Diana Isabel Pineda y sus saltos de vida


Señal Colombia
24 / 11 / 2015
Diana Isabel Pineda, clavadista colombiana / Liga Antioqueña de Natación
Diana Isabel Pineda en los Juegos Nacionales
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Diana Isabel Pineda llegó al mundo de la natación por una recomendación médica. No fue por herencia ni tampoco por amor, los problemas que aquejaban su sistema respiratorio motivaron al pediatra encargado de su caso, sugerirle a Gustavo y a Rosalba, sus padres, llevarla a una piscina. Solo allí podría mejorar la capacidad pulmonar y el funcionamiento de los bronquios.

Los problemas desaparecieron del organismo de Diana luego de algunas sesiones de trabajo, también el disgusto que le producía nadar. A partir de ese momento su infancia giró en torno al agua, si no estaba dentro de una piscina le pedía a su familia que salieran de paseo con la condición de tener un río lo más cerca posible. El olor a cloro, su vestido de baño y los clavados se convirtieron en cotidianidad.

 

Han pasado 28 años desde que esta paisa dio sus primeras brazadas. Sin embargo, sigue siendo esa niña cada vez que hace una entrada al agua. “No puedo describir el sentimiento que me produce estar en una piscina o cerca de ella, quizás pueda definirse como tranquilidad”, afirma con una inocente risa. “Disfruto mucho cada clavado y eso hace que mi cotidianidad no se convirtiera en rutina, cosa que agradezco con el alma porque si de algo estoy segura en la vida es que la rutina mata cualquier amor”.

La curiosidad y admiración de Diana por los clavados la llevaron a decidirse por su práctica. La práctica se convirtió en constancia, la constancia en disciplina y la disciplina la excelencia. Así ha forjado un camino lleno de victorias y reconocimientos. Una carrera de 20 años que le ha traído alegrías y tristezas, pero sobre todo enseñanzas. “Alrededor de complejos acuáticos he conocido a mis amigos, he viajado a muchos lugares alrededor del mundo y he aprendido lecciones no solo a la hora de clavar, sino para todos los momentos. Los clavados son mi vida entera y eso lo digo con orgullo”.

Y a Diana Isabel Pineda hay que creerle, pues ni la anemia aguda que la hizo alejarse por un año de las piscinas la logró vencer. “En 2011 estuve tan enferma que dejé los clavados, así como mis estudios de ingeniería civil. Fue un momento duro, porque no pude participar en los preolímpicos para Londres 2012. Pero ¿quién no tiene pruebas en la vida?”, se cuestiona la campeona suramericana. El tratamiento para volver a estar saludable absorbió todo su tiempo, pero ella sabía que ese esfuerzo valdría la pena más adelante. 

Pineda superó a la anemia y volvió a saltar, en palabras de ella: volvió a la vida. Su mente y cuerpo se llenaron de fuerzas, incluso más que cuando ganó las cuatro medallas – dos de oro y dos de plata – en los Suramericanos de Medellín 2010 o cuando clasificó a los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008 y un libro tuvo una gran incidencia en los excelentes clavados que ejecutó.

“Estábamos en los preolímpicos de 2008. Era un reto difícil de cumplir porque sesenta clavadistas buscábamos dieciséis cupos. Al final logré uno de los tiquetes con bastante comodidad. Aunque sea poco creíble, la biografía de Juan I de Castilla o Juana la Loca, tuvo mucho que ver con ese triunfo”, cuenta Diana mientras explica que la música mezclada con la lectura son su mejor aliado para no generar estrés y mantenerse tranquila antes de las competencias. “Estaba tan emocionada con la lectura del texto, que me tocaba parar por momentos porque ya era la hora del clavado. Me metí mucho en la historia y se me pasaron los nervios. Los resultados fueron mejores de lo esperado. Ese libro y esa competencia me mercaron”. 

Con miles de saltos ejecutados, Diana Pineda ha tomado las competencias de los últimos meses como la preparación para el cierre de su carrera deportiva. El ciclo olímpico compuesto por Bolivarianos, Sudamericanos, Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos y Olímpicos sería una manera muy bonita y satisfactoria de cerrar su carrera en este deporte al que le he dado todo y que así mismo le ha sabido corresponder. Todavía no tiene una fecha exacta para su retiro, pero quiere ir haciendo el empalme con la carrera profesional, pues está a punto de terminarla.

Ojalá que mis labores de ingeniera no tengan mucho que ver con la natación. Quiero hacer ese duelo sin remordimientos. Cuando sea el momento de decidirme por una de las dos actividades, ya no hay vuelta atrás. Por ahora solo quiero pensar en los Juegos Nacionales, mi próxima competencia. Voy a dejarlo todo allí”, dice al respecto.

La relación de Diana con las piscinas es como la de las personas. A veces están bien, casi siempre, pero en otras ocasiones pelean cuando no se dan las cosas como se anhelan. Tienen que dialogar, buscar soluciones a lo que está pasando. Llegará un momento en el que ella deje a un lado los clavados y será lo mejor para los dos. Comprensible o no, así son los clavados, así es el deporte.