¿Se acerca el fin del vallenato como lo conocemos?


David Jáuregui Sarmiento
24 / 04 / 2018
Foto de archivo: Leandro Díaz
Foto de archivo: Leandro Díaz
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Aunque el vallenato es uno de los ritmos más representativos del país frente al mundo, se corre el riesgo de que desaparezca como lo concibieron los juglares que crearon el género. 

'Leandro, el último juglar'
Jueves 4 julio, 8:00 p.m.

Desde 2015 el vallenato fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), debido a su tradición cultural y al diálogo intergeneracional que propone, así como por sus matrices melódicas y líricas únicas en el mundo, pero también por el riesgo que corre de desaparecer como tradición folclórica por dos elementos que hacen parte de la realidad mundial y colombiana: la apropiación y transformación de la industria musical, y su posible peligro de extinción por el conflicto armado, que no solo ha tomado vidas sino también la subsistencia de tradiciones culturales (ver comunicado de la Unesco aquí).

Por eso, enmarcados en la transmisión del documental 'Leandro, el último Juglar', Señal Colombia consultó con expertos en el género como Alberto Salcedo Ramos, Fernando Rangel Molina, rey vallenato en 2012, Fernando López, director de Codiscos Bogotá, entre otros, sobre cuáles son las perspectivas del género y si, como teme la Unesco y los expertos más conservadores, el vallenato y su tradición musical y lírica están en peligro de desaparecer.

 

Las cuatro formas del vallenato

No en vano el Premio Nobel de Literatura (1982), Gabriel García Márquez, se valió de la leyenda del juglar Francisco el hombre, así como de buena parte de las tradiciones de la cultura vallenata para retratar el lugar del realismo mágico, pues los cuatro aires vallenatos -además de conformar el género- fueron durante muchos años una forma estructurada tanto en ritmo como en estructura poética, aires únicos del país que han llevado a reconocimientos fuera de las fronteras colombianas.

De esta manera la puya, el son, el paseo y el merengue van más allá de cuatro formas en las que se presenta el vallenato tradicionalmente. Cada una lleva perfeccionándose y evolucionando en una historia que data desde antes de principios del siglo pasado, cada una con tiempos, usos del bajo, la caja y el acordeón diferentes y muchas veces estrictos, además de conformaciones líricas y letras que dan cuenta de un uso del lenguaje especializado que muchas veces el público no sospecha. Las líricas se acercan tanto a la estructura poética especializada que pueden pasar desapercibidas y cuyos escuchas prefieren en nuevas formaciones, como el “romance” u otras músicas hechas con acordeón pero que los conocedores rechazan como vallenato.

“Indiscutiblemente, el aire que se consume más hoy en día es el paseo vallenato, porque es romántico y son canciones que se ponen muy de moda, se escuchan mucho por Medellín, Bogotá, la costa; y también porque se presta para hacer canciones alegres. Hoy en día, los que menos se trabajan son la puya y el son. Estas dos últimas no han sido comercialmente utilizados, porque no se prestan para tanta alegría y variación de velocidades, en cambio el son es un ritmo con solamente una sola velocidad, y una velocidad lenta. Un son rápido no se usa. Lo mismo pasa con la puya, pues carece de melodías porque es muy rápido, y no necesita tantos cambios armónicos sino sencillos”, explicó el rey vallenato Fernando Rangel en 2012.

De acuerdo con Julio Oñate Martínez, investigador de la cultura vallenata y autor del libro ABC del Vallenato, el paseo nació hace unos 60 años y una de las primeras grabaciones de este aire se dio en 1944, cuando “Chema” Gómez Daza grabó con la Orquesta Emisora Atlántico Jazz Band la canción Compae Chipuco para la firma Odeón. Sin embargo, según Oñate, lo que caracterizaría al paseo sería el uso de un estribillo o coro.

“Toño Salas, viejo juglar de El Plan (Guajira) me explicó que cuando aparecieron los primeros cantos que traían algún estribillo, o coro, fue cuando comenzó a usarse la palabra paseo”, afirma Oñate en el ABC del Vallenato.

 

El paseo, explica el autor, era conformado por los trovadores de antaño como Chico Bolaños, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales, Rafael Escalona, entre otros, en sistema de cuartetas, es decir estrofas de cuatro versos, en donde en la mayoría de los casos la rima iba en los versos pares. Además, los versos eran octosílabos, es decir de a ocho sílabas exactas, un trabajo de escritura complejo que según los expertos se ha perdido en la música de acordeón que se escucha ampliamente en las emisoras del país por estos días.

Tal estructura, sin embargo, fue variando a finales de los años 40 del siglo pasado y fueron incluyéndose dos versos para conformar estrofas de sextetas, unas veces adheridas como estribillos, y otras como versos complementarios. Como fuere, el paseo tenía tintes que tocaban menos el extremo romance y más con todo tipo de acontecimientos de la vida.

“En esto hay una ruptura con la tradición, ya que lo que se compone hoy como paseo está completamente desarraigado del modelo original; sin embargo, esto no ha sido accidental, sino que ha tenido una acogida colectiva y puede considerarse que se ha generado una nueva escuela, puesto que no se vislumbran en el panorama nuevos compositores que vuelvan al paseo tradicional”, acota Oñate.

Sobre el merengue, por otro lado, otro aire clásico del vallenato, Oñate explica que no ha sufrido mayores cambios, tal vez por la indiferencia con la que los artistas lo han tratado o, incluso, por su complejidad.

Leandro Díaz, artista vallenato y uno de los grandes símbolos del género, escribió en su canción El bozal, que aires como el merengue o el paseo tradicional ya no se hacen por la dificultad que plantea y porque no vende.

