Así llegó Ana Cristina Sanabria al ciclismo


Señal Colombia
30 / 10 / 2017
Ana Cristina Sanabria, ciclista colombiana.
Ana Cristina Sanabria, ciclista colombiana.
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Cada vez que gana una competencia, con nostalgia y en medio de sonrisas Ana Cristina Sanabria Sánchez recuerda los fuertes regaños que se ganaba de sus padres, don Orlando y doña María Esther, cuando la pillaban montando a escondidas en la bicicleta de su primo Javier Hernández Sanabria.

Su familiar fue compinche y alcahuete en su pasión por el ciclismo. A sus padres no les gustaba que ella montara. Le decían que era peligroso no solo por los carros que transitaban en la vía que iba de su finca hacia Zapatoca, Santander, sino porque era una zona boscosa bastante solitaria.

 

A mí me encantaba coger esa cicla e irme lejos. Y me rendía mucho. Ahí me di cuenta que me gustaba pedalear

Ana Cristina Sanabria

 

Ana no les hacía caso. Se las ingeniaba para verse con Javier, quien vivía en una finca vecina, y agarraba la bicicleta y se iba a darse sus paseos bastante largos. Y en más de una ocasión fue reprendida por sus progenitores, en especial cuando llegaba aporreada y lacerada por las caídas que no faltaban. Y Javier también se ganaba su buen regaño. “Lo ‘vaciaban’ por acolitarme esa irresponsabilidad, como decían ellos. Pobre. Pero es que a mí me encantaba coger esa cicla e irme lejos. Y me rendía mucho. Ahí me di cuenta que me gustaba pedalear” dice Ana Cristina.

Sin embargo, cuando empezaron los éxitos, don Orlando la apoyó y hoy, cuando ella va a visitarlo, es su fiel compañero de entrenamiento.

 

Del campo a la bicicleta

Ana Cristina nació el 2 de mayo de 1990 en Zapatoca, Santander. Es la mayor de tres hijas. Le siguen Diana Paola, quien reside en Bogotá y estudia gastronomía, y María Liseth, la menor, que vive con sus padres y está terminando el colegio. A ninguna le gustó el deporte.

Desde chica fue muy activa y mostró su afición por las labores del campo. Ayudaba en las labores de arrear el ganado y recoger las cosechas de los cultivos de yuca, café, cebolla, hortalizas y apio (nombre con el que se conoce a la arracacha en Santander). Es algo que hace con destreza y que le gusta recordar cada vez que va a visitar a su familia.

 “El clima en mi tierra es cálido, bueno para cultivar. El campo me encanta y soy feliz untándome de tierra, de ganado. Todo es sano y nosotros comemos lo que cultivamos. La tranquilidad del campo es incomparable y lo mejor es que allá se aleja uno de todo porque no entra la señal del celular”, dice Sanabria entre risas.

Estudió la primaria en la escuela rural de la vereda Santa Rita, que quedaba a una hora de camino por una trocha en una loma pronunciada. Le gustaba correr mucho y el atletismo empezó a apasionarla. Su cambio al bachillerato en la escuela rural Palo Blanco Bajo, otra vereda de su pueblo natal, que quedaba a 15 minutos en bicicleta y a media hora caminando, le permitió confirmar su gusto por la cicla.

En 2006 decidió que quería ser deportista. Un día, Reinaldo Cruz –su mentor y miembro del Comité de Deportes de Zapatoca-, se dio cuenta que a esa menuda muchacha le rendía bastante en su recorrido. La llevó a practicar ciclomontañismo en 2007 y 2008, llegando a ser campeona departamental juvenil y plata en la Copa Colombia.

En 2009, a los 18 años, tomó dos decisiones trascendentales para su futuro: el paso al ciclismo de pista y ruta, y dejar la casa paterna e irse a hacer su vida en Bucaramanga. Desde allí ha cosechado grandes triunfos en el Tour Femenino, en los Juegos Nacionales y ahora se encuentra con el equipo italiano Servetto Giusta, una escuadra de máxima categoría del ciclismo femenino.

Ana Cristina –como todo atleta de alto rendimiento-, sueña con las grandes competencias, pero por encima de eso está la alegría de llegar rápido a Colombia e irse para su finca en Zapatoca, a untarse de campo, abrazar a sus viejos y a entrenar con su mejor coequipero, don Orlando.