Álvaro Galvis le ganó al cáncer la carrera de su vida


24 / 11 / 2015
Álvaro Galvis le ganó al cáncer la carrera de su vida / Movistar Team
Álvaro Galvis le ganó al cáncer la carrera de su vida / Movistar Team
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Álvaro vivía feliz haciendo lo que más le gustaba: montar bicicleta y luchar por su familia. Su vida iba bien, pero en 2002 todo cambió. Un dolor empezó a molestar su pierna izquierda, más precisamente en la rodilla. Se untó toda clase de cremas, se hizo todo tipo de masajes, pero no hubo mejoría. A veces la molestia se calmaba, pero reaparecía más fuerte. Su terquedad evitaba que fuera al médico. En 2003 el dolor era más intenso y complicó su movilidad. Volvió con su doctor y le practicaron todo tipo de exámenes que arrojaron como resultado algo que fue un mazazo para él: un cáncer producto de un tumor.

Un condrosarcoma en los cartílagos amenazaba su vida. Le dijeron que debía amputarse, pero se negó. Hizo 30 sesiones de radioterapia y cuando pensó que se había ido, el tumor reapareció. Álvaro volvió a sentir temor pero se mantuvo en su terquedad: no iba a renunciar a su pierna. Cuando le dieron el ultimátum, tuvo que aceptar la triste realidad.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Inicialmente no lo creía. Fue un golpe muy duro. Uno siente que se derrumba. Luego tuve que aceptarlo. Fueron dos tumores. Primero uno de 15 centímetros, por el que me hacen cirugía y 30 radioterapias. Pensamos que había pasado, pero en el mismo lugar apareció otro de 16 centímetros. Finalmente es el dolor el que me hace cambiar de parecer porque yo había sido muy testarudo cuando me diagnosticaron”.

Tras un suspiro y un breve silencio, sigue hablando. “Fueron cinco años en los que médicos, sicólogas, enfermeras y todos me decían que debía amputarme. Empecé a imaginarme cómo sería mi vida sin la pierna. Pensaba cómo me vería yo, la familia, la gente. Yo no quería perder un miembro de mi cuerpo. Al final tuve que aceptarlo. Fue algo muy duro, pero entendí que esa era la única manera de salvarme”.

En 2007 le amputaron la pierna izquierda. Al principio estuvo deprimido, pero el apoyo que recibió de toda su familia y su fe hicieron efecto hasta hacerlo levantar y tomar aire para comenzar una nueva vida agarrando impulso para salir adelante. “Mi hermano mayor me dijo ‘Álvaro, esta es una gran oportunidad. Hágale al ciclismo de nuevo que ahí puede encontrar lo que quiere. Usted fue ciclista, no se rinda, vuelva’. Yo no quería porque estaba decepcionado por las dificultades que había tenido. Pero el hecho de sacar adelante a mi familia me dio el impulso para hacerlo”.

 

Una nueva vida

Como ya existía la Ley del Deporte y el apoyo de los institutos departamentales, y Álvaro ya estaba pensionado por invalidez, decidió volver al ciclismo. “Inicié mis entrenamientos y me embalé a darme esa nueva oportunidad. Y me fue muy bien”. Asumir esa realidad fue difícil de manejar, pero Álvaro tuvo la entereza y la serenidad para hacerlo. Al principio los primeros pedalazos se hicieron en un rodillo y en un gimnasio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Salir a la carretera, que era el temor de la familia porque había mucho tráfico, se dio poco a poco. Me acostumbré rápido. Y como mis hermanos tienen moto, me acompañaban a los entrenamientos. Luego la seguridad fue total. Fui solo y me sentí bien, tranquilo, cada vez más kilometraje: 15, 40 ó 50 kilómetros. A veces alcanzamos en concentración hasta los 200 kilómetros, algo complicado en una pierna. Pero uno se va adaptando”.

La alegría volvió a la vida de Álvaro. Sus éxitos lo complacen. Y es feliz por ser fuente de motivación para otros deportistas. “Es bonito que otras personas se hayan motivado. Ellos me dicen que pensaron: ‘Si Álvaro pudo montar con una pierna, pues cualquiera puede hacerlo’. Y mire a Yady Vanessa Fernández, la niña que jugaba fútbol. Y a Carolina Munévar. Hay mucha gente motivada a practicar ciclismo”.

El tener esa discapacidad le ha hecho ser más buena gente de lo que era. Por eso se goza cada momento de su vida. “Mi familia es todo. Voy para 25 años de casado. Quiero seguir así, tranquilo y con buena salud. Vivo en controles para cuidarme”.

Por el momento sigue en su profesión de ciclista, aunque estar lejos de sus seres queridos lo pone a pensar cuando viaja mucho. “Es difícil dejarlos cuando eres deportista de alto rendimiento, pero uno se acostumbra. Es más duro para ellos, que reclaman porque hacen falta los ratos para compatir. Pero ya vendrán tiempos mejores, en el buen sentido (risas…)”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Luego de su éxito inicial en estos Juegos, se alista para las competencias que vienen. Es de temple, frentero. “Me gusta ponerme retos difíciles, lucho por ellos y me motivo para conseguir títulos y triunfos cada vez que corro. Soy consagrado y profesional”.

Ya es famoso en su tierra. Cuando va por carretera la gente le pita y le grita ‘ánimo’. Eso es un gran aliciente para él. “Me siento consentido por todos a través de redes sociales. La gente me da aliento para seguir adelante y representar el país. Eso es lo máximo. Y el reconocimiento de la prensa. Me tienen gran estima. Yo he sido un privilegiado”.

De momento, Álvaro tiene pensado pedalear competitivamente hasta los 50 años, en los Olímpicos de Tokio 2020. “Quiero correr esas dos olimpiadas y ganar una medalla. Es que yo soy como el vino, entre más añejo mejor (risas)”.