La banda sonora de "Whiplash", más allá del jazz


David Jáuregui Sarmiento
04 / 07 / 2018
Miles Teller y J.K Simmons en "Whiplash"
Imagen de la película Whiplash (2014)
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Desde que el sonido hace parte del cine, el séptimo arte cambió para siempre. Películas como Whiplash, que además se centra en la música, muestran que la imagen y el sonido son uno solo cuando se proyecta un filme en la pantalla gigante. Descubre con nosotros porqué.

Whiplash (2014) es una pieza de la que tenemos que hablar en Señal Colombia. La película trata de la relación que establecen dos músicos en la búsqueda de la perfección del ritmo y de la interpretación para llegar a hacerse merecedores del jazz. Por un lado está Terrence Flitcher (J.K. Simmons), un maestro del jazz conocido tanto por su talento como por sus métodos disciplinarios para guiar a sus músicos. De acuerdo con Flitcher, para hacerse gigante en la música hace falta mucho más que talento: hace falta una disciplina férrea, casi obsesiva, para lograr una interpretación perfecta.

Por otro lado está el joven Andrew Neiman (Miles Teller), quien sueña con convertirse en uno de los mejores bateristas de jazz y, para lograrlo, su primer paso será triunfar en el Conservatorio de Música de la Costa Este, donde se las tendrá que ver con los métodos de Flitcher para hacerse con su respeto y dar el primer paso a realizar sus sueños.

Whiplash

Domingo 25 de noviembre, 10:00 p. m.

 

El largometraje, que de principio a fin da cuenta del talento de J.K. Simmons, quien con una interpretación sobresaliente recrea su relación pasional entre la música y lo que podría llegar a hacer para encontrar talentos que hagan honor al jazz, contó también con la también magnífica actuación de Miles Teller, no solo por los retos que plantea interpretar largas sesiones sentado en la batería y hacerlo convincente, sino porque significó un paso importante para cualquier actor: el paso de la comedia al drama puro y duro.

 

El guion del largometraje, apasionante y bien construido, y apoyado por una fotografía limpia y bien trabajada en la iluminación, tuvo la fortuna de ser muy bien llevado a la pantalla por el director de la cinta, Damien Chazelle, quien además de contar con un excelente director de casting también supo elevar el tema principal de la película -la música- al nivel de un protagonista esquivo pero arrollador. Whiplash, en definitiva, no hubiera sido la misma película sin la banda sonora que acompaña la narración de la historia.

 

La banda sonora en Whiplash

Una confusión frecuente está relacionada con la banda sonora original (B.S.O), y muchas veces se piensa que la música (producida para la película o escogida para el filme) es la totalidad de la B.S.O. Sin embargo, la banda sonora incluye desde la palabra, la voz humana en los diálogos o en voz en off, hasta el uso del silencio y los efectos sonoros y ambientales.

No es casualidad, por ejemplo, que cuando en una buena parte de las películas, al aparecer en el cuadro un arma de fuego, se acompañe la imagen con un sonido característico que en realidad las armas no hacen, pero que al montarse con la imagen le recuerda al espectador: “Ojo, alguien desenfundó un arma”.

 

La banda sonora condiciona la forma en que un espectador percibe e interpreta la imagen y lo proyectado en la pantalla puede cambiar bastante según lo que suena en los altoparlantes. Un ejemplo clásico enseñado en la academia es la escena de Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock, en la que la entrada del cuchillo al cuerpo de la víctima, sumado a sus gritos y la caída del agua de la ducha acompañan la imagen para hacer una narración impecable de un asesinato a sangre fría en el baño de un hotel. La escena, además, está acompañada de unos violines que empujan el terror del asesinato a otro nivel.

Cada sonido desde que la mujer entra en la ducha, el cierre de la cortina de baño, la apertura del jabón de baño proporcionado por el hotel y la caída del agua en la regadera hacen ver en la imagen un ambiente íntimo, de sonidos que rara vez escucha una persona acompañada, y que comúnmente se escuchan en soledad. Esta conjunción de factores no solo ayudan a dar significado a la imagen, sino que con el sonido transporta al subconsciente del espectador a un momento de absoluta calma y seguridad, en el que nadie más puede ser partícipe. 

Justo cuando aparece el asesino, el registro de cómo suena la cortinilla empujada hacia un lado con violencia, el grito de la mujer, los violines y la entrada del cuchillo en la carne de la víctima hacen ver cómo el arma entra en el cuerpo de la mujer hasta provocarle la muerte. Sin embargo, el asesinato es tácito, pues en los encuadres nunca se ve el arma haciendo daño a la mujer y se limita a hacer apariciones dirigiéndose al cuerpo, pero nunca entrando. Sin embargo, el espectador relaciona el sonido con la imagen y, aunque nunca se muestra en realidad, fue testigo del crimen.

 

En Whiplash, por otro lado, la relación entre los personajes y la música se hace manifiesta a partir del silencio absoluto y el protagonismo del ruido que emite la batería: desde el más mínimo contacto entre las baquetas y los tambores o platillos de Andrew con su instrumento se hacen manifiestos al espectador a través de la B.S.O, así como las transiciones y el ritmo que lleva el largometraje se hacen en clave de jazz, a partir de los platillos.

 

También podemos citar la escena en la que el protagonista tiene que hacer una carrera contra el tiempo para recuperar unas partituras. Esta secuencia está acompañada de los sonidos del afán automovilístico y el diálogo, pero también de jazz; específicamente de la percusión del jazz: la musicalización le da un ritmo violento y desenfrenado que se acopla a las acciones y el desenlace de la escena.

Tras el accidente del protagonista, producto de su afán, se hace además un muy minucioso recorrido de cómo suena el impacto de un vehículo con otro, incluso al nivel de detallar el sonido de las esquirlas de vidrio en roce con el pavimento y el metal del auto.

 

Este énfasis en la banda sonora, que establece una relación intimista y cerrada entre la imagen, las acciones y el sonido, es característico en cintas en las que la música cumple un rol decisivo en la historia y, aunque no es una regla general, se construye a partir de esta herramienta una correlación de "necesidad" entre un músico y su instrumento: no hay personaje sin el instrumento, y no hay película sin la música que nace de él.

Recientemente, en el largometraje británico-irlandés Jimi: todo está de mi lado (2013), que narra los comienzos de la carrera musical de Jimi Hendrix, se pueden apreciar escenas en las que también la banda sonora es fundamental para explicar la relación del músico y la guitarra, así como el uso del contrapunto orquestal (que las imágenes no tiene concordancia con el sonido) para contar la primera experiencia con LSD del artista.

 

Para no irnos tan lejos y dejar un último ejemplo de cómo podrías descubrir a profundidad la banda sonora de Whiplash, recordamos también la escena de piquería de la película Los viajes del viento (2009), de Ciro Guerra, en la que el juglar Ignacio Carrillo toca el acordeón del diablo y vence a su oponente, o cuando a ritmo de vallenato se encarna una pelea a machete.