El Cómic en Bogotá comenzó a tomar forma en 1924 con personajes como Mojicón y el impulso creativo de Adolfo Samper. Hoy, esa historia centenaria puede recorrerse en la exposición gratuita “¡Extra, extra!” en la Biblioteca Nacional de Colombia, una muestra que revela cómo la historieta capitalina pasó de textos bajo la viñeta a globos de diálogo y de la sátira costumbrista a la crítica política.
Cómic en Bogotá: una historia que comenzó en la prensa
Hablar del Cómic en Bogotá es regresar a las páginas de los periódicos de la década de 1920, cuando la ciudad comenzaba a modernizarse y la prensa ilustrada se consolidaba como un espacio de opinión, humor y experimentación gráfica.
En 1924 apareció Mojicón, personaje publicado en el diario Mundo al día y creado por Adolfo Samper, figura fundamental de la historieta colombiana. Mojicón era una versión criolla influenciada por las tiras cómicas estadounidenses, pero profundamente arraigada en el contexto bogotano. Sus personajes, con nombres pintorescos y cotidianos, retrataban tipos urbanos y situaciones sociales con un humor cercano al lector.
De la viñeta con texto inferior al globo de diálogo
En los primeros años del siglo XX, las historietas en Colombia seguían el modelo europeo: la imagen ocupaba el espacio principal y el texto explicativo se ubicaba debajo de cada viñeta. No existían aún los globos de diálogo tal como los conocemos hoy.
Fue precisamente Adolfo Samper quien introdujo y popularizó el uso del globo al estilo estadounidense, marcando un antes y un después en la narrativa gráfica nacional. Este cambio técnico no solo transformó la estética, sino también el ritmo y la cercanía del relato con el lector, modernizando el lenguaje del cómic en la capital.
Sátira y crítica social: el caso de Misia Escopeta
En las décadas siguientes surgieron nuevos personajes que reflejaban las tensiones políticas y culturales del país. Entre ellos destacó Misia Escopeta, también creada por Samper.
Este personaje encarnaba a una mujer conservadora y rígida, utilizada como recurso satírico para comentar la política y la moral de los años 30 y 40. A través de ella, el Cómic en Bogotá dejó de ser únicamente costumbrista para convertirse en una herramienta de crítica social y política.
Una estética marcada por el Art Déco
La influencia internacional también se hizo visible en el trazo. Las ilustraciones de la época reflejaban rasgos del Art Déco: líneas limpias, composiciones simétricas y elegancia ornamental. La gráfica bogotana dialogaba con tendencias que llegaban desde Europa y Estados Unidos, adaptándolas a la identidad local.
Así, el cómic capitalino no solo narraba historias; también construía una estética moderna que acompañaba la transformación urbana y cultural de la ciudad.
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“¡Extra, extra!”: un recorrido por la memoria gráfica
Toda esta historia puede explorarse hoy en la exposición gratuita “¡Extra, extra!”, disponible en la Biblioteca Nacional de Colombia.
La muestra recopila el surgimiento y evolución del Cómic en Bogotá, desde sus primeras publicaciones en prensa hasta la consolidación de un lenguaje gráfico propio. A través de archivos, viñetas y material histórico, la exposición permite entender cómo la historieta fue espejo de la sociedad, la política y los cambios culturales del siglo XX.
Más que una mirada nostálgica, “¡Extra, extra!” es una invitación a reconocer el cómic como parte del patrimonio cultural de la ciudad: una expresión artística que comenzó como entretenimiento en los periódicos y terminó convirtiéndose en un testimonio visual de la historia bogotana.


