolívar cuenta que hicieron el trabajo pero nunca les pagaron la cantidad prometida. Esa experiencia le dejó un mal sabor de boca y no quiso volver a tener nada que ver con la industria audiovisual. Curiosamente, después de un tiempo, ese mismo documental fue presentado en Bogotá, Ciro Guerra lo vio y decidió buscar a Antonio para que actuara en su película.

Antonio le dijo que no quería ser estafado de nuevo y, entre ires y venires, el director le prometió que si lograban hacer la cinta les iba a ir muy bien. El cineasta cerró finalmente el trato con Bolívar dándole la mitad de sus honorarios por adelantado, un tiquete para viajar a Bogotá y la promesa de conocer a Nilbio Torres, un joven indígena de la comunidad de Santa Marta, un pequeño cacerío sobre el río Cuduyarí, a 5 minutos del centro de Vaupés, quien interpretó a Karamakate joven.

Una vez comenzó la filmación de la película, Antonio recuerda que él y sus compañeros de escena tenían que repetir las tomas muchas veces, pero asegura que fueron tratados con cariño y educación cada vez que se tenía que hacer todo de nuevo. Cuando se vio en la pantalla, Antonio sintió que él nunca había tenido un valor artístico pero que todo había salido bien y que dios le había dado la inteligencia de hacer las cosas. Le gustan las cámaras siempre y cuando no las tenga que mirar fijamente y con certeza expresa que si le vuelven a ofrecer otro trabajo de actuación lo haría de nuevo.

Antonio se toma un tinto, pausado y tranquilo, mientras piensa cómo será llegar a los premios Óscar y lo compara con su estadía en Cannes. Para él fue una especie de redención, cuando tuvo la oportunidad de tener el micrófono al frente expresó con orgullo: "vengo desde el corazón de la selva del Amazonas, en vivo y en directo, como indígena, aquí, al frente de todos ustedes".

Pide ser escuchado, rescatar sus hábitos, prestar atención a los viejos y alejarse de las malas costumbres como las bebidas alcohólicas y el cigarrillo, porque eso "daña y corrompe". Con tristeza, concluye que hay muchas razas indígenas en extinción y que si la juventud no los escucha no vale la pena hablar.

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