El actor y productor italiano Salvo Basile falleció en la madrugada de este lunes 26 de enero de 2026, a los 85 años, en Cartagena, la ciudad que se convirtió en su hogar por más de 55 años. Tras un deterioro rápido de su salud, luego de ser diagnosticado con cáncer de páncreas a comienzos de diciembre, Basile se va del plano terrenal dejando una huella memorable en el cine y la televisión de Colombia.
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¿Quién era Salvo Basile?
Salvo Basile nació en Nápoles el 18 de mayo de 1940 y llegó a Colombia en 1968 como parte de un equipo de producción que buscaba locaciones coloniales para filmar la película Queimada, dirigida por Gillo Pontecorvo y protagonizada por Marlon Brando.
Basile quedó enamorado de Cartagena desde la primera vez que caminó por sus calles y lo que comenzó como una visita laboral se transformó en una decisión de vida. Se quedó en La Heroica, se hizo cartagenero y aceptó la ciudad con sus luces y sombras, tanto para admirar su belleza como para ayudar a quienes más lo necesitaban.

Una vida dedicada al cine
Antes de su llegada a Colombia, Salvo Basile se formó en el teatro italiano, interpretando clásicos y consolidando una carrera que luego se expandiría al cine. Fue parte de obras clásicas griegas como La paz, de Aristófanes, y El león en invierno.
Ya instalado en Colombia, su relación con el cine colombiano fue cada vez más fuerte, hasta convertirse en una figura clave, frente y detrás de cámara. En los años 90 comenzó a desempeñarse como productor y trabajó junto a Sergio Cabrera en películas clave para la industria del país, como La estrategia del caracol (1993), donde además interpretó al recordado personaje de Matatigres.
Junto a Cabrera también produjo Águilas no cazan moscas (1994) e Ilona llega con la lluvia (1996), consolidando una filmografía que ayudó a proyectar el cine colombiano en escenarios internacionales.
A lo largo de su trayectoria, Salvo Basile participó en películas como El mercenario (1968), de Dieter Müller; Dos misioneros (1974), de Franco Rossi; Venganza (1976), de Pasquale Festa Campanile; Un amigo es un tesoro (1981), de Sergio Corbucci; Banana Joe (1982), de Steno; Días de fortuna (1995), de Andrew Davis; El amor en los tiempos del cólera (2007), de Mike Newell; Lecciones para un beso (2011), del director cartagenero Juan Pablo Bustamante; y fue productor y protagonista de El cielo (2007), película dirigida por su hijo Alessandro Basile.
Una presencia constante en la televisión
En la pantalla chica, Salvo Basile fue parte de la memoria colectiva del país. Actuó en telenovelas y series como Calamar (1989), Café con aroma de mujer (1994), Prisioneros del amor (1997), ¡Ay cosita linda, mamá! (1998), Pobre Pablo (2000), Sofía, dame tiempo (2003), Las noches de Luciana (2004), Las trampas del amor (2009) y La luz de mis ojos (2017), entre muchas otras.
Su acento italiano y su presencia física lo hicieron inconfundible, pero fue su versatilidad la que le permitió habitar personajes muy distintos a lo largo de décadas.
El amor por Cartagena y su compromiso social
Aunque su nombre está ligado al cine y la televisión, quienes lo conocieron de cerca coinciden en que su mayor compromiso estaba fuera del set. Salvo Basile dedicó buena parte de su vida a trabajar con comunidades vulnerables de Cartagena, especialmente con niños, gestionando ayudas, enseñando y creando espacios de encuentro a través del arte.
Ese trabajo se materializó, entre otras iniciativas, en la Fundación Corazón Contento, desde donde impulsó acciones solidarias en barrios como San José de los Campanos y Nelson Mandela.
Un reconocimiento en vida
En 2019, Salvo Basile recibió el Premio Víctor Nieto a toda una vida, durante los Premios India Catalina, un reconocimiento que tuvo un valor especial para él. No solo por su trayectoria, sino por su amistad con Víctor Nieto, fundador del Festival Internacional de Cine de Cartagena, del que fue testigo y partícipe desde sus primeras luchas.
El legado de Salvo Basile
Salvo Basile fue testigo y protagonista de la historia del cine colombiano. Vivió intensamente, conoció a figuras como Marlon Brando, Robert De Niro, Ornella Muti, Mohamed Ali y Roman Polanski, y acumuló historias que parecían salidas de una película.
Su salud se deterioró de forma acelerada tras ser diagnosticado con cáncer de páncreas a comienzos de diciembre. Murió poco más de un mes después, en su casa, viendo el mar, tal como siempre dijo que quería hacerlo.
Él sabía que su historia terminaría en Cartagena. Y así fue. El actor y productor deja un legado imborrable: el de un artista que eligió a Colombia como hogar y entendió el cine como una forma de pertenecer.


