Lecciones de trauma y obsesión: 'La pianista'


David Jáuregui Sarmiento
09 / 03 / 2020
Cine

La Pianista

Erika Kohut, interpretada por Isabelle Huppert, en 'La pianista'.
Erika Kohut, interpretada por Isabelle Huppert, en 'La pianista'.
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La película 'La pianista' (2001), de Michael Haneke, es una de las historias más sobresalientes contadas por el director austriaco, ganadora en el Festival de Cannes del Gran Premio del Jurado, así como el galardón a mejor actor y actriz, en este mismo festival, para sus dos intérpretes protagonistas: Benoît Magimel e Isabelle Huppert.

Además de los reconocimientos de la academia francesa, Haneke y esta película recibieron galardones en otros importantes festivales internacionales, y ha sido celebrada como uno de sus largometrajes más imponentes, así como perturbadores.

Con 'La pianista', como en varias de sus películas, Haneke hace dar la impresión de que disfruta engañar al público con que sus personajes son seres humanos que responden a los estándares sociales de "lo normal", pero que a medida que desarrolla sus historias, vamos descubriendo la sordidez de la realidad, del secreto que hace al humano un ser mucho más complejo de lo que parece.

Pequeños detonantes, como una relación enfermiza con su madre, un cruce de manos cerca a su entrepierna durante un recital de audición al conservatorio para el que trabaja, y conductas sexuales autolascivas y solitarias van formando la idea de que la piel de Erika Kohut (Isabelle Huppert) no es más que un cascarón que protege un interior turbio y estremecedor, y que con la llegada de un estudiante prodigioso y codicioso por llamar su atención, algo salido de las márgenes está por ocurrir.

escena bañera 'la pianista' michael haneke senal colombia

Es allí donde Haneke combina su astucia narrativa en las imágenes de movimiento con un facilidad para interpretar la sordidez de una historia como la que recrea en 'La pianista', cuya historia original fue extraída del libro homónimo de Elfriede Jelinek, obra destacada de esta autora que ganó el Premio Nobel de Literatura en el año 2004.

De esta forma, Haneke lleva al espectador hacia un callejón sin salida con su narración: todo empieza normal, pero a medida que avanza, la sobresaliente profesora de un prestigioso instituto se va convirtiendo en un personaje difuso y arrollador, impactante y atemorizante, pero que a la vez causa fascinación por la intensidad de los acontecimientos, de las actuaciones y de la maestría con la que la narración audiovisual se desarrolla sin mayor contemplación técnica.

la pianista senal colombia escena

Todo lo que ocurre en la película, sin embargo, desde la elección de los planos, hasta la intensidad de las escenas o los giros parece ser parte del plan de Haneke, pues la atención siempre está centrada en los personajes sin desgastar ni un solo segundo en cualquier contemplación estética que no responda a mostrar lo que ocurre con los protagonistas de la historia.

Y todo ello ocurre en pequeñas dosis. A medida que transcurren los segundos la cinta atrapa más y más, a pesar de que cada segundo es mucho más conflictivo y más difícil de digerir.