Juan Esteban Arango aprendió a ser campeón desde que nació


Señal Colombia
24 / 11 / 2015
Juan Arango, ciclista colombiano / Federación Colombiana de Ciclismo
Juan Arango, ciclista colombiano / Federación Colombiana de Ciclismo

Los tres minutos que siguieron al nacimiento de Juan Esteban Arango se hicieron una eternidad. Desde el médico que lo recibió hasta Luz Marina Carvajal, todavía con los dolores vivos por el parto, fueron testigos de la imposibilidad de la criatura para respirar luego de que le cortaran el cordón umbilical. 

 

Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018
Del 19 de julio al 3 de agosto por Señal Colombia

 

Mijo, usted nació con un ataque cardiorrespiratorio. Ya estaba poniéndose todo morado, pero gracias a Dios le empezó a llegar oxígeno”, le contó a Juan Esteban años después Juan Diego, su papá, sobre el suceso que por poco acaba con su existencia el 9 de octubre de 1986.

 

Me regalaron una bici normalita, de esas de Cross y no sabía montarla.

Juan Esteban Arango

 

Sin embargo, Juanes, como lo llaman sus familiares y amigos, no tiene conciencia sobre ese episodio y por eso le resulta más ameno revivir otros momentos de su infancia, sobre todo los relacionados con el ciclismo.

El primer contacto con una bicicleta del mayor de los dos hermanos de la familia Arango Carvajal fue a los cuatro años. “Me regalaron una normalita, de esas de Cross y no sabía montarla". Pero eso no era impedimento para que la llevara de la mano por las calles del barrio Villa Flores de Medellín.

Quería que me vieran con ella”, cuenta con emoción Juan Esteban y añade que a Marlon, dos años menor, le gustaba el fútbol, en cambio a él solo le importaba el ciclismo. “Aprendí a tener equilibrio en una pendiente. Alguien me tenía al comienzo y le decía que me soltara para coger más impulso.

Desde ahí no me pude separar de este deporte”. En sus inicios, Juanes participó en competencias de ciclomontañismo, pero el paso de los kilómetros y los consejos de Benjamín Laverde, su primer entrenador en la escuela Ciclomincho, hicieron que descubriera y desarrollara las condiciones para practicar otro tipo de ciclismo: el de velocidad.

Por eso empezó a frecuentar tanto la pista como la ruta, y rápidamente obtuvo su primer triunfo: la clásica Puente Iglesias de Fredonia. Con cada pedalazo, Juan Esteban demostraba talento. Fue fichado por el equipo juvenil del Orgullo Antioqueño, escuadra que en ese entonces corría con el nombre de Orgullo Paisa.

Allí disputó varias carreras como la Vuelta del Porvenir y la Vuelta de la Juventud, y a pesar de que no obtuvo victorias, acumuló la experiencia necesaria para que a sus 21 años recibiera una oportunidad en el GW Shimano.

En esa misma temporada se consagró campeón nacional de la prueba de gran fondo, un título al que el paisa le guarda un cariño especial porque se convirtió en la puerta de entrada a la selección colombiana de ciclismo en pista.

"José Julián el "chivo" Velásquez me llevó hace ocho años a un campeonato Panamericano en Venezuela y partir de ahí empezamos a participar en Copas del Mundo y otros eventos. 

El "chivo" es la persona más importante en mi carrera. Me ha aportado mucho, me da las claves para ser el mejor corriendo y entrenando. Tenemos una afinidad única”, dice Juan Esteban mientras recita con su marcado acento paisa los cuatro oros obtenidos en los Centroamericanos y del Caribe de 2010, y los dos en los Suramericanos de ese mismo año: “madison, ómnium, persecución individual y persecución por equipos en Mayagüez; persecución individual y por equipos en Medellín”.

La temporada siguiente también fue dorada para la dupla Arango-Velásquez, pues se impusieron en dos ocasiones en los Panamericanos de Guadalajara en México. Gracias a esos resultados, Juan Esteban era favorito para hacerse con el primer lugar en el ómnium de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, además venía de coronarse campeón en la Copa Mundo que se había disputado meses antes en la capital inglesa.

“Hermano, justo ahí, cuando parece que tocar el cielo con las manos es una realidad, llegan momentos que le recuerdan a uno que los ciclistas también somos de carne y hueso”, comenta en un tono nostálgico el pedalista. “No encontraba motivos para ese resultado tan malo.

Sin embargo, con el paso de los meses entendí que fue una simple carrera y debía continuar. Al año siguiente empezaba un nuevo ciclo olímpico”. A pesar de la derrota, Arango mantiene vivo el sueño de ser campeón olímpico y volver a ser campeón nacional.

 

Siempre quiero ser el primero donde corro, no hay otra opción

Juan Esteban Arango

 

Vive en El Retiro, a 32 kilómetros de Medellín, y desde ahí se prepara para cumplir con sus objetivos. “Me vine para El Retiro porque allá – en Medallo – el tráfico es muy peligroso para los ciclistas. Además tengo 700 metros de altura más y hay menos contaminación.

Es mejor venirse a entrenar y vivir al oriente antioqueño”, dice Arango con una tranquilidad opuesta al imparable corredor en el que se transforma cuando está sobre la bicicleta. “Con cualquier movimiento o estrategia que intente dentro de la pista, mis rivales ya están alerta y buscan responder.

Por eso me preparo de forma intensa para las competencias”, comenta Juanes sigilosamente, como si estuviera revelando uno de los secretos que lo han llevado a estar dentro de los mejores pisteros del mundo. “Siempre quiero ser el primero donde corro, no hay otra opción”, enfatiza Juan Esteban, y hay que creerle, pues esa misma premisa la aplicó desde el momento en el que tuvo que decidir si respiraba o moría.