Catalina Castaño no tiene que jugar tenis para ser un ejemplo de vida


Señal Colombia
31 / 03 / 2017
Catalina Castaño no tiene que jugar tenis para ser un ejemplo de vida
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Catalina Castaño fue tan perseverante en su carrera que en marzo de 2014 cuando era la más veterana del Top-400 de la WTA, seguía con ganas adolescentes de ganar. Lo curioso es que no muchos, en sus inicios, ni siquiera creyeron en que lograría convertirse en profesional y ella los silenció en el 2006 con el puesto 35 en el escalafón. Así ha sido su vida: consecución de logros insospechados, como superar un cáncer de mama.

En principio, cuando jugaba en torneos juveniles, algunos dudaban de sus habilidades porque “a ella no se le facilitaba tanto como a otras”, recuerda Mariana Mesa, amiga, contemporánea y excompañera de viajes en el circuito profesional. ‘Usted no va a lograr meterse entre las 50 mejores’, le dijo, un día de 2006, un entrenador con una mezcla de sinceridad y crueldad.

“Pero había algo que la hacía superior”, añade Mariana Mesa. “Si nosotras entrenábamos seis horas, ella siete. Se esforzaba mucho y se hizo por su ‘berraquera’. Ese año que le dijeron eso, alcanzó el puesto 35 y demostró que nada le quedaba chiquito”. Por eso duró hasta los 34 años en el circuito y si no hubiera sido por el cáncer, estaría compitiendo todavía. 

A pesar de tantas dificultades, siempre se superó. Hace un tiempo, por ejemplo, se inscribió a clases de baile por recomendación del preparador físico, con el propósito de mejorar la movilidad. Tan obsesiva estaba por mejorar que su resistencia fue casi un mito en Colombia. “Cuando entrenábamos con ella, debíamos rotarnos entre cuatro para pelotear porque no se cansaba. Terminábamos todos agotados menos ella”, dice Laura Beltrán, tenista del Club Comercio donde comenzó Catalina en el tenis.

A través de su carrera, Catalina logró convertirse en referente. Muchos entrenadores en el país aconsejan todavía ser como ella: luchadora incansable a pesar de las adversidades y disciplinada como pocas. Pura vehemencia. Puro corazón.

“Cata es un ejemplo a seguir, me parece muy guerrera por todo lo difícil que alcanzó en su carrera. La admiro muchísimo. Aparte ha sido consejera y cada vez que tengo oportunidad le pregunto sobre dudas y ella me ayuda bastante”, dice la pereirana Sofía Múnera, jugadora junior y amiga cercana de Catalina, cuya capacidad para no quejarse fue siempre notoria.

La prueba es que la mitad de su carrera no tuvo patrocinadores. “A ella le tocó viajar mucho sola, pagar tiquetes de avión de su bolsillo. Ha perseverado bastante”, dice Albeiro Durán, uno de los primeros entrenadores que tuvo Catalina en su natal Pereira. “Ella tiene un corazón gigante. Además de que ayuda a la gente, regala raquetas y tenis a los caddies, es muy valiente en la vida. No daba un partido por perdido nunca, peleaba hasta el final. Su mentalidad era impresionante”.

En eso coincide Fabiola Zuluaga, su compañera de viajes y torneos por muchos años. “Recuerdo bastante un partido que le ganó a la argentina Paola Suárez cuando estaba en su mejor momento. Fue en Miami (2005) y nadie pensaba que podía superarla. Y lo hizo porque ella era una berraca”, dice la cucuteña.

Berraquera fue justamente lo que necesitó para superar su enfermedad. Y por ese ejemplo es que en el Seguros Bolívar Open de Medellín le rindieron un homenaje luego de despedirse de la competencia. Además, le entregaron la Orden al Mérito Deportivo otorgada por la Alcaldía de la capital antioqueña. Su huella trascenderá por generaciones. 

Foto: EFE.