 

Ya los músicos de hoy

No quieren grabar merengue

Dicen que eso no se vende

Para mí eso es un error

Yo sí digo lo que son

Sin temor a equivocarme

Lo que pasa es que no saben

Siempre lo interpretan mal

Así quieren acabar

Un ritmo alegre del Valle

El merengue es el bozal

De los cantantes modernos

Por eso se está perdiendo

La costumbre regional

Los protagonistas van

Con su cartel adelante

Dejando un mundo importante

Porque pocos lo comprenden

Es por eso que el merengue

Es terror de los cantantes

 

La puya y el son, por otra parte, son dos aires que han sufrido el mayor abandono de los artistas actuales, salvo por casos especiales como Ay hombe de Jorge Celedón, por ejemplo, que hace parte de los éxitos recientes que han apelado a otras temáticas y a estilos diferentes al paseo tradicional o al nuevo género del que hablan expertos como Julio Oñate o el escritor Alberto Salcedo Ramos, quien con obras como La eterna parranda, sobre el difunto artista Diomedez Díaz, quienes se han encargado de hacer apartes literarios profundos de la importancia del género vallenato.

“Los aires del vallenato son cuatro: puya, paseo, merengue y son. Hay ahora un vallenato comercial que se sale de los cuatro aires y un vallenato clásico que sí respeta los aires tradicionales. El vallenato, para ser considerado como tal debe cumplir con esos aires representativos del floclor; los que no cumplen eso sencillamente no son vallenato, son un tipo de música que se hace con acordeón, porque no responde a los cánones del vallenato”, afirmó Salcedo Ramos.

El son, por ejemplo, exalta Oñate, es un aire que hace crónica narrativa, es decir que cuenta historias, como por ejemplo sobre la vida y los dramas del cantante o de los territorios donde habita, tal y como se concibe la juglaría de Francisco El Hombre y los demás exponentes clásicos del género.

Del son, afirma su investigación, aunque la primera grabación de la que se tiene registro es anterior a 1944, con El botón de Oro de Pacho Rada, muy pocos reyes vallenatos lo han grabado y tan solo pocos ejemplos como Ay hombe, del villanuevero Jorge Celedón han vuelto a poner en las emisoras nuevos temas que lo representen, incluso con el tono romántico que le imprime Celedón.

 

Con la puya pasa algo muy similar. A pesar de que es un aire tocado tradicionalmente por los juglares de antaño y es considerado el aire más antiguo del género, hoy en día es un ritmo que brilla por su ausencia en las producciones discográficas de los artistas contemporáneos.

Resaltan en el tiempo algunos temas de Alejo Durán, uno de los principales exponentes de este aire, o Esteban Montaño, de quien se tiene el primer registro de grabación en los años 50 del siglo pasado bajo la etiqueta de Discos Fuentes. Sin embargo, subraya Oñate, a pesar de que en el Festival de la Leyenda Vallenata la puya es tan importante como los demás aires, parece que los acordeoneros no se tienen la suficiente confianza para hacer grabaciones en esta propuesta tradicional.

 

Los aires vallenatos en la actualidad

Para los expertos, que además defienden el respeto de los cánones tradicionales del vallenato, como Oñate o Salcedo Ramos, es una pena que en la modernidad se haga a un lado la tradición a pesar de que desde 1988 el concurso de la canción inédita del Festival Vallenato decidió premiar cada uno de los cuatro aires del folclor como una manera de estimular a los compositores para que produjesen más temas diferentes al nuevo género, como le denominan los conocedores.

Al respecto, Fernando López, director en Bogotá de Codiscos, sello disquero que representa a artistas actuales como Pipe Peláez o Jean Carlos Centeno, dice que a pesar de que en la plaza pública los aficionados gozan con la puya, el merengue, el son y el paseo tradicional, la industria musical debe mantenerse al tanto de las nuevas tendencias, especialmente en el público joven que para él es el mayor consumidor de la música.

“Codiscos lleva apostándole al vallenato desde 1960, aproximadamente, y hemos tenido artistas clásicos en todos los aires, pero hoy en día tenemos una serie de artistas modernos del vallenato moderno, que han propuesto un aire nuevo que se llama "romance", que se creó en el Festival de Cuna de Acordeones en Villanueva, Guajira, y al que le hemos apostado mucho. Son temas románticos y es un aire impulsado por personajes importantes como Israel Romero (Binomio de Oro), por ejemplo, que es el más comercial. A pesar de que está dentro del paseo vallenato, el más comercializado, también se le apuesta a una evolución que incluye matices del género urbano, por ejemplo, con artistas como Kvrass, Felipe Peláez, Silvestre Dangond, entre otros”, explicó López.

López concluyó: “Tenemos que tener en cuenta los cambios en los consumidores, porque no podemos perder de vista lo que más gusta al público, y eso es lo propio de este nuevo aire o ritmo”.

Pero no todo está perdido, al menos en cuanto a la tradición se refiere. Para Rangel, los cuatro aires se pueden rescatar con compositores como Celedón, que no han dejado morir el son, así como tratarse de una tarea de los artistas vallenatos que como Rangel todavía le apuestan a la tradición musical y lírica.

De acuerdo con Salcedo Ramos, aún sobreviven artistas y sellos independientes que hace vallenato que para él y otros expertos aún vale la pena escuchar.

Una forma de mantener viva la tradición sería, por ejemplo, que los artistas en las etiquetas de sus discos vuelvan a la tradición de señalar que aire es el que se escuchará en la canción, para que el público en general pueda distinguir los diferentes ritmos y, desde luego también, atender a la actualidad del género a través de sus festivales, como el de la Leyenda Vallenata.