'Oscuro animal', radiografía del desplazamiento forzoso


David Jáuregui Sarmiento
11 / 02 / 2020
Fotograma de la película 'Oscuro animal', de Felipe Guerrero.
Protagonista película 'Oscuro animal' (2016)
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Los desplazados por la violencia se ayudan entre ellos sin hablar. Los violentos entierran víctimas sin pronunciar ni una sola sílaba, así como la fuerza pública ve pasar a una mujer desplazada y su hijo, en un retén, sin mencionar una sola palabra, sin hacer ni siquiera un esbozo de pregunta. Así es 'Oscuro animal' (2016), una película de Felipe Guerrero que cuenta el drama de la violencia en los campos colombianos.

El oscuro animal parece ser el silencio. Para lo bueno y lo malo no hay necesidad de hablar. En esta película, Guerrero calca la más oscura realidad colombiana y nos deja ver que las violaciones también se ejecutan en silencio, que los demás ciudadanos vemos, callados, el drama de nuestros coterráneos con la más impávida frialdad, porque todos en nuestro interior tenemos algo de esta violencia que nos hace callar.



Guerrero retrata el viaje desde la selva hasta la ciudad que hacen tres mujeres que deben escapar del acoso de la violencia rural colombiana, pero que en la actualidad se resiste a llamarse conflicto. Cada una, por su cuenta y sin ninguna ayuda, emprenderá un viaje en búsqueda de la calma y la vida que les han arrebatado en sus tierras.

El drama, sin embargo, no termina cuando llegan a la ciudad y, más bien, es donde comienza, pues las tres mujeres tendrán que buscar una manera de sobrevivir en la urbe, y para el director este es el comienzo del verdadero relato que se queda sin imágenes en la película: una mujer que no sabe escribir ni leer pero que tiene que ayudarse para sobrevivir con una cartelera y un marcador, una mujer que debe cambiar de identidad y emplearse en algo muy diferente a lo que sabe hacer y otra que solamente encuentra ayuda en otras mujeres que como ella han pagado con su cuerpo el horror de la guerra.

A pesar de que se trata de un largometraje lento y con poco ritmo, Guerrero deja ver en los 100 minutos de película que no hace falta la musicalización, ni diálogos ni efectos especiales para retratar el terror que se vive en la ruralidad colombiana, a donde el Estado no ha podido o no se ha interesado para cobijar con su protección y sus instituciones a los colombianos que no viven en la ciudad. Un Estado que tampoco está en capacidad de cuidar de ellos ni siquiera una vez han llegado a las capitales.


Una mujer y su hija reposan en un cuarto semi vacío


Por esta cinta, Guerrero y su equipo se llevaron reconocimientos como mejor película iberoamericana, mejor director, mejor interpretación femenina y mejor fotografía en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (México, 2016), y el Grand Prix International Competition, Tarkovsky Fest, de Rusia en 2016, entre otros reconocimientos internacionales.

La fotografía, la imagen, como se puede sospechar, también juega un papel fundamental en la narración, y fue el argentino Fernando Lockett quien junto a Guerrero hicieron que las poderosas interpretaciones de Marleyda Soto, Luisa Vides y Jocelyn Meneses, las protagonistas, atrapen al espectador en un torbellino de emociones que varían entre la desesperanza, el dolor y la valentía.

Un acierto de la historia, también escrita por el director, es que en ese juego de violencia que retrata la película se hace casi imposible distinguir a los actores, por lo que los responsables de aquellas escenas crudas de violencia pierden relevancia frente al sufrimiento de las víctimas, algo que se hace necesario en la narrativa de un país como Colombia, que vive buscando los responsables de los problemas que lo aquejan, pero guarda un tenebroso silencio con las consecuencias y las víctimas, encerrándose en un círculo vicioso que parece nunca tener fin.

No te pierdas 'Oscuro animal' en nuestra pantalla, una oportunidad para recordar que no todo es color de rosa en Colombia, y que la memoria de la violencia también tiene lugar en el séptimo arte.