‘Siempre celebro mis triunfos comiendo helado de baileys’: Andrea Olaya


Señal Colombia
24 / 11 / 2015
Andrea Olaya, luchadora colombiana / Inderhuila
Andrea Olaya, luchadora colombiana / Inderhuila

La luchadora de 21 años, 1,76 metros de estatura y oriunda de Neiva, ganó la primera medalla de oro para el Huila en los Juegos Nacionales. Hace 11 años que el departamento no tenía una presea dorada en las justas. La última la obtuvo el pesista Faiver Aroca en el 2004.

 

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Andrea se preparó por meses para cumplir la meta que se había impuesto teniendo la presión de estar clasificada a los Juegos Olímpicos. “Después de la obtener el cupo me decían que tenía que ser oro en Juegos Nacionales. Yo sabía que si perdía era mi fracaso y si ganaba era mi victoria. Así que hice las cosas por mí”.

La luchadora inició la competencia con nervios y ansiedad, pero después de la primera pelea todo fue más fácil.  “Sentía que era la más fuerte de la categoría, tenía una preparación que de pronto ninguna tuvo. Pertenezco a la selección Colombia y he crecido mucho a nivel técnico. Además me quité un peso de encima. Siento un fresquito al obtener la medalla para mi departamento”, señala.

El triunfo lo celebró inmediatamente con su mamá, Gloria Gutiérrez, presidenta de la Liga de Lucha del Huila y su esposo Marlio Guzmán, quien además es su entrenador. Sin embargo, asegura que el verdadero festejo será cuando llegué a su casa y se reúna con toda su familia.

“Nuestra tradición es celebrar con helado. Desde pequeños ha sido así. Notas del colegio, medallas, lo que fuera. Siempre con un postre y en familia porque la familia siempre va a ser más fuerte que uno solo”.

Olaya disfruta mucho el tiempo en casa, sobre todo en ocasiones especiales como la Navidad. “Cierro el año de la mejor manera y la medalla en los Juegos Nacionales es el regalo para mi familia que siempre está orgullosa de mí”.

Andrea ya tiene planes. Quiere terminar su carrera de diseño industrial en la Universidad Javeriana, aplazada por cumplir compromisos deportivos. Está ansiosa por finalizar su ciclo académico para crear su propia empresa aunque ahora está vinculada a un estudio de arte y tatuaje que tienen sus hermanos. Ella no ha querido aprender a tatuar porque le da miedo, pero los ayuda con algunos diseños y asesorías a los clientes. “Nos ha ido muy bien, es un sueño familiar”, concluye Olaya